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White Singularity: tú decides

Epílogo

Tú decides

 

No eres tan incapaz de traer cambios al mundo cómo te han hecho creer .

Eres un superviviente. Guardas en tu interior la inteligencia y las capacidades de miles de millones de años de evolución. Eres la culminación de un proceso natural que lleva produciéndose desde un microsegundo después de que ocurriese el big bang, hace más de trece mil millones de años.

Desde entonces, llevas luchando por hacerte más complejo, por alcanzar mayores cotas de inteligencia, de adaptabilidad, de capacidad de manejar información.

Tu cerebro es la máquina más perfecta que se conoce para esta tarea. A ti te corresponde decidir cómo seguimos evolucionando.

En otros capítulos te hemos mostrado los terrores de no tomar las riendas de tu propio destino, de cómo los cambios que viene pondrán en riesgo tu forma de vida. El objetivo de este capítulo no es infundir miedo, sino mostrar esperanza.

No eres tan poca cosa como te han hecho creer.

Puedes cambiar el mundo. Usando las técnicas que te hemos mostrado podrás convertirte en un dios. Piénsalo bien. Piensa en lo que pensaría de ti alguien que hubiese vivido hace dos mil años, o quinientos, o incluso cien. Si les pudieses contar que vuelas recorriendo todo el mundo, que puedes hablar con cualquiera a miles de kilómetros de distancia, si les cuentas que puedes saber cualquier cosa que se sepa en el mundo, que puedes correr a cien kilómetros por hora, que…no hace falta que siga ¿verdad?

No importa que estas cosas sean debidas a la maquinaria que el ser humano ha creado. Precisamente porque somos nosotros quienes las hemos creado, no importa. Y seguimos diseñando más y más maravillas que aumentan más nuestras capacidades.

La tecnología es parte de nuestra civilización, la ciencia y la tecnología son parte de nosotros, nuestros hijos y nuestro futuro, casi tanto como nuestros descendientes biológicos. Son nuestros hijos y gracias a ellos hemos alcanzado un nivel de sofisticación global que incluye al mismo tiempo inteligencia humana e inteligencia artificial. Y la mezcla se va retroalimentando y creciendo.

No eres tan idiota como creen.

Sabes que estamos al borde del mayor cambio de la historia de la Humanidad. Sabes que en los próximos años se va a decidir el destino de nuestra especie. Y que probablemente otra gente quiera tomar esa decisión por ti. Pero no estás dispuesto a cederles ese privilegio.

Nadie tiene derecho a decidir por ti ni por tu familia en este asunto.

Tú, con un pequeño esfuerzo de documentación, puedes saber de este tema tanto o más que cualquier líder mundial o empresarial. Estás pisando terra incógnita. Puedes conocer de primera mano los pasos que se están dando en todos los mercados y sectores del mundo para desarrollar esas tecnologías, y puedes ir viendo cómo se van cumpliendo los pasos que hemos descrito.

Quizás no todo el mundo decida hacerlo, pero si eres lo bastante inteli- gente y curioso te preocuparás de estar informado y de saber cómo puedes influir en el debate.

No se trata de parar la evolución tecnológica, ni de lanzarse a ella sin medir las consecuencias. Se trata de controlarla, comprenderla, dirigirla y acelerarla, haciéndonos más conscientes de que nuestra civilización está cambiando. Y de cómo lo está haciendo.

En este libro te hemos mostrado las pinceladas de lo que vendrá, las tecnologías que deberían surgir, los cambios sociales que se avecinan, y aunque seguro que el progreso nos sorprende con increíbles sorpresas, hemos visto lo suficiente del futuro para aceptar que será extraño y difícil de predecir. Te hemos enseñado los cambios sociales que traerán tendencias tales como el prosumismo o el fin de la escasez.

Tú decides cómo puedes, si quieres, participar de esta elección. Puedes leer a Toffler, Kurzweil, Vinge y tantos otros autores que han hablado de estos temas y otros que ni siquiera hemos rozado en este libro. Son verdaderos genios que iluminan realmente el camino de la Humanidad hacia el futuro.

