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White Singularity: Prosumismo

Prosumismo

Piensa en tu vida, mira tu trabajo, si lo tienes, y contempla lo que produces y lo que consumes. Seguro que estás pensando sólo en lo que pagas con dinero, en lo que ganas, lo que facturas o lo que compras.

El dinero es una cosa muy útil, que ha ayudado a crear nuestra civilización facilitando hasta el exceso las transacciones de bienes y servicios. Pero no es la única forma de intercambio. Existen otras, como el trueque.

El ganar dinero ni siquiera es lo único que motiva a alguien a producir un bien, o a prestar un servicio. Muchas veces creamos cosas o prestamos un servicio sin esperar una recompensa económica. ¿O a caso cuando cuidas de tu hijo, le fabricas un avión de aeromodelismo, llevas a tu mujer o tu madre al médico, les cobras? ¿Y cuándo recoges una bandeja en el restaurante de comida rápida, te paga algo el restaurante? ¿O cuando actualizas tu libreta en el cajero, o cuando cuidas de un enfermo, o colaboras en alguna actividad de barrio?

A todo lo que creamos, producimos y construimos sin esperar una transacción monetaria a cambio Alvin Toffler lo llama prosumismo.

El prosumismo, por no utilizar otra definición, es todo el conjunto de bienes y servicios que las personas producen para consumir por sí mismos, sin esperar recompensa monetaria por ello.

Ese “por sí mismos” abarca una definición muy amplia. Pueden ser nuestros familiares, nuestros amigos, vecinos o completos desconocidos.

Porque lo importante de prosumir es que requiere que no exista transacción monetaria de por medio, no importa conocer a quien se beneficia de nuestro esfuerzo, ni los motivos por los que realizamos dicho esfuerzo. Sólo se requiere que nadie venda ni compre con euros, dólares, ni cualquier otra moneda aceptada.

Prosumismo es todo aquello que creamos y que no es medido por la economía tradicional. Son aquellos bienes y servicios que todos hacemos para nuestro propio disfrute y el de la gente.

Prosumismo es, como hemos dicho, crear una página web que la gente podrá leer, o un blog en el que no vendas nada. Prosumismo es hacer una tarta para un cumpleaños familiar, es educar a un niño, escribir un poema a tu pareja, preparar un viaje con amigos, cuidar de tu abuelo enfermo, reparar un banco del parque.

Es toda la riqueza que creamos fuera de nuestros trabajos.

Y es mucha riqueza.

Piensa en todo lo que haces fuera de tu trabajo habitual, en todos los servicios que das a tu familia de forma desinteresada, en las reparaciones que haces en casa, en el blog que escribes, el árbol que plantas, las cenas para los amigos, la obra de teatro en la que participa tu hijo.

Y ahora multiplica eso por miles de millones de seres humanos haciendo lo mismo.

Toffler estima que la riqueza creada por las personas como prosumidores es igual a la creada por esas mismas personas cuando actúan como trabajadores.

Eso es mucho dinero. Es mucha riqueza. Y aumentará.

Las posibilidades del prosumismo se verán incrementadas exponencialmente por las tecnologías que estamos describiendo en este libro. La biotecnología, la nanotecnología, la impresión 3D, las nuevas energías renovables, se combinarán para aumentar las capacidades de los seres humanos a la hora de satisfacer sus propias necesidades y las de otros.

Así que si alguien espera que en nuestra sociedad la riqueza se multiplique sólo por el trabajo que realizan las empresas y las instituciones gubernamentales, que se olvide de ello. Las personas pueden tomar el pulso de la creación de riqueza, fomentando la creatividad, la productividad y los servicios disponibles a nivel mundial muy por encima de lo que conseguiría la economía tradicional.

Y lo van a hacer. Cambiando los fundamentos de creación de bienes, servicios y experiencias.

La pregunta que queda por hacer es ¿qué puedes hacer tú? la respuesta, ya la sabes. Y mejor que nadie.

White Singularity: Imprimiendo el futuro

Imprimiendo el futuro

Quienes conozcan un poco la historia de alguna de las tecnologías, hoy en día consideradas de masas, verán una pauta bastante común que suele repetirse.

Generalmente alguien crea un aparato, ya sea un ordenador, un teléfono móvil, un disco duro portátil, una impresora, y la lanza al mercado.

