Artículo en Futurism: Vladimir Putin: Country That Leads in AI Development “Will be the Ruler of the Wo rld”

Muchas veces he dicho lo mismo en este blog, (el hecho de que Putin lo reconozca significa que no es para nada idiota).

El país (o el individuo, o la organización) que desarrolle la primera IA general, dominará el mundo, aunque lo haga sólo con unos días, o incluso horas, de ventaja sobre el resto.

Por supuesto esta afirmación está sujeta a condicionantes, pero es en general bastante cierta.

Yo lo llamo, las Guerras Grises.

Os dejo con el artículo:

https://futurism.com/vladimir-putin-country-that-leads-in-ai-development-will-be-the-ruler-of-the-world/

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Crear riqueza para defendernos

Debemos crear riqueza.

No me canso de repetirlo, pero nos va en ello nuestro futuro.

Y no me refiero sólo a las empresas, a los organismos oficiales y a los trabajadores, sino también a nosotros como ciudadanos fuera de estos ámbitos.

A medida que los puestos de trabajo desaparezcan, y a medida que los salarios sigan sufriendo presiones a la baja, nuestra única posibilidad de sobrevivir y de mantener unos niveles dignos de vida, es haber generado una gran cantidad de riqueza para nosotros y la Sociedad.

Pensad en Internet, y en todo lo que nos ofrece por unos pocos euros al año. Pero ampliad el campo de visión y extendedlo a las plataformas ciudadanas y de barrio, a la impresión 3D, a los huertos urbanos y a todo aquello que nos rodea y que podemos hacer para aumentar la riqueza de la Sociedad.

Si logramos generar suficiente masa crítica de riqueza puede que logremos sobrevivir a los cambios que se avecinan en el sistema productivo el tiempo suficiente para que se implante una renta básica o encontremos nuevas formas de incorporarnos al mercado “oficial” de trabajo.

Las tendencias parecen claras. Menos trabajo y más riqueza libre para todos, pero una cosa no conlleva la otra, y podemos encontrarnos con un escenario en el que nos encontremos sin trabajo, sin posibilidad de volver al mercado laboral y con leyes que impidan el prosumismo más básico, como aprovechar la energía solar.

Porque a muchos gobiernos no les interesa el bienestar de los ciudadanos más desfavorecidos, sino el de aquellos que sustentan el status quo.

Así que no contéis con su ayuda para generar esa riqueza para vosotros y los vuestros, sino, al contrario, con su más férrea oposición.

Y por ello debemos empeñarnos más si cabe en esta tarea de generar valor de todo tipo en la sociedad. Repito, no sólo haciendo bien nuestro trabajo, sino creando aquello que nos apasione fuera de él.

Toffler llamaba a esto “prosumismo”, producir para consumir, y es una de las mayores fuentes de riqueza del mudo actual, junto con la producción “oficial” y con los bienes que nos da la Naturaleza.

Cada uno produce 1/3 de la riqueza que consumimos. La Naturaleza, por nuestra presión, con su parte declinando, y el prosumismo aumentando la suya gracias a las nuevas tecnologías y a la voluntad humana.

Debemos seguir aumentando cada una de las tres en la medida que podamos para garantizarnos un futuro de bienestar que cada día se pone más en duda. Algo a lo que no estoy dispuesto a transigir. Vuestros hijos deben vivir mejor que nosotros, en un mundo más rico, más sano y más lleno de oportunidades.

Eso de que nuestros hijos vivirán en un mundo peor que el de sus padres es un derrotismo que no podemos aceptar aunque nos parezca claro e inevitable.

Se puede evitar, se les puede dejar un mundo mejor a ellos y a nuestros “yoes” ancianos.

Ese mundo mejor pasa por construir alternativas de riqueza, hacer crecer a los ciudadanos, acumular bienestar social independiente del dinero público o privado y crear estas alternativas que nos permitan vivir con dignidad y orgullo.

White Singularity: tú decides

Epílogo

Tú decides

 

No eres tan incapaz de traer cambios al mundo cómo te han hecho creer .

