White Singularity: Competencia salvaje, todos contra todos

Competencia salvaje, todos contra todos

 

Es precisamente esta división, dentro de nuestra civilización, lo que me hace plantearme que el proceso hacia la Singularidad Tecnológica no va a ser un camino global y unificado de por sí.

Nuestras divisiones son tan grandes y a tantos niveles que es bastante improbable que lleguemos unidos a la singularidad de forma natural. El proceso va a ser mucho más doloroso, lleno de tensiones, luchas y conflictos de lo que la mayoría de los autores que han escrito sobre ello hasta el momento han supuesto.

La mayoría de los principales estudios sobre la Singularidad no han tenido en cuenta los conflictos que se darán entre las diferentes facciones de la Humanidad. Algunos que lo han hecho, sin embargo, no han profundizado sobre este tema.

Os explicaré porqué creo que es importante hacerlo.

El mundo se encuentra dividido entre miles de facciones, millones quizás. Llamo facción a cada grupo con intereses particulares. Por definición, una persona podría ser una facción en si misma, pero no vamos a ser tan puristas.

Una facción puede ser desde un país, una región comercial o una empresa, hasta un grupo de amigos en una red social con intereses comunes, una ONG, un think tank, una institución pública o un grupo de vecinos.

Cada facción persigue sus propios objetivos, lo que hace que claramente los cambios sociales las afecten en mayor o menor medida.

A medida que se vayan viendo afectadas más y más por esos cambios, según vayan ocurriendo procesos que desestabilicen el sistema, algunas verán en peligro la consecución de esos objetivos, mientras que otras verán la oportunidad de ampliarlos o conseguirlos más rápidamente.

Por ejemplo, empresas como las de la industria de la informática se verán envueltas, ya lo están, en una lucha por el modelo de computación de los hogares y empresas en los próximos años. Los partidarios de la computación local, con poderosos equipos más eficientes y más potentes cada día, pugnarán con los partidarios de un sistema de servicios localizados en la red, al que los clientes acceden desde cualquier lugar. Por el momento parece que van ganando los segundos.

Es sólo un ejemplo, pero nos sirve para ilustrar el conflicto que va a afectar a la Singularidad. La lucha entre ambas facciones llevará a una carrera armamentística que tendrá como consecuencia una mejora drástica de las prestaciones que ofrecen ambas a sus clientes. Así, mejores datacenters, mejores redes y mejores servicios serán las armas de los partidarios de la nube, mientras que los segundos inciden sobre la potencia de las máquinas que venden como parte de su estrategia.

El resultado parecería imprevisible, y así ha sido. A día de hoy parece que la victoria está del lado de los que creen en los servicios centralizados, pero eso no ha detenido a los partidarios de la computación local. Se han adaptado, y aunque han vuelto parcialmente su mirada a la nube, los ordenadores se han dividido en dos corrientes, al gusto del consumidor. Una llena de ordenadores cada vez más potentes, y otra que optaba por ordenadores versátiles, portables y que garantizasen el acceso.

Con la llegada de los móviles y los tablets la cosa se ha complicado, y algo tan nuevo relativamente como internet y las páginas webs ha entrado también en liza.

Porque la web está cambiando, y donde antes imperaban blogs, páginas webs y foros, ahora una creciente cantidad de tiempo de permanencia en internet pertenece a las aplicaciones, algo que casi ni existía hace cinco años.

La aparición de éstas ha creado, otra vez, nuevas facciones dentro de las facciones, y los perdedores corren a adaptarse sin dar la batalla por perdida, complicando la situación.

Son sólo dos ejemplos, pero podemos extenderlos a muchos más casos. Las mismas empresas son organismos, como ya vimos, que persiguen unos objetivos bien definidos, ganar dinero e incrementar el valor para sus accionistas y propietarios. Tienen así mismo otras funciones sociales que el modelo económico occidental les ha asignado.

Satisfacer a los clientes, garantizar un cierto bienestar a los empleados, establecer relaciones de confianza con los proveedores y crear valor para la comunidad.

Si estos objetivos son ya complicados de cumplir en el entorno cambiante actual, imaginemos cómo serán cuando cambios drásticos irrumpan en las industrias y negocios.

Las empresas tratarán de adaptarse a estos cambios y, si es posible, aprovecharlos para obtener más beneficios. Usarán la nanotecnología, la biotecnología y la inteligencia artificial, entre otras muchas cosas, para conseguir sus objetivos. Y al hacerlo, acelerarán más todavía los cambios en el empleo, el prosumismo, el paso a la sociedad de la riqueza intangible.