Al principio, sólo los organismos gubernamentales y las grandes empresas suelen utilizarlo, y no es menos cierto que suele haber alguien importante que suele salir diciendo algo como…”no creo que la tecnología x salga nunca más allá del ámbito empresarial”.

Décadas después, ésta tecnología no sólo es algo que está en cada hogar, sino que ha mejorado sus prestaciones, reducido su tamaño y bajado su precio.

Lo mismo puede ocurrir con la tecnología de las impresoras 3D.

Aparatos voluminosos que utilizan diversos materiales de plástico o resina para crear modelos en 3D, estas impresoras están llamadas a reducir su tamaño y su precio al tiempo que aumentan sus prestaciones.

Ya existen impresoras 3D comerciales, ya existen redes P2P que intercambian plantillas para la impresión de objetos.

Están aquí, ¿has oído hablar de ellas?

Quizás en los próximos años lo hagas. Pues traen la revolución a tu forma de comprar desde casa.

Imagina que estás navegando por Internet, y decides comprarte unas cómodas zapatillas. No tendrás que ir a la tienda a por ellas, ni tendrás que esperar a que ningún pedido entre por tu puerta de la mano del cartero, o de un mensajero.

Bastará que adquieras el producto para que tu impresora 3D fabrique en minutos un duplicado perfecto de ese modelo. Incluso no necesitarás ni probártelo, porque tu ordenador reconocerá las medidas de tus pies y creará tus compras con el tamaño perfecto adaptado a ellos.

Al principio, los productos que se podrán comprar serán simples, de re- sina o plástico monocolor.

Pero poco a poco se irán ampliando sus capacidades.

Impresoras multicolor que harán preciosos adornos para la fiesta de los niños, nuevos materiales, como metales o resinas porosas, o plásticos que imiten el tacto y el color de la piedra, el metal o la madera.

Tras del paso de la impresión en 3D por nuestras vidas, el mundo de la distribución no volverá a ser igual. Las distancias prácticamente desaparecerán, el tiempo se acortará, y las formas de comprar se multiplicarán.

Podrás elegir entre comprar algo en una tienda, comprarlo por internet original, o comprar su plantilla para imprimirlo inmediatamente en casa.

Evidentemente, la gente valorará los productos originales, pero para un consumo rápido un objeto impreso nos servirá de la misma forma.

Pensemos un momento en un sector como el de los fascículos de kios- co. Adquiriremos las piezas de la colección por internet, y las iremos comprando mes a mes, imprimiendo los coches, aviones, piezas de barco, dedales o lo que sea que deseemos comprar. Podremos engancharnos a una colección a la mitad, y fácilmente comprar los capítulos anteriores e imprimirlos, completando nuestra colección.

Seguramente también se llegue a imprimir libros, ropa o adornos.

Se conectarán estos aparatos a la televisión para poder comprar lo que veamos en los anuncios. El concepto de teletienda tampoco volverá a ser igual.

Al principio las impresoras 3D serán algo exclusivo de unos pocos, pero a medida que su tecnología se difunda, más familias y empresas las utilizarán para los más variados propósitos.

Junto con una gran variedad de nuevos aparatos de fabricación digital, esta tecnología convertirá nuestros hogares en fábricas y a nosotros, prosumidores convencidos y entusiastas, en potenciales diseñadores industriales.

Cualquiera podrá diseñar el nuevo objeto de moda, patentarlo, o piratearlo, y hacerse muy rico con cualquiera de las opciones.

Podremos convertir nuestros hogares en estudios de diseño, y cada vez que alguien use o imprima alguno de nuestros diseños, cobrar una canti- dad, o tal vez elijamos liberar nuestras creaciones para que beneficien a la Humanidad, uniéndonos al creciente movimiento de las “piezas libres”.

Y como en todo, seguirá habiendo clases y categorías.

Tendremos en el mercado las pequeñas y versátiles impresoras corporativas, y existirán múltiples tipos especializados de uso empresarial.

Eventualmente esas impresoras también se reducirán y llegarán a los hogares, pero mientras esto ocurre, veremos cómo las empresas prestan multitud de servicios con ellas.

La medicina se beneficiará, y mucho, de ellas.

Se ha hablado de la generación de órganos a partir de células madre, pues bien, con estas impresoras podremos tomar una célula de un paciente y crearle un órgano, el que sea, en cuestión de horas.

Podremos imprimir un hígado, un pulmón o un corazón. Sin riesgo de rechazo.