Eres un superviviente. Guardas en tu interior la inteligencia y las capacidades de miles de millones de años de evolución. Eres la culminación de un proceso natural que lleva produciéndose desde un microsegundo después de que ocurriese el big bang, hace más de trece mil millones de años.

Desde entonces, llevas luchando por hacerte más complejo, por alcanzar mayores cotas de inteligencia, de adaptabilidad, de capacidad de manejar información.

Tu cerebro es la máquina más perfecta que se conoce para esta tarea. A ti te corresponde decidir cómo seguimos evolucionando.

En otros capítulos te hemos mostrado los terrores de no tomar las riendas de tu propio destino, de cómo los cambios que viene pondrán en riesgo tu forma de vida. El objetivo de este capítulo no es infundir miedo, sino mostrar esperanza.

No eres tan poca cosa como te han hecho creer.

Puedes cambiar el mundo. Usando las técnicas que te hemos mostrado podrás convertirte en un dios. Piénsalo bien. Piensa en lo que pensaría de ti alguien que hubiese vivido hace dos mil años, o quinientos, o incluso cien. Si les pudieses contar que vuelas recorriendo todo el mundo, que puedes hablar con cualquiera a miles de kilómetros de distancia, si les cuentas que puedes saber cualquier cosa que se sepa en el mundo, que puedes correr a cien kilómetros por hora, que…no hace falta que siga ¿verdad?

No importa que estas cosas sean debidas a la maquinaria que el ser humano ha creado. Precisamente porque somos nosotros quienes las hemos creado, no importa. Y seguimos diseñando más y más maravillas que aumentan más nuestras capacidades.

La tecnología es parte de nuestra civilización, la ciencia y la tecnología son parte de nosotros, nuestros hijos y nuestro futuro, casi tanto como nuestros descendientes biológicos. Son nuestros hijos y gracias a ellos hemos alcanzado un nivel de sofisticación global que incluye al mismo tiempo inteligencia humana e inteligencia artificial. Y la mezcla se va retroalimentando y creciendo.

No eres tan idiota como creen.

Sabes que estamos al borde del mayor cambio de la historia de la Humanidad. Sabes que en los próximos años se va a decidir el destino de nuestra especie. Y que probablemente otra gente quiera tomar esa decisión por ti. Pero no estás dispuesto a cederles ese privilegio.

Nadie tiene derecho a decidir por ti ni por tu familia en este asunto.

Tú, con un pequeño esfuerzo de documentación, puedes saber de este tema tanto o más que cualquier líder mundial o empresarial. Estás pisando terra incógnita. Puedes conocer de primera mano los pasos que se están dando en todos los mercados y sectores del mundo para desarrollar esas tecnologías, y puedes ir viendo cómo se van cumpliendo los pasos que hemos descrito.

Quizás no todo el mundo decida hacerlo, pero si eres lo bastante inteli- gente y curioso te preocuparás de estar informado y de saber cómo puedes influir en el debate.

No se trata de parar la evolución tecnológica, ni de lanzarse a ella sin medir las consecuencias. Se trata de controlarla, comprenderla, dirigirla y acelerarla, haciéndonos más conscientes de que nuestra civilización está cambiando. Y de cómo lo está haciendo.

En este libro te hemos mostrado las pinceladas de lo que vendrá, las tecnologías que deberían surgir, los cambios sociales que se avecinan, y aunque seguro que el progreso nos sorprende con increíbles sorpresas, hemos visto lo suficiente del futuro para aceptar que será extraño y difícil de predecir. Te hemos enseñado los cambios sociales que traerán tendencias tales como el prosumismo o el fin de la escasez.

Tú decides cómo puedes, si quieres, participar de esta elección. Puedes leer a Toffler, Kurzweil, Vinge y tantos otros autores que han hablado de estos temas y otros que ni siquiera hemos rozado en este libro. Son verdaderos genios que iluminan realmente el camino de la Humanidad hacia el futuro.