Esas mismas organizaciones verán cómo otros agentes sociales les siguen, más rápidamente o más lentamente, pero todos evolucionando, y les obligarán a adaptarse. Así, sindicatos y agencias gubernamentales introducirán cambios en su forma de interactuar con ellas, lo que mejorará o empeorará las cosas, los trabajadores y las familias comenzarán a reconocer el poder que tienen gracias a las nuevas tecnologías y no sólo se volverán mucho más exigentes, sino que serán mucho más autónomos.

Las mismas naciones competirán por dominar primero la inteligencia, como ya vimos, y después, a medida que la Singularidad comience a asomarse en el horizonte, por intentar controlarla.

Es posible que se produzca, dentro de nuestra civilización, incluso una batalla de bloques. Así, China y sus satélites entrarán en conflicto con Occidente y con el mundo islámico por sus diferentes formas de ver el mundo y la Singularidad. Unos tratarán de controlarla para ellos, otros de oponerse y otros de regularla. Japón, seguramente, será pionero en reconocerla y eso le dará una gran ventaja. Rusia es una incógnita, pero tiene grandes papeletas para jugar un papel importante gracias a la calidad de sus científicos.

Dentro de cada uno de estos bloques veremos cómo cientos de empresas, organizaciones de inteligencia, universidades, sindicatos, think tanks y demás corrientes internas pugnan con las del bloque contrario. A la Guerra Fría la sucederán las Guerras de la Inteligencia y a ésta, la Guerra de la Singularidad.

Incluso dentro de estos bloques veremos luchas por conseguir que los intereses de cada facción prevalezcan. La lucha por los recursos intangibles sucederá a la competición por las materias primas y el acceso a los mercados. Los empleados volverán a ser vistos como una fuente de riqueza y un valor para alcanzar las metas, y los mejores de ellos puede que incluso sean tratados como estrellas de rock de los viejos tiempos.

Las Universidades crecerán en tamaño e importancia, pero lo harán de forma horizontal, asociándose a numerosos grupos de investigación y experimentación afines para aumentar la cantidad de los artículos, del conocimiento y de los avances técnicos que publican o venden.

Las bibliotecas, los museos, los teatros y la cultura en general, quizás sean vistos como algo obsoleto, o tal vez se incluyan como parte del valor fundamental de un bloque y sean reforzados, pues aporten su granito de arena para la victoria de ese bloque, o para aumentar la cantidad de valor intangible que no puede ser copiado por otras facciones.

En este panorama, que más que de conflicto será como una loca carrera hacia el futuro, deberán existir organizaciones y debates que pongan un poco de sentido común, pues de no hacerlo, nos enfrentamos a las graves consecuencias de alguna de las plagas que hemos visto anteriormente, o al de una Singularidad descontrolada. Pero incluso a pesar de la existencia de esos debates y foros, es impredecible saber qué ocurriría en un escenario así.

Tal vez la Singularidad surgiese sola, o tal vez la alcanzase el bloque liderado por China, imponiendo sus criterios centralistas a todo el proceso y al conjunto de la civilización humana. Tal vez fuese una empresa quien crease la primera inteligencia artificial, y la usase para sus propios fines, o tal vez incluso una persona particular con recursos suficientes que podría convertirse en un remedo de dios frente al resto de la Humanidad. O tal vez la cree una institución religiosa, como la mencionada Iglesia de la Singularidad, con el fin de hacer real a su propio dios.

Cada una de estas posturas puede dar miedo a quien se encuentre en el lado perdedor de la carrera, por lo que para no verse de repente con el filo de la Singularidad apuntando a su cuello, es necesario que se establezcan desde ya los mecanismos de control y debate que necesitamos para garantizar que nadie sale perdiendo.

La Singularidad puede ser un juego de suma negativa si hay bandos perdedores, pero también un juego de suma positiva si garantizamos la inclusión de instituciones internacionales, científicas, empresariales, religiosas y filosóficas.

Investigación científica exponencial

El otro día preguntaba en las redes sociales formas de mejorar la investigación básica, la ciencia aplicada y la innovación e ingeniería para combatir los muchos males que aquejan el mundo.

La ciencia, el progreso del conocimiento y la técnica son las herramientas que nos han permitido desde siempre mejorar el estado de las cosas.

Por supuesto, no ellas solas, también es necesario unos valores humanos elevados (solidaridad, respeto a la Naturaleza y al resto de personas, etc).

Así que permitidme lanzar aquí también esta pregunta…

¿Qué haría falta para mejorar el estado de todas estas cosas?