Suena a ciencia ficción ¿verdad? Ya se está haciendo. Estos días en los que escribo estas líneas se ha conocido la noticia de que se ha impreso una arteria funcional rudimentaria.

¡Sorprendente!

Otros muchos negocios se verán modificados también.

¿Por qué no mejorar las impresoras 3D de alimentos que ya existen?

Máquinas que impriman en polvo las partes básicas de un refresco y las añadan a agua para crear cócteles y bebidas. También se está haciendo ya.

¿O máquinas que impriman una pieza o repuesto en el momento, eliminando los tiempos de espera y los caros stocks de servicios técnicos de coches, ordenadores y electrodomésticos? ¿O casas completas como se está proponiendo?

Y esto es sólo el principio.

En el momento en que la tecnología nano, la nanotecnología, llegue a hacerse tan común que pueda ser usada con seguridad en empresas corrientes y en los hogares, las viejas y obsoletas impresoras 3D se verán apartadas a un rincón y dejarán paso a las flamantes máquinas de nueva generación.

Estas impresoras de nanotecnología, aumentarán exponencialmente la complejidad de los productos impresos, y al no verse limitadas a usar ningún cartucho de material caro, reducirán el coste de impresión, así como la mejora de la calidad del acabado.

Podemos soñar, incluso, con usar los residuos de nuestra propia casa para alimentarlas, en un remedo de reciclaje tecnológico que daría origen a nuevos productos a partir de las sobras de la cena.

Quienes hayan seguido el razonamiento hasta aquí, seguramente se hayan dado cuenta de que todas estas tecnologías contribuyen a crear riqueza de una forma como jamás se ha soñado en la historia de la Humanidad, y a transformar el modelo de escasez actual y cambiarlo por uno de abundancia sin más límites que la energía.

¿Qué sentido tiene acaparar materias primas, oro, piezas o riquezas materiales en un mundo así? Asistiremos a una explosión del valor del conocimiento, en detrimento de aquellos elementos materiales que, hoy en día, son ya cada vez menos una fuente de riqueza.

Es un viaje asombroso, sin duda, y en él veremos también la lucha entre la economía oficial medida por contables y economistas, y la economía no oficial, mantenida al margen de estadísticas y PIB ́s, y que ahora mismo está volando por debajo del radar de todo el mundo y cambiando nuestras sociedades.

Alvin Toffler llamó a esto, Prosumismo. Y ya ha cambiado el mundo.

White Singularity: Nanotecnología… ¿o un billón?

Nanotecnología… ¿o un billón?

El siguiente paso es mucho más complejo, y por suerte más lejano.

La robótica y la biotecnología son conceptos que sabemos y podemos manejar a nivel diario. Intuitivamente comprendemos que se pueden modificar las leyes de la vida, o crear máquinas y robots.

Todos entendemos cómo puede cambiar el mundo si metemos un robot asistente en casa, si nuestro coche es autónomo o si tenemos miles de productos nuevos que compramos en el supermercado.

Pero la nanotecnología es más compleja de manejar.

Es cierto que al principio comenzará a implantarse a través de pequeñas mejoras en los productos, pero el gran cambio que supone, el shock radical que esta tecnología propone, merece que nos detengamos un momento a explicarlo.

La nanotecnología es la ciencia de lo pequeño, la técnica de manejar, ensamblar, reconstruir, estudiar, mover, ver y crear objetos a partir de átomos.

La biotecnología podría parecer algo revolucionario porque puede tra- bajar con genes, bacterias y virus, pero la nanotecnología está varios órdenes de tamaño por debajo de eso.

Maneja átomos, maneja moléculas y promete construir máquinas del tamaño de estas piezas fundamentales de la materia.

De hecho, ya lo está haciendo.

¿Y por qué esto es al mismo tiempo tan peligroso y tan fantástico? Porque durante su desarrollo último, si alcanzase el máximo potencial que se la supone, permitiría hacer cualquier cosa. Cualquier cosa.

Repito. Cualquier cosa.

Espero que la idea haya calado hondo, por si acaso, volveré a repetirlo, si me lo permitís.

Cualquier cosa.

En sus comienzos, siguiendo una evolución lógica, se crearán productos con métodos de fabricación nanotecnológicos, que incorporarán propiedades únicas. Ropa que no se ensucia o arruga, mejores procesadores, discos ópticos con mayor capacidad, sensores ambientales y toda una panoplia de productos, que competirá con los obtenidos mediante biotecnología, por tener un espacio destacado en los estantes de los su- permercados.