Tú puedes ser uno de ellos.

Con tus capacidades, con tu pasión, con tu trabajo, puedes marcar una diferencia en la forma en la que afrontemos estos cambios, y no sólo sal- vaguardar a la Humanidad, sino participar en un destino que, como has visto, será mucho más grande de lo que jamás pudiésemos haber imagi- nado.

Está ahí, a unas pocas décadas, quizás incluso a unos pocos años. No podemos verlo, recuerda, es un horizonte de sucesos, pero sí vemos los cambios que produce a su alrededor.

Mira el mundo, contempla los cambios, observa las pautas y llegarás a la conclusión de que ahora es el mejor momento para estar vivo de toda la historia de la Humanidad.

Vas a asistir a algo increíble, tanto para bien como para mal, y el que escojamos el camino acertado, puede depender de ti.

Así que, de antemano, gracias por unirte a nosotros en este viaje increíble hacia el futuro.

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White Singularity: Singularidad o Singularidades. Saliendo ahí fuera.

Singularidad o Singularidades. Saliendo ahí fuera.

 

Pero qué pasaría si ocurren, no una Singularidad Tecnológica, sino varias. ¿Qué sucedería si varias de las potenciales tecnologías llegasen al mismo tiempo al horizonte de sucesos y se adentrasen en los caminos de la Singularidad cada una por su cuenta?

Podría darse el caso de que, desde caminos distintos, la biotecnología, la nanotecnología y la inteligencia artificial llegasen a desarrollar inteligencias superiores a la humana. Y cada una de ellas puede tener su propia agenda.

O si varias naciones, empresas u organizaciones diesen el paso cada una por su camino.

El ser humano debe contemplar esa posibilidad en sus deliberaciones sobre el futuro. ¿Serán capaces de convivir? ¿Podremos diseñarlas para que así sea? ¿Se comportarán de forma agresiva unas con otras o por el contrario cooperarán encontrando objetivos comunes que unan sus destinos? ¿Se verá de repente el ser humano en medio de una batalla por el control del futuro de la civilización?

Son cuestiones importantes que deberíamos tratar de resolver antes de que sea demasiado tarde.

De la misma forma, sería conveniente dilucidar si es posible que existan otros tipos de singularidad, incluso alguno que no provenga de una civilización humana, y que se creen planes de contingencia para ello.

Y este último punto, nos lleva a considerar que quizás, como hemos visto, no somos los únicos seres vivos en la galaxia, ni los únicos inteligentes. Y es posible que encontremos que tampoco somos los únicos que hemos alcanzado la singularidad tecnológica.

Cómo debemos actuar en ese caso, es posible que la raza humana, después de conseguir su mayor logro, ¿se enfrente al peligro de un conflicto ajeno a ella?

¿Cómo podemos prepararnos para un encuentro con una singularidad alienígena cuando no sabemos ni las capacidades que tendría una singularidad tal, ni su origen, ni sus intenciones?

Tratar de resolver esta cuestión es una tarea de anticipación para la que el ser humano quizás no esté preparado. Si ya explicar el concepto de Singularidad supone todo un reto cuando nunca se ha oído hablar de él, comprender las implicaciones potenciales de un encuentro entre singularidades originadas en diferentes lugares escapa totalmente a la razón con la que hemos sido educados.

¿Qué sentido tiene especular sobre ello o plantearse siquiera un debate serio al respecto que involucre a todas las instituciones internacionales?

Me temo que la respuesta es la misma que la que hemos dado a lo largo de todos los capítulos. El no hacerlo, de convertirse la posibilidad de semejante encuentro en una realidad, sería infinitamente peligroso para nuestro futuro.

El ser humano debe comprender las implicaciones que tendría encontrarse con otros que emprendieron el mismo camino.

Nuestra historia ha sido un sin fin de luchas y confrontaciones produci- das por los más diversos intereses, pero a pesar de nuestras diferencias seguimos siendo humanos, y aunque pueda parecer que son más las cosas que nos separan que las que nos unen, realmente, nuestro pensamiento no difiere tanto del de nuestro más distante semejante.