Tú puedes ser uno de ellos.

Con tus capacidades, con tu pasión, con tu trabajo, puedes marcar una diferencia en la forma en la que afrontemos estos cambios, y no sólo sal- vaguardar a la Humanidad, sino participar en un destino que, como has visto, será mucho más grande de lo que jamás pudiésemos haber imagi- nado.

Está ahí, a unas pocas décadas, quizás incluso a unos pocos años. No podemos verlo, recuerda, es un horizonte de sucesos, pero sí vemos los cambios que produce a su alrededor.

Mira el mundo, contempla los cambios, observa las pautas y llegarás a la conclusión de que ahora es el mejor momento para estar vivo de toda la historia de la Humanidad.

Vas a asistir a algo increíble, tanto para bien como para mal, y el que escojamos el camino acertado, puede depender de ti.

Así que, de antemano, gracias por unirte a nosotros en este viaje increíble hacia el futuro.

White Singularity: Singularidad o Singularidades. Saliendo ahí fuera.

Singularidad o Singularidades. Saliendo ahí fuera.

 

Pero qué pasaría si ocurren, no una Singularidad Tecnológica, sino varias. ¿Qué sucedería si varias de las potenciales tecnologías llegasen al mismo tiempo al horizonte de sucesos y se adentrasen en los caminos de la Singularidad cada una por su cuenta?

Podría darse el caso de que, desde caminos distintos, la biotecnología, la nanotecnología y la inteligencia artificial llegasen a desarrollar inteligencias superiores a la humana. Y cada una de ellas puede tener su propia agenda.

O si varias naciones, empresas u organizaciones diesen el paso cada una por su camino.

El ser humano debe contemplar esa posibilidad en sus deliberaciones sobre el futuro. ¿Serán capaces de convivir? ¿Podremos diseñarlas para que así sea? ¿Se comportarán de forma agresiva unas con otras o por el contrario cooperarán encontrando objetivos comunes que unan sus destinos? ¿Se verá de repente el ser humano en medio de una batalla por el control del futuro de la civilización?

Son cuestiones importantes que deberíamos tratar de resolver antes de que sea demasiado tarde.

De la misma forma, sería conveniente dilucidar si es posible que existan otros tipos de singularidad, incluso alguno que no provenga de una civilización humana, y que se creen planes de contingencia para ello.

Y este último punto, nos lleva a considerar que quizás, como hemos visto, no somos los únicos seres vivos en la galaxia, ni los únicos inteligentes. Y es posible que encontremos que tampoco somos los únicos que hemos alcanzado la singularidad tecnológica.

Cómo debemos actuar en ese caso, es posible que la raza humana, después de conseguir su mayor logro, ¿se enfrente al peligro de un conflicto ajeno a ella?

¿Cómo podemos prepararnos para un encuentro con una singularidad alienígena cuando no sabemos ni las capacidades que tendría una singularidad tal, ni su origen, ni sus intenciones?

Tratar de resolver esta cuestión es una tarea de anticipación para la que el ser humano quizás no esté preparado. Si ya explicar el concepto de Singularidad supone todo un reto cuando nunca se ha oído hablar de él, comprender las implicaciones potenciales de un encuentro entre singularidades originadas en diferentes lugares escapa totalmente a la razón con la que hemos sido educados.

¿Qué sentido tiene especular sobre ello o plantearse siquiera un debate serio al respecto que involucre a todas las instituciones internacionales?

Me temo que la respuesta es la misma que la que hemos dado a lo largo de todos los capítulos. El no hacerlo, de convertirse la posibilidad de semejante encuentro en una realidad, sería infinitamente peligroso para nuestro futuro.

El ser humano debe comprender las implicaciones que tendría encontrarse con otros que emprendieron el mismo camino.

Nuestra historia ha sido un sin fin de luchas y confrontaciones produci- das por los más diversos intereses, pero a pesar de nuestras diferencias seguimos siendo humanos, y aunque pueda parecer que son más las cosas que nos separan que las que nos unen, realmente, nuestro pensamiento no difiere tanto del de nuestro más distante semejante.