No me refiero a pequeñas mejoras incrementales, sino a verdaderos avances científicos, técnicos y humanos. A lograr que el conocimiento no sólo crezca, sino que lo haga cada vez más rápido, de forma exponencial.

Ésta parece ser la única forma de revertir los males que están aquejando a la Humanidad y a nuestro planeta.

El ébola del olivo se extiende por España

Tan rápido como en otros países, el coloquialmente llamado “ébola del olivo” se está extendiendo por España.

Esta enfermedad bacteriana, que mata a las plantas y árboles leñosos, se está extendiendo por Alicante y Baleares. Seguramente llegará a Andalucía y Castilla la Mancha sin remisión en poco tiempo.

Las pérdidas económicas pueden ser de cientos de millones, y las ecológicas incalculables.

La política de arrancar las plantas infectadas y todas aquellas en cien metros a la redonda no gustan a los agricultores quienes se oponen a ella (lo que facilita la expansión de la enfermedad).

Estos proponen medidas alternativas que eviten la destrucción de todos estos ecosistemas. Encontrar plantas resistentes, etc.

A mí sólo se me ocurre una definitiva. Encontrar una cura y un modo de dispersión de la misma que evite que esta plaga destroce nuestros árboles y nuestra economía.

White Singularity: Bloque IV abriendo el camino hacia el futuro

Bloque IV
abriendo el camino hacia el futuro

Singularidad Blanca, Blanca Singularidad

La carrera hacia la Singularidad

Ya hemos aceptado que el mundo que conocemos está cambiando y va a cambiar más, pero… ¿cómo puede producirse ese cambio?

La misma naturaleza del cambio tecnológico acelerado complica mucho la tarea de adivinar las formas, y los tiempos, de ese mismo cambio. Con los conocimientos que tenemos, es imposible predecir con certeza si llegaremos al horizonte de sucesos a través de una singularidad biológica, de una inteligencia artificial creada por nosotros, por la conexión de ambas o si despertará Internet por sus propios medios.

Tampoco la fecha aproximada en la que se producirá. Algunos autores dicen que puede ser tan pronto como en el año 2015, otros a mediados de siglo y algunos más, a finales.

Independientemente de esta actual certeza de imprevisibilidad, lo que sí se pueden establecer son las pautas por las que transcurrirá este camino hacia el futuro. Es decir, podemos tratar de ver cómo se va a producir el cambio que nos llevará a la Singularidad, y basándonos en lo que sabemos de la naturaleza humana, las respuestas que nuestra civilización dará a los problemas que plantee.

La historia nos ha enseñado que el ser humano suele reaccionar ante los cambios de formas muy establecidas, y podemos ver las pautas históricas para encontrar el camino plausible más probable por el que nos conduciremos.

Éste capítulo trata precisamente de eso.

Saber cómo reaccionaríamos, aceptaríamos o nos opondríamos a la Singularidad, y saber cómo deberíamos hacerlo para garantizar el futuro de nuestra civilización global.

Lo primero que hay que comprender es que el camino no va a ser fácil. La mera presencia de alguna de las innovaciones que hemos visto en capítulos anteriores serviría para introducir un cambio disruptivo en nuestra sociedad.

La combinación de todas ellas va a crear una inestabilidad social para la que debemos prepararnos a conciencia.

No sirve la improvisación, pues los peligros y las esperanzas que se manejan son demasiado grandes como para dejar su control al azar, o a las manos de unas pocas personas en puestos de influencia y poder.

Durante todo el tiempo que transitemos el camino hacia la Singularidad debemos hacerlo con los ojos abiertos, unidos y con la máxima información que podamos.

Como hemos dicho, el cambio acelerado pone en cuestión si seremos capaces de hacerlo, por lo que tenemos que dedicar nuestros mejores medios a desentrañar la madeja del futuro.

Empresas, naciones, organizaciones y personas verán cómo todo empieza a cambiar a su alrededor, y si no están preparados para afrontar, gestionar, aprovechar y controlar los cambios tecnológicos, sociales y económicos se verán absorbidos a los márgenes de ese camino. Ni que decir tiene que fuera del camino que lleva a la Singularidad sólo hay oscuridad. Si no lo transitas, te quedas fuera, y en breve, estarás no sólo obsoleto, sino también, con toda probabilidad, extinto.