Tenemos las mismas necesidades físicas, los mismos sentimientos básicos, una forma semejante de estructura de pensamiento, hemos crecido en el mismo mundo, incluso nuestras civilizaciones, con sus diferencias, suelen estructurarse de formas análogas.

Imaginad ahora un encuentro con otra especie. Distintos mundos, quién sabe qué estructura biológica, cerebros que ven el universo con una perspectiva tridimensional, en lugar de la de dos dimensiones a la que nosotros reducimos nuestra comprensión del espacio. Con vidas que puedan durar meses, o siglos, con necesidades fisiológicas completamente distintas.

Los choques de civilizaciones a lo largo de la historia humana han propiciado malentendidos, choques y guerras. Imaginad lo que pudo sentir la civilización azteca ante la llegada de los españoles, o el pueblo zulú, o el hindú, o los nativos norteamericanos ante la llegada de los europeos.

Sin embargo, todos estos encuentros se producen entre civilizaciones que parten de un origen común, con unas necesidades similares y atados a las mismas leyes de la naturaleza y la historia.

¿Pero, qué ocurriría en un encuentro con una especie inteligente cuyo origen directo está en océanos de metano? ¿O cuya tecnología está completamente basada en desarrollos biotecnológicos y haya repudiado el uso de tecnología no orgánica? ¿O que desciendan directamente de herbívoros, o de depredadores? ¿O que se comuniquen de formas que ni entendemos, tengan una base matemática distinta o cualquiera de las múltiples posibilidades a las que está sujeta la vida inteligente?

Puede que incluso seamos incapaces de comprender su forma de vida, su lenguaje, su tecnología o sus deseos.

¿No ocurriría por lo tanto lo mismo entre dos singularidades surgidas de civilizaciones tan distintas?

Durante todo el libro hemos especulado, y propuesto, que el ser humano decida qué tipo de singularidad desea que se produzca, con el fin de propiciar una singularidad blanca amigable con nosotros.

Es de esperar que otra civilización distante haga lo mismo, basando su singularidad en sus propios parámetros alienígenas, convirtiendo su progreso en algo todavía más incognoscible para nosotros.

Incluso si esa singularidad surgiese de forma espontánea y descontrolada en otro mundo, su raíz de origen la haría tan incomprensible para nosotros, como nada que hayamos visto en la historia de la Humanidad.

O tal vez no.

Tal vez las leyes físicas nos unan a ellos de forma irrompible y, superadas las necesidades mundanas, dos singularidades de origen tan dispar terminasen por parecerse más de lo que ahora pensamos.

White Singularity: Singularidad Dorada, o la falsa Singularidad.

Singularidad Dorada, o la falsa Singularidad.

 

Es posible, sin embargo, que si nos los proponemos, entremos en un estado de desarrollo tecnológico que yo llamo Singularidad Dorada, o la falsa singularidad, y que no es otra cosa que una civilización que decide detener la llegada de la Singularidad, y lo consigue.

Los avances conseguidos hasta ese momento garantizarían un bienestar razonablemente grande, comparado con el que vivimos en la actualidad, pero no se desarrollaría el progreso tecnológico acelerado propio de las inteligencias aumentadas que nos conduciría hasta le horizonte de sucesos.

Tendríamos entonces una sociedad que quizás pudiese vivir en paz, debido a la ausencia de necesidades sin cubrir, y que ejercería una fuerte vigilancia sobre todas las tecnologías susceptibles de romper el equilibrio.

El ocio sería uno de los pilares de esta sociedad, con inmensos recursos culturales a su disposición, y las necesidades cubiertas, entretener el tiempo en una sociedad así sería la principal preocupación de esa sociedad.

El ocio, y la capacidad de procurar ocio, reemplazarían a la inteligencia como la principal moneda de la sociedad. La sociedad al completo viviría pendiente de eventos organizados para satisfacerlos. Grandes y épicas obras de teatro, cine o realidad virtual, colosales actuaciones operísticas, juegos multijugador online de realidad virtual que incluirían entre sus jugadores la población de continentes completos durante décadas.