Después, a medida que vaya avanzando la tecnología y la industria, serán los mismos productos que consumimos los que se creen a nivel nano para llenar nuestros hogares de aplicaciones comerciales, sanitarias, ambientales…pasaremos de tener miles de robots en casa a tener billones de ellos.

No es descabellado especular con que se podrán crear edificios en un sólo día, de la nada, usando sólo arena y polvo como materia prima y luz solar como fuente de energía. Utilizando para ello el increíble potencial de replicación a nivel molecular de los nanorobots.

Podrá construirse comida a partir del aire y el agua, y agua e infraestructuras a partir de arena del desierto y el aire.

Se especula que podrán crearse máquinas que repararán nuestras células, o las sustituirán, o que se unirán a nuestras neuronas formando parte de nuestro sistema nervioso. Tendremos en nuestro interior una miríada de máquinas diminutas que ampliarán nuestras capacidades, extenderán la vida y multiplicarán nuestra inteligencia y nuestras capacidades mentales.

Se estudia enviar sondas con cargamento nanotecnológico e impresoras 3D a otros planetas para que creen ciudades completas y autosuficientes, por si el ser humano desea expandirse. Los viajes espacia- les adquirirían una nueva dimensión cuando los colonos lleguen a un nuevo planeta y encuentren todas las infraestructuras que necesiten construidas y en funcionamiento. Huertos en invernadero, ciudades, fábricas de nanoensambladores, aeropuertos, medios de transporte, laboratorios, bosques, selvas y cualquier cosa cuyos planos (tecnológicos o de ADN) puedan viajar grabados en las memorias de los discos duros de los nanites, o serles transmitidos.

Podrán también desmantelarse asteroides a distancia, para fusionarlos en materiales con características que sólo pueden darse en el espacio.

Veremos materiales increíbles, creados molécula a molécula, y podremos conectar nuestras mentes y cerebros durante reuniones de trabajo, o durante el sexo.

Tendremos un paraíso en la Tierra, y seguramente podríamos colonizar el espacio con rapidez, expandiéndonos a otros planetas.

La nanotecnología nos permitiría obtener todo lo que necesitemos, allí donde vayamos.

Sin embargo, es posible que en el camino de búsqueda de este paraíso encontremos nuestra propia muerte, a manos de una plaga blanca y otros peligros, que se explicarán en su capítulo correspondiente.

Pero antes de que esto ocurra y de que la nanotecnología sea una técnica tan dominada y extendida como puedan ser hoy en día la fabricación de automóviles, la informática, la telefonía móvil o la agricultura, veremos pequeños pasos en pos de la consecución de la visión de una industria nanotecnológica completamente operativa. Pasos diminutos que serán, sin embargo, grandes para la Humanidad.

El campo de la medicina es uno de los que primero notarán la presencia de esta nueva revolución. Veremos cómo se crean máquinas y sensores minúsculos que nos ayudan en el hogar, y cómo se encuentran aplicaciones médicas para combatir el cáncer y otras enfermedades reduciendo sus efectos secundarios.

La quimioterapia cambiará completamente, en la medida que los pro- ductos que ahora se difunden por todo el cuerpo afectando a células sanas y enfermas por igual, serán aplicados únicamente a las células cancerosas, reduciendo al mínimo los efectos secundarios y aumentando enormemente la eficacia de los tratamientos, y la esperanza de curación.

Con el tiempo, nuestros hogares también se verán revolucionados. Productos cotidianos hoy en día verán sus capacidades aumentadas por esa tecnología y su aplicación a ellos. Detergentes mucho más eficaces y ecológicos que los actuales, ropa inteligente y productos de consumo de capacidades ampliadas.

Células solares mucho más eficientes y baratas alimentarán las ansias de consumo energético de nuestros hogares. Discos duros cien, mil o diez mil veces más potentes estarán conectadas por conexiones ultrarrápidas de nanotubos de carbono, y serán alimentados por una plétora de fuentes externas e internas, que tomarán la forma de sensores de datos también creados mediante nanotecnología.

Estos sensores recogerán datos de todo tipo en el ambiente que nos rodea. Enviarán información útil para la sociedad. Redes de meteorología que aumentarán enormemente su precisión, sistemas de extinción de incendios, biorritmos de toda la familia para añadirlos a los datos médicos de la casa. Cualquier cosa que merezca la pena y sea útil de medir.