Tenemos las mismas necesidades físicas, los mismos sentimientos básicos, una forma semejante de estructura de pensamiento, hemos crecido en el mismo mundo, incluso nuestras civilizaciones, con sus diferencias, suelen estructurarse de formas análogas.

Imaginad ahora un encuentro con otra especie. Distintos mundos, quién sabe qué estructura biológica, cerebros que ven el universo con una perspectiva tridimensional, en lugar de la de dos dimensiones a la que nosotros reducimos nuestra comprensión del espacio. Con vidas que puedan durar meses, o siglos, con necesidades fisiológicas completamente distintas.

Los choques de civilizaciones a lo largo de la historia humana han propiciado malentendidos, choques y guerras. Imaginad lo que pudo sentir la civilización azteca ante la llegada de los españoles, o el pueblo zulú, o el hindú, o los nativos norteamericanos ante la llegada de los europeos.

Sin embargo, todos estos encuentros se producen entre civilizaciones que parten de un origen común, con unas necesidades similares y atados a las mismas leyes de la naturaleza y la historia.

¿Pero, qué ocurriría en un encuentro con una especie inteligente cuyo origen directo está en océanos de metano? ¿O cuya tecnología está completamente basada en desarrollos biotecnológicos y haya repudiado el uso de tecnología no orgánica? ¿O que desciendan directamente de herbívoros, o de depredadores? ¿O que se comuniquen de formas que ni entendemos, tengan una base matemática distinta o cualquiera de las múltiples posibilidades a las que está sujeta la vida inteligente?

Puede que incluso seamos incapaces de comprender su forma de vida, su lenguaje, su tecnología o sus deseos.

¿No ocurriría por lo tanto lo mismo entre dos singularidades surgidas de civilizaciones tan distintas?

Durante todo el libro hemos especulado, y propuesto, que el ser humano decida qué tipo de singularidad desea que se produzca, con el fin de propiciar una singularidad blanca amigable con nosotros.

Es de esperar que otra civilización distante haga lo mismo, basando su singularidad en sus propios parámetros alienígenas, convirtiendo su progreso en algo todavía más incognoscible para nosotros.

Incluso si esa singularidad surgiese de forma espontánea y descontrolada en otro mundo, su raíz de origen la haría tan incomprensible para nosotros, como nada que hayamos visto en la historia de la Humanidad.

O tal vez no.

Tal vez las leyes físicas nos unan a ellos de forma irrompible y, superadas las necesidades mundanas, dos singularidades de origen tan dispar terminasen por parecerse más de lo que ahora pensamos.

White Singularity: Singularidad Dorada, o la falsa Singularidad.

Singularidad Dorada, o la falsa Singularidad.

 

Es posible, sin embargo, que si nos los proponemos, entremos en un estado de desarrollo tecnológico que yo llamo Singularidad Dorada, o la falsa singularidad, y que no es otra cosa que una civilización que decide detener la llegada de la Singularidad, y lo consigue.

Los avances conseguidos hasta ese momento garantizarían un bienestar razonablemente grande, comparado con el que vivimos en la actualidad, pero no se desarrollaría el progreso tecnológico acelerado propio de las inteligencias aumentadas que nos conduciría hasta le horizonte de sucesos.

Tendríamos entonces una sociedad que quizás pudiese vivir en paz, debido a la ausencia de necesidades sin cubrir, y que ejercería una fuerte vigilancia sobre todas las tecnologías susceptibles de romper el equilibrio.

El ocio sería uno de los pilares de esta sociedad, con inmensos recursos culturales a su disposición, y las necesidades cubiertas, entretener el tiempo en una sociedad así sería la principal preocupación de esa sociedad.