Viajes exclusivos a reservas naturales en las que se recrearían los más diversos ambientes, experiencias eróticas únicas, sueños programados. Todo con tal de llenar una civilización de ocio absoluto y con tiempo y recursos ilimitados.

Podríamos vivir así, pero sería una situación muy frágil, al borde siempre del descontrol si alguien lograse romper el bloqueo sobre la inteligencia artificial, dando al traste con este paraíso.

Y además, esa forma de vida podríamos conseguirla igual en medio de una Singularidad Blanca.

White Singularity: ¿Queremos máquinas independientes semejantes a nosotros?

¿Queremos máquinas independientes semejantes a nosotros? Nuestros hijos biológicos contra nuestros hijos tecnológicos

 

Alguien dijo una vez que los ordenadores serán nuestros hijos, por lo que no hay que tenerles miedo.

Pero es legítimo preguntarse si queremos realmente desarrollar mentes artificiales, aunque el no hacerlo suponga renunciar a un futuro como el que hemos descrito. Tal vez, con un poco de suerte para quienes piensan así, no sea ni posible. Pero no lo creo.

El ser humano siempre quiere ir más allá, explorar nuevos caminos, experimentar nuevas ideas. Y eso hace que la idea de tratar de impedir que surjan sea muy peregrina.

Pero puede intentarse. Podríamos lograr, con un esfuerzo titánico por parte de todos los agentes sociales, limitar el progreso de tecnologías como la nanotecnología, la biotecnología, la inteligencia artificial, las redes de comunicaciones y la robótica, e impedir que el ser humano alumbre hijos artificiales.

Desde luego, nuestros propios descendientes biológicos tienen mucho que decir al respecto. Al fin y al cabo, nosotros hemos disfrutado una bue- na parte de nuestras vidas en un mundo comprensible, pero ellos, quienes nacen ahora, no han tenido tal oportunidad.

Muchos padres pueden comprender la Singularidad como un evento nacido para negarles esa posibilidad, y llegar a la conclusión de que lo mejor que puede hacer por sus hijos es retrasarla o impedirla.

White Singularity: Principios éticos

Principios éticos

Unos breves apuntes sobre los principios éticos.

Creo que estos principios deben ser los ladrillos fundamentales sobre los que construyamos nuestra singularidad.

Y que a medida que se vayan decidiendo cuales de estos valores universales, formarán parte integrante e inseparable de la Singularidad Blanca, el ser humano encontrará conflictos y choques entre quienes deseen aportar unos valores y quienes quieran que primen otros diferentes.

Durante el camino de decisión consensuado se decidirán cuales deben ser, o bien alguien, alguien adelantado, los decidirá por el resto de nosotros.

Por ello, animo a que se abra el debate que decidirá cuales deben integrarse en la estructura misma de nuestra civilización. Valores como la libertad, la igualdad, el respeto, la competitividad, la necesidad de saber, de progresar…cualquiera. Todos ellos deben ser tenidos en cuenta a la hora de realizar nuestra planificación.

Cuando construyamos nuestras leyes, cuando creemos nuestros sistemas, cuando edifiquemos el edificio del progreso, esa construcción debe llevar grabados los principios básicos que decidamos.

Ese es el ADN con el que construiremos la base de la singularidad. No la tecnología, no la ciencia, no la economía.

White Singularity: Cómo construir nuestra Singularidad

Cómo construir nuestra Singularidad

 

¿En qué debemos basar nuestra Singularidad?

La tarea de definirlo debe recaer en el conjunto de la Humanidad. Pero permitidme dar rienda suelta a mi imaginación, y tratar de inspirar la vuestra, con algunas vagas nociones de lo que yo creo que debería ser la Singularidad Blanca. Ideas extrañas sin duda, pero quien sabe qué nos depara el futuro, y si algo hemos aprendido es que soñar con metas bajas sólo te garantiza que los resultados finales de tu esfuerzo serán bajos.