A la hora de analizar el proceso de transición debemos tener en cuenta todos los aspectos que rodean nuestra sociedad. No podemos entender el futuro sin aplicar variables como la tecnología, la economía, las relaciones entre naciones, y empresas. No se pueden quedar fuera elementos tan dispares como el medio ambiente, las redes sociales, las pensiones, el trabajo, las ciudades, la computación distribuida o la medicina social voluntaria.

No basta suponer cómo serán los cambios en un país, o en una industria, o en una región, o en una tecnología, como hemos hecho hasta ahora. Debemos tener en cuenta la interrelación entre todos ellos, cómo los cambios en uno afectan a todos los demás, y cómo éste se ve afectado por todos.

Tratar de predecir el futuro, incluso si es sólo a unos pocos años vista, pero limitar nuestro campo de visión es garantía de fracaso. Y no podemos permitirnos fracasar, pues las consecuencias son inimaginables.

De hecho, tan grande es la tarea que, como se decía en la introducción del libro, no es algo que pueda afrontarse en una obra de divulgación como ésta. Ni siquiera en una serie de libros o estudios.

Me temo que va a requerir un esfuerzo enorme por parte de todos desentrañar los misterios de la Singularidad, y el mundo no está para eso ahora.

Sin embargo, tengo absoluta confianza en lo que somos capaces de hacer. El ser humano, ante la adversidad, se crece, y estoy completamente seguro de que a pesar de los tiempos oscuros que vivimos, encontraremos la forma de realizar esta tarea, al tiempo que iluminamos el camino que los cambios no previstos y las crisis han oscurecido.

Bien, antes de comenzar la tarea, necesitamos comprender que si algo ha caracterizado nuestra historia, tanto o más que el progreso, es la división a la que se ha visto obligada la raza humana.

La lucha por los recursos ha plagado nuestra historia de conflictos y luchas, de guerras y disputas, y el futuro cercano, empezando por las Guerras Grises, no va a estar exento de conflicto.

China entiende el futuro

Que China está dando pasos de gigante para convertirse en la gran potencia mundial y en la primera nación en lograr la Singularidad es algo que vemos cada día en los titulares.

Su idea de dominar la economía mediante la inteligencia artificial, su aceptación de la criónica (hace poco hablábamos aquí de la oportunidad empresarial que supone la creación de una inmensa red de criocementerios), su apuesta por la colonización del espacio y su inmensa inversión monetaria y en potencial humano en inversión y desarrollo la están transformando.

De ser la fábrica del mundo pasará a ser el laboratorio del mundo. Y más si la UE sigue parada y Trump sigue haciendo retroceder a los USA.

Por supuesto, eso no quiere decir que no le teman a las consecuencias (ellos también le han visto las orejas al lobo del desempleo con esto de la automatización). Pero eso les hace ser prudentes, no renegar de estas tecnologías.

Creo que empieza a ser claro que quien va a lograr adelantarse en la carrera por la Singularidad será China. Y eso debería dar miedo. Y no por el hecho de ser este país el primero que lo consiga, sino porque cono he explicado muchas veces, la consecución unilateral de la Singularidad por parte de una nación (o de una empresa) es la peor forma de alcanzarla (sí, incluso peor quizás que su surgimiento espontáneo).

Veremos si el resto de países y regiones se ponen las pilas y dejan de lado peleas menos importantes para enfocar al menos una parte mayor de sus recursos a lograr una Singularidad segura para todos.

White Singularity: El último hombre

El último hombre

 

Permitidme contaros un cuento. Sé que no es muy habitual en un libro que pretende ser un ensayo, pero éste no es un libro común, como ya habréis comprobado. Además, la tradición de cuentos de nuestra civilización autoriza a transmitir lo que quiero hacer mediante un relato.

Se llama, El Último hombre, y cuenta…bueno, mejor que se desvele el misterio cuando lo leáis.

No tenía un nombre, pues hacía mucho tiempo que nadie le llamaba. Era el último hombre sobre la Tierra.

Curiosamente su hogar sí había mantenido su nombre.

El cielo estaba azul, y el suelo rocoso bajo sus pies olía a musgo y humedad. Los bosques daban verdor al horizonte, y las aves emitían trinos que tenia grabados en su mente.

Cuánto había pasado desde que lo único que escuchaba eran los trinos de las aves… ¿siglos desde que se fue el último?

Bueno, no, el último no. El último era él. Los demás se fueron hace mucho. Unos, se unieron a La Partida y se marcharon, otros, se rindieron a la muerte y pusieron fin a sus vidas.

Su mente apenas recuerda los tiempos en los que la Tierra estaba poblada de hombres. Después de la Singularidad muchos decidieron unirse, y algunos otros permanecer en su hogar y seguir con sus vidas.