El ocio, y la capacidad de procurar ocio, reemplazarían a la inteligencia como la principal moneda de la sociedad. La sociedad al completo viviría pendiente de eventos organizados para satisfacerlos. Grandes y épicas obras de teatro, cine o realidad virtual, colosales actuaciones operísticas, juegos multijugador online de realidad virtual que incluirían entre sus jugadores la población de continentes completos durante décadas.

Viajes exclusivos a reservas naturales en las que se recrearían los más diversos ambientes, experiencias eróticas únicas, sueños programados. Todo con tal de llenar una civilización de ocio absoluto y con tiempo y recursos ilimitados.

Podríamos vivir así, pero sería una situación muy frágil, al borde siempre del descontrol si alguien lograse romper el bloqueo sobre la inteligencia artificial, dando al traste con este paraíso.

Y además, esa forma de vida podríamos conseguirla igual en medio de una Singularidad Blanca.

¿Y si dios no existiera?

Como agnóstico que soy no me creo capaz se afirmar ni la existencia ni la ausencia de dios, y, por lo tanto, como sabéis, me he tenido que buscar un sustituto en el que sí pueda creer, la Singularidad.

Bien, hoy quiero hacer un ejercicio meramente teórico y me gustaría que vosotros los hicieseis conmigo.

Me gustaría que nos planteásemos que pasaría si dios no existe. Si todas esas reglas, el odio, las esperanzas (falsas bajo esta hipótesis) y los siglos de lucha por imponer unas ideas de dios sobre otras, no estuviesen respaldadas por la existencia de un creador.

Pensad qué habría sido, qué sería, de la vida de todos aquellos que creyeron en un dios inexistente.

¿Habrían tirado su vida? ¿Han (hemos) desperdiciado los años de vida que les dio la Naturaleza (único dios abstracto posible bajo esas premisas) persiguiendo quimeras?

Creo que la respuesta está en la ética humana. En nuestras acciones. Si nuestras acciones son buenas y ayudan a los demás, aunque sean motivadas por la creencia en un dios inexistente, nuestra vida habrá ayudado a la Humanidad, y por lo tanto no habrá sido desperdiciada.

Si, por el contrario, fuimos de los que nos dejamos llevar por el odio, el fanatismo o las reglas inhumanas, entonces, no sólo habríamos tirado nuestra vida, sino que habríamos sido dañinos para nuestra especie, el Hombre.

Por desgracia, este ejercicio hipotético termina aquí, pues como ya dije, me es imposible afirmar o negar la existencia de un dios o dioses. Pero espero que esta reflexión nos permita pensar sobre ello.

White Singularity: ¿Queremos máquinas independientes semejantes a nosotros?

¿Queremos máquinas independientes semejantes a nosotros? Nuestros hijos biológicos contra nuestros hijos tecnológicos

 

Alguien dijo una vez que los ordenadores serán nuestros hijos, por lo que no hay que tenerles miedo.

Pero es legítimo preguntarse si queremos realmente desarrollar mentes artificiales, aunque el no hacerlo suponga renunciar a un futuro como el que hemos descrito. Tal vez, con un poco de suerte para quienes piensan así, no sea ni posible. Pero no lo creo.

El ser humano siempre quiere ir más allá, explorar nuevos caminos, experimentar nuevas ideas. Y eso hace que la idea de tratar de impedir que surjan sea muy peregrina.

Pero puede intentarse. Podríamos lograr, con un esfuerzo titánico por parte de todos los agentes sociales, limitar el progreso de tecnologías como la nanotecnología, la biotecnología, la inteligencia artificial, las redes de comunicaciones y la robótica, e impedir que el ser humano alumbre hijos artificiales.

Desde luego, nuestros propios descendientes biológicos tienen mucho que decir al respecto. Al fin y al cabo, nosotros hemos disfrutado una bue- na parte de nuestras vidas en un mundo comprensible, pero ellos, quienes nacen ahora, no han tenido tal oportunidad.

Muchos padres pueden comprender la Singularidad como un evento nacido para negarles esa posibilidad, y llegar a la conclusión de que lo mejor que puede hacer por sus hijos es retrasarla o impedirla.