Creo que el camino más probable para que alcancemos la singularidad será a través del desarrollo de las tecnologías de la información, de las infotecnologías y cognotecnologías. Es cierto que la biología y las ciencias de la vida nos deparan grandes sorpresas, pero el camino que tiene que recorrer para superar a las ciencias del silicio es largo y su tiempo es corto. Recordad que el cambio se está produciendo de forma acelerada, y que el desarrollo de los ordenadores sigue un patrón exponencial. Cada año y medio doblan su potencia.

Si, como parece, logramos alcanzar la Singularidad Tecnológica mediante inteligencias artificiales, se abrirá ante nosotros un mundo de posibilidades ilimitadas.

Técnicamente es posible que seamos capaces de copiar las pautas cerebrales de un ser humano e introducirlas en supercomputadores.

También podremos crear copias de nuestro cuerpo, tanto biológicas como artificiales, y habitar con nuestras mentes en ellas. Los ordenadores nos permitirán controlarlos todos al mismo tiempo, o bien darles el grado de independencia que queramos y luego unificar recuerdos, experiencias y pensamientos.

De hecho, la llegada de la singularidad tecnológica con base en el silicio no significará que el ser humano se vea obligado a renunciar a sus cuerpos. Si me preguntaseis, yo optaría por mantenerlos, quizás porque mi mente le tenga demasiado apego a este saco de piel y huesos, o quizás porque no conozcamos otra existencia, pero creo que es lo que se impondrá. También creo que optaremos por restaurar nuestro planeta hasta un estado primigenio, virginal e idóneo, en el que el hombre residirá en armonía en sus cuerpos mientras con la mente explora las maravillas del universo ahí fuera.

También podremos conectar nuestra mente con la de otras personas, tanto en los núcleos de los inmensos computadores que se construirán, como en los paraísos artificiales que crearemos en otros mundos. Podremos explorar el universo, unidos, y analizar las entrañas de la materia, disfrutar de mundos virtuales sin límite, hacer el amor en el corazón de una estrella.

Si la ciencia lo permite, será posible crear orbitales, esferas de Dyson, colonias, naves espaciales y cualquier cosa que hayan soñado los escritores de ciencia ficción durante décadas.

Cada uno de estos hábitats fuera de la tierra será un mundo en sí mismo, único e irrepetible, como una gema preciosa en el espacio. Con su propia cultura, sus habitantes y sus propias formas de ver el Cosmos. Cada uno de ellos recopilará información del universo, y se compartirá con el consenso común, haciendo más rica y variada la experiencia y el conocimiento humanos.

El tiempo tampoco tiene que ser una frontera.

La mente humana, transformada por la singularidad blanca, procesará la información a una velocidad en la que será capaz de vivir la experiencia de vidas completas en segundos, y la ausencia de muerte o sufrimiento cambiará completamente la perspectiva de las eras. Nuestros descendientes singulares verán cómo sus escalas de pensamiento cambian para pasar de meses y años a siglos y milenios.

Así mismo, si los viajes en el tiempo resultasen ser posibles, quizás podríamos conseguir rescatar de la muerte a aquellas personas que amamos o admiramos. El futuro sería comparable a un cielo muy particular en el que nos encontraríamos con quienes perdimos en el pasado.

Incluso en caso de no ser posible este rescate in extremis, la ciencia de la Singularidad permitirá reconstruir las experiencias, recuerdos y genética de quienes nos dejaron. El concepto es un poco extraño, pero igual que ahora contamos con técnicas de análisis que jamás soñaron nuestros predecesores, creo que dispondremos en la Singularidad de una inmensa cantidad de herramientas que permitirán duplicar el estado de una persona a nivel cuántico y molecular.

Lo que eso significa ni más ni menos es que podremos crear una resurrección artificial. Recopilar todos los recuerdos disponibles de una multitud de datos permitirá crear una copia fiel, casi idéntica, de alguien. Si además contamos con el material genético de esa persona, sería posible replicar las circunstancias de su vida en su propio cuerpo para que dicha copia fuese igual al original.

Repito, ahora nos parece imposible, pero las herramientas con las que contaremos en el futuro para ello no podemos imaginarlas ahora.