Fueron respetados, y la Tierra siguió su curso mientras las Máquinas continuaban sus tareas particulares. Hubo un momento en que ya no se podía distinguir a las máquinas de aquellos hombres que se habían unido a ellas.

Eventualmente las máquinas pusieron fin a sus actividades, y de la noche a la mañana desaparecieron llevándose toda su civilización. Ciudades completas. No se llevaron nada más, e incluso restauraron los ecosistemas originales como regalo a sus primos humanos.

Pero ellos, inmortales amos del mundo que quedó atrás, siguieron con sus vidas.

Y los milenios pasaron. Las máquinas no conscientes garantizaban sus caprichos, su alimentación, que sus necesidades y deseos estuviesen cubiertos, y quienes quedaron atrás no deseaban nada más.

 

Poco a poco algunos de ellos fueron apagando su deseo de vivir. Demasiado tiempo para una mente humana. Algunos construyeron máquinas y se marcharon en pos de sus primos. Otros, se fueron dejando morir.

Hace ahora ya varios siglos que él estaba solo.

Volvió a mirar el mundo que lo rodeaba, hermoso, virginal, perfecto. Así debió ser antes de la llegada de su especie. Parecía tan lejos la época en la que todo estuvo en peligro. Parecía tan idiota haber dejado que se llegase a esa situación.

Bajo sus pies, el río corría salvaje y fresco. El aroma del agua le asaltaba las fosas nasales, mientras el último hombre daba un último vistazo a su alrededor.

Por primera vez en decenas de miles de años la Tierra no estaría habitada por ningún humano.

La suya había sido una magnífica historia.

White Singularity: ¿Qué destino le espera a la Tierra?

¿Qué destino le espera a la Tierra?

 

¿Y nuestro planeta? ¿Qué destino le depara el futuro a nuestro hogar cuando se produzca la singularidad?

Hay autores que dicen que es posible que no tengamos más opción que consumirlo completamente, bien para obtener recursos, bien para convertirlo completamente en computronium y usarlo en los procesos mentales que alimentarán los fuegos de la Singularidad.

Otros hablan de que se conservará en su estado natural, siendo incluso restaurado a su estado original.

Esta idea tiene sentido, y desde luego, en lo que respecta a mis preferencias personales tengo claro cuál sería la que yo elegiría.

La Tierra es un lugar especial. No porque sea el único con vida en el universo, pues muy probablemente no lo es, pero sí porque ha generado una especie inteligente capaz de grandes cosas. Nosotros.

Si de todos estos procesos que hemos descrito surgiese una singularidad tecnológica, y ésta decidiese expandirse para hacerse más inteligente, sería conveniente, como veremos más adelante en el siguiente bloque, definir muy claramente los valores primordiales que definirían su comportamiento así como los parámetros de respeto que ésta inteligencia superior debería tener hacia nuestro planeta, hacia los seres humanos y hacia el resto de seres vivos.

En mi opinión, estos valores y parámetros, grabados en las mentes y programas que la alimenten, deberían respetar la existencia de aquellas personas que decidan no unirse a la Singularidad, la vida en la tierra y la misma existencia de ésta.

Decidir esto es una de las prioridades que deberíamos marcarnos en cualquier debate al respecto de la evolución tecnológica, para, llegado el caso, tener muy presente los principios que debemos inculcar al sistema de inteligencia que creemos.

Puede ser una visión nostálgica, puede parecer aventurado, y hasta idiota, querer definir de entrada el comportamiento de algo que no entendemos realmente, y cuyas capacidades e intenciones apenas vislumbramos. Pero pensar, desde el inicio, en los límites que debemos marcarnos en el progreso tecnológico, es la mejor base para garantizar que ese progreso se haga con las garantías necesarias para incluir los mejores valores humanos. Sin esos valores, sin esa necesidad de respetar nuestro origen, seremos una civilización completamente evolucionada en lo material, pero que habrá perdido cualquier respeto por la parte inmaterial de nuestra existencia.

Y es esa parte inmaterial, esos sentimientos, esa cultura y esa historia, los que pueden dar un valor especial a un proceso de creación de la singularidad que puede que no sea único en el universo.

Así que, cuando nos presentemos al cosmos con nuestras máquinas inteligentes bajo el brazo, cuando miremos atrás para ver de dónde venimos, cuando reflexionemos sobre el camino recorrido, tener todavía un punto de anclaje con nuestro origen puede garantizar que sea lo que sea lo que surja de este proceso, sea una civilización humana.