Pero nuestros hogares no se verán afectados únicamente por estos nuevos productos, sensores y conexiones, sino que éstos serán sólo un primer paso que se unirá al avance de otras tecnologías, y permitirán el desarrollo de otra tecnología casi tan interesante como las vistas hasta ahora.

La fabricación en casa.

White Singularity: El internet de las cosas, mil robots en cada hogar

El internet de las cosas, mil robots en cada hogar

Tenemos un problema, y seguramente no te has enterado de que existe. Se nos acaban las direcciones de internet, lo que, para que nos hagamos una idea, es como si se terminasen los números de teléfono, y si quisieses uno nuevo debieras esperar a que alguien se dé de baja o se muera para obtenerlo.

Vale, tal vez no sea un problema porque ya existe una solución, aunque muchas compañías que prestan servicios de internet no están preparadas para ello, o no están interesadas en resolverlo rápidamente. De momento, vamos tirando.

Ese problema puede convertirse, sin embargo, en una gran ventaja para la riqueza del ser humano en los próximos años.

Para solucionarlo se está cambiando la tecnología, y en pocos años pa- saremos de tener una dirección de internet (IP) para cada ser humano, a tener 50 billones de billones por cabeza.

Toda una riqueza que traerá la explosión de Internet en todas las face- tas de la vida.

Veremos lo que los expertos llaman el “Internet de las cosas” acercarse a velocidad pausada pero constante, hasta que un día nos demos cuenta de que cada uno de los aparatos de nuestra casa estará conectado a la red, y tendrá su propio número y hasta personalidad propia.

Se conectarán, además de ordenadores, tablets y teléfonos, nuestros electrodomésticos, coches, placas solares y oficinas. Pero también nuestros juguetes, nuestros marcos de fotos, los cuadros que compraste en tu últi- mo viaje, tu reloj, la ropa que llevas puesta y la del armario.

Y junto a la implantación de las etiquetas RFID en el proceso de producción y distribución, el internet de las cosas propiciará el nacimiento de nuevas formas de interactuar con el mundo físico y digital que nos rodea. Por ejemplo, nuestro teléfono y el coche, o nuestra ropa y el aire acondicionado estarán conectados los unos a los otros, y cuando nos acerquemos a casa la climatización se activará sola según nuestras preferencias.

No hará falta ni enviar un mensaje de móvil. Tampoco programar el sistema. Bastará un corto período de aprendizaje y nuestro aire acondicionado aprenderá las preferencias familiares y las implantará en función de quienes estén en casa, quienes vengan, o quienes se vayan.

Lo mismo ocurrirá con nuestros automóviles.

Estarán conectados a la red por sí mismos, y se adaptarán a nuestra forma de conducción y nuestras preferencias.

Pero no terminarán ahí las novedades.

Imaginad un salpicadero y una luna frontal de alta tecnología en el que se irían mostrando imágenes, que ayudarían al conductor (información de tráfico, noticias, el tiempo, distancia con otros coches, etc.).

También es de suponer que cada uno llevaría un potente ordenador capaz de controlar el interior y el exterior del coche, seguramente con reconocimiento de voz para interactuar con los pasajeros o con otras personas.

Y que al mismo tiempo, los coches permitirán el uso de aplicaciones integradas, propias del fabricante o de terceros, Apps que podrían ayudar a mejorar la experiencia y las posibilidades de semejante plataforma tecnológica.

¿Os imagináis una gama de cientos de miles de apps que puedan ser manejadas por la voz del conductor, o a través de paneles táctiles en los asientos de pasajeros? ¿O proyectar en las ventanillas laterales o en vues- tros tablets, teléfonos o relojes la historia de los lugares que vais recorriendo o sus sitios turísticos de interés?

¿Y personalizar el tipo de información que se quiere recibir? ¿Ecológica/medioambiental? ¿Económica? ¿Leer el periódico de forma segura en medio de un atasco? ¿Conocer la posición de las estrellas desplegando un mapa interactivo en el parabrisas?

¿Se conectarán nuestros frigoríficos a los de nuestros vecinos para unirse a la hora de hacer pedidos de compra y reponer a un precio más barato?

Quizás surjan comunidades de usuarios que creen aplicaciones, para innovar o compartir nuevos usos para nuestros objetos inteligentes, y las modas irán y vendrán, adaptándose a nuevas capacidades.