Ya hay gente que está encargándose de recopilar los recuerdos, fotografías, datos, sentimientos y pensamientos de sus seres queridos para hacerlo.

También veremos variantes biológicas de cualquier ser vivo que hayamos imaginado. ¿Por qué no recrear dinosaurios o mamuts? ¿Por qué no crear dragones mediante ingeniería genética? ¿O aliens?

¿Y por qué limitar estas idea a otros? ¿Por qué no habitar en el cuerpo de un titán o de alguien del sexo contrario, o de un neandertal, o de un delfín?

Imagina las posibilidades. Imagina lo que ocurriría en el mundo de la moda cuando las personas comenzasen a implantarse tatuajes nanotecnológicos luminiscentes, o a realizar modificaciones genéticas para parecer elfos, vampiros o sirenas.

Cuando uno puede modificar su propio material genético, su morfología, su fisiología, su aspecto externo o interno, su sexo o cualquier parte de su ser, el concepto de modas y tendencias adquiere una nueva dimensión brutal.

Habría hábitats en los que se imitarían los parajes de obras clásicas, en otros, sus habitantes vivirían apasionadas aventuras de realidad virtual onírica, otros se conectarían en los ordenadores con congéneres de otras partes del universo para compartir descubrimientos científicos.

Un beso entre amantes adquiere un nuevo significado cuando se puede experimentar al mismo tiempo las sensaciones de ambos miembros de la pareja, o de una multitud. Y más si puedes conectar los receptores bajo tu piel para emitir sus sensaciones a quienes te rodean, o para conectarse a internet y volcarlas en la red, donde se unirían a un maremagnun de personas que estarían haciendo lo mismo, construyendo pandemoniums de sensaciones y experiencias vivas.

Y por encima de todo este paraje de riqueza sin igual, estarían las mentes de la Singularidad, investigando, analizando el universo y el cos- mos con unas capacidades, recursos y herramientas que se irán desarrollando a velocidades sin precedentes.

Es un buen futuro, quizás el mejor que pueda imaginar una mente humana.

Lo verdaderamente importante es que, lo que hagamos, estará definido por lo que decidamos ahora, por las reglas que marquemos y por los límites que nos autoimpongamos.

White Singularity: Cooperación, huyendo de un mundo moribundo, el Pasado

Cooperación, huyendo de un mundo moribundo, el Pasado

 

Existe otra alternativa a afrontar el camino a la singularidad divididos.

Sería posible, con esfuerzo y visión clara, desde luego, pero posible. Que afrontemos el trayecto apoyándonos los unos a los otros.

Esto no significa que haya que colaborar en todo, ni que las facciones que dividen al hombre vayan a renunciar a la competencia por tratar de imponer su visión del mundo o sus objetivos al resto. Lo que garantizaría esto son dos cuestiones.

La primera, asegurarse de que se hace dentro de un marco estable de normas que permitiría una transición medianamente aceptable a quien quedase atrás. Unas reglas comunes sobre lo que se puede hacer y lo que no, sobre los límites a traspasar y los que no debemos franquear.

Garantizaría también un cierto control centralizado del proceso, sobre todo el proceso, por lo que podríamos estar preparados teniendo más información y los mecanismos para ajustar la velocidad del cambio allí donde se establezca, o acelerarlo en aquellas partes que se estén quedando retrasadas.

Un marco común de normas y reglas y un sistema de control, informa- ción y estudio integral que incluya todas las ciencias, técnicas, sectores industriales y tecnológicos y que abarque todos los rincones del mundo.

Quizás incluso incluya un sistema de acceso basado en valores morales universales, por el que el acceso a las posibilidades de la Singularidad es- tará limitado en función de las aportaciones que cada persona haya realizado al mundo.

Previamente a esto deberemos definir esas normas, evidentemente, y una vez implantadas éstas, nos enfrentaremos al hecho de que el que existan no garantiza que se vayan a cumplir, pero sí que tendremos las herramientas necesarias para ello. Tendremos al menos una posibilidad.

¿Y en qué podría consistir el sistema de control?

Pues en un conjunto de instituciones públicas y privadas, internacionales, nacionales y empresariales, similares a los organismos de control que existen en la actualidad para otras tecnologías como la nuclear o el medio ambiente.

Evidentemente el ser humano no puede permitirse la inoperancia que en muchos rincones del mundo tienen estas instituciones internacionales, por lo que la lucha por definir competencias y recursos será tan dura como pueda serlo el mismo camino a la singularidad.

Tampoco será fácil consensuar un mínimo sistema de normas comunes que deban seguirse por parte de todos los agentes implicados en la política y la economía mundiales hoy en día.

Integrar filosofías, religiones, sistemas políticos diferentes, ideas empresariales, ambiciones personales, sueños colectivos, derechos humanos, legislaciones medioambientales, leyes internacionales, seguridades nacionales, intereses políticos y cada una de las facetas del saber y las relaciones humanas, y todo ello en un entorno cada vez más cambiante, es una tarea titánica, pero no imposible. Y como hemos dicho, es imprescindible.

Y urgente.

Comenzar ahora a analizar los cambios y cómo podemos integrarlos en nuestras vidas nos da los meses suficientes de adelanto como para no estar al filo de todo el proceso.

Fijaos que hablo de meses, pues es el período mínimo en el que muchos expertos creen que empezarán a producirse los cambios radicales a los que hacemos referencia. Comenzarán primero como una pequeña y suave pendiente en el progreso tecnológico, económico y social, para ir acelerándose sin que nos demos cuenta de ellos, hasta que un día, sin apenas haber percibido esos cambios trascendentales si no estamos sobre aviso, nos encontremos en la cuesta arriba de la pendiente del cambio, y no podamos seguirla.

Es necesario empezar desde ya mismo a definir nuestra postura común hacia la Singularidad. Al resultado positivo de ello, a esta Singularidad controlada es a lo que llamamos Singularidad Blanca.

A estas alturas a muchos, queridos lectores y compañeros del camino, os habrá entrado vértigo. Enfrentar los cambios que nos llevan al futuro puede producir ese efecto en cualquiera, y más si es la primera vez que meditas sobre el asunto.

Para calmar tus ánimos te voy explicar un pequeño truco que yo suelo hacer de vez en cuanto.

Mira hacia atrás en el tiempo, mira lo que la especie humana ha pasado hasta llegar a donde está hoy. Guerras, plagas, hambre, genocidios, crisis económicas, desastres ambientales, catástrofes naturales, dramas personales.

La división, los conflictos, las mezquindades individuales han marcado nuestra historia tanto como los actos de generosidad y el progreso, y va siendo hora de ponerle fin a eso.

La Singularidad es la forma de hacerlo.

Los beneficios de lograr una Singularidad Blanca, un progreso controlado, son tan grandes que no podemos darles la espalda.

El fin de la escasez y el hambre en el mundo, una riqueza sin límites para todos, la libertad completa apoyada en el conocimiento absoluto, la salud perfecta y un sin fin de posibilidades de ocio y de creación.

Lo que promete la Singularidad, y es por eso que muchos la asocian a una religión, no es el Paraíso. Lo que promete es convertirnos a todos en dioses.

Y eso da vértigo.

Pero el pasado es un mundo moribundo, que debemos reverenciar y respetar como en el relato de El Último Hombre, pero no es algo que deba atarnos para afrontar nuevas opciones en el futuro, ni impedir que seamos los dueños de nuestro propio destino.

Tampoco debe atarnos para cambiar nuestra forma de vida. No es fácil renunciar a un modelo de vida establecido, pero el cambio es positivo si se controla, y a eso es a lo que debemos aspirar.

Ahora mira hacia arriba.

Creemos ser los señores de la creación, pero nadamos en un charco, y somos como amebas. Amebas muy especiales, sí, pero amebas. Desconocemos el medio que nos rodea, no conocemos ni los límites de nuestro propio mundo, ni nuestra posición dentro del ecosistema.

Creemos saberlo todo y vivimos en un granito de arena que flota en un universo inmenso, más grande de lo que podemos concebir.

Nuestro planeta es sólo uno, dentro de la decena, que habitan el siste- ma solar. No es el más grande, ni el más cercano al sol. Ni siquiera tenemos la certeza de que sea el único que tenga, o haya tenido, vida. Existen posibilidades de encontrar vida o rastros de ella en dos o tres sitios más sólo dentro de nuestro propio sistema solar.

Ahora salgamos fuera, y vamos a hacer un ejercicio.

Piensa que nuestro sistema solar vale un euro. Que podrías comprar todo lo que en él existe, nuestro sol, miles de veces más grande que la Tierra, nuestra civilización completa, la biosfera terrestre, los otros planetas, los asteroides, las lunas, los anillos de Saturno, todo. Por un euro.

Nuestro sistema solar está situado en el brazo exterior de una galaxia espiral, alejado del centro galáctico decenas de miles de años luz. Y com- partimos hogar con trescientos o cuatrocientos mil millones de estrellas.

Si cada una valiese un euro, tendríamos casi medio billón de euros probablemente. Cuatrocientos mil millones de euros.

Y cada uno de ellos puede tener múltiples planetas a su alrededor, como demuestran las observaciones de varios sistemas cercanos. Se han encontrado unos setecientos planetas fuera del sistema solar hasta el momento. Y aunque nuestra tecnología lo hace complicado, porque no podemos observar planetas pequeños todavía, es posible que haya muchos más, y que sean capaces de albergar vida.

Cuatrocientos mil millones de estrellas con docenas de planetas a su alrededor. Y el número de planetas sin estrella puede ser inmenso también.

Bien, ya eres rico, pero como eres una persona generosa decides cambiar esa enorme riqueza, más de la que jamás haya visto nunca nadie en este mundo, por sólo un euro.

Tu galaxia, la Vía Láctea vale un euro.

No importa, sigamos expandiendo nuestro campo de visión. Resulta que cerca nuestro hay otra galaxia todavía mayor, y docenas de pequeñas galaxias globulares que son como satélites de nuestra propia galaxia y nuestra pareja, Andrómeda.

Un poco más lejos, cúmulos de galaxias nos reciben, y si sigues alejándote te das cuenta de que el número de galaxias puede ser de cientos de miles de millones. Volvemos a tener una auténtica fortuna.

En la decena de miles de millones de años que lleva existiendo el universo es posible que en muchas de ellas alguien se haya hecho estas mismas preguntas. Lo que vemos ahora es lo que había en ese lugar hace mucho tiempo, por lo que puede que hayan desaparecido, o se hayan fusionado con otras galaxias, o que hayan surgido nuevas desde las colosales nubes de gas.

Cien mil millones de euros.

Si lo pensamos, el número de planetas en el universo puede superar los veinte, treinta o cincuenta mil trillones de planetas. Millones, de millo- nes, de millones.

Y tú habitas uno de ellos.

Y por lo que parece, quizás nuestro universo sólo sea uno entre muchísimos más que comparten este cosmos con nosotros.

Te preguntarás por qué digo que este pensamiento me anima cuando contemplo el futuro. Bien, examina conmigo lo que hemos logrado en esta pequeña roca, la espléndida civilización que, con sus defectos, hemos creado entre todos.

¿No es una buena carta de presentación para reclamar un lugar en este sitio tan grande que es el Cosmos? Quizás no sea perfecta, pero no es una mala carta. Y podemos mejorarla juntos.

Podemos crear unidos, restaurar el medio ambiente, gestionar los procesos tecnológicos y científicos que nos harán más sabios sin destruirnos, y llegar hasta la Singularidad, momento en el que nuestro conocimiento y nuestra inteligencia se dispararán.

Como he dicho, algunos relacionan la singularidad con una religión. Pero de serlo es una religión curiosa, porque no ofrece respuestas, sino la posibilidad de contestarlas tú mismo, y de abrir nuevas preguntas.

No te garantiza nada, excepto la oportunidad de encontrar lo que buscas.

El futuro te espera, abrázalo