Y estamos hablando sólo de uno o dos aparatos.

Multiplicadlo ahora todo por los mil aparatos del hogar y la oficina. Zapatos y ropa conectados que transmiten datos de nuestra salud a cada hogar, quien actuaría como nuestro médico particular, recopilando datos de todas nuestras actividades diarias, del estado de salud de los miembros de la familia, de nuestro estilo de vida, y el de toda familia y acudiendo a internet y a supercomputadores de diagnóstico especializados que ya están siendo creados ahora mismo, para anticipar cualquier tipo de enfermedad.

WC ́s que realizarían análisis de orina, o de heces, los frigoríficos revisarán nuestra comida, los cubos de basura los desechos, las camas nuestra forma de descanso, nuestros móviles descifrarán el ADN. Todo un completo estudio sobre los miembros de la familia.

No sería extraño que nuestros invitados tuviesen que firmar un documento que permita a nuestra casa conectarse con la suya para intercambiar datos privados, o ver a padres dando el consentimiento para que las escuelas recopilen estos datos sobre sus hijos para prevenir epidemias de gripe o cualquier otra enfermedad.

Tampoco sería raro ver a nuestros hijos interactuando con juguetes co- nectados a los juguetes de sus compañeros de guardería, continuando sus clases y sus juegos fuera del horario lectivo, pero desde nuestras propias casas.

Igual que los portátiles han redefinido el trabajo, el internet de las cosas cambiará el estado de vida privada y pública, y las relaciones entre hogares.

Los límites se difuminarán.

A medida que la complejidad de estas redes aumente, y se incremente la inteligencia de los objetos y la inteligencia de los servidores a los que se conectan, cada elemento de nuestro hogar se transformará en un ser se- miautónomo pero conectado también al resto de objetos de la red, para hacer nuestras vidas más agradables y enriquecidas.

Llegará el momento de decir que tenemos no un robot en cada hogar, sino mil.

 

White Singularity: Radio frecuencias

Radio frecuencias

A este cambio de papeles en casa y en el trabajo le acompañarán otros, mucho más impactantes socialmente.

Aunque no nos demos cuenta, una nueva generación de sistemas de gestión logística está naciendo. Los sustitutos de los códigos de barras, las etiquetas de Radio Frecuencia (RFID), prometen una revolución en el control, distribución y comercialización de los productos.

Ya es posible, conocer el ciclo de vida de la más mínima unidad de pro- ducción, ya sea una lata de conservas, un champú o un ordenador.

Estas etiquetas pueden almacenar información, y dicha información puede ser leída fácilmente si se dispone del lector apropiado.

Esto cambiará no sólo los departamentos de logística de las empresas, haciéndolos mucho más eficientes y versátiles, sino la comercialización de los productos. Los grandes almacenes, y las pequeñas tiendas que se adapten a ello y se lo puedan permitir, podrán saber con anterioridad, sin ningún trabajo manual, qué productos están a punto de caducar o hay que reponer .

Las líneas de caja también se verán obsoletas.

Técnicamente, una etiqueta RDFI permite que un cliente llene varios carritos de productos, pase por una línea de cobro, y un lector lea y cobre instantáneamente los mil productos que lleve en un segundo. Sin necesidad de intervención humana.

La fase de seguimiento de productos también cambiará.

Será posible que cada comercio al que vayamos lea las etiquetas de los productos que hayamos adquirido, para ofrecernos una mejor experiencia de compra adaptada a nuestros gustos, con el obvio riesgo para la intimidad personal que esto supone.

Por último, la gestión del reciclaje y los residuos también se verá transformada cuando sepamos inmediatamente si un paquete de desechos está compuesto de plásticos, metal o cartón.

Es una tecnología a la que le quedan muchos detalles técnicos por mejorar, pero que promete un grado de control logístico apabullante si logra superar estos retos.

White Singularity: La Reconquista del salón

La reconquista del salón

Nuestros hogares se preparan para una cruenta batalla en la que se decidirá quién es el electrodoméstico rey de nuestro salón. La televisión, lejos de darse por vencida ante sus recientes acosadores, portátiles, tablets, consolas y discos duros, ha aprendido la lección y está ganando en versatilidad y conectividad.

Los últimos años parecían entregados a la tarea de destronar a la televisión como centro de entretenimiento (por lo menos, a la emisión de televisión), al igual que ella lo hizo con la radio.

Los ordenadores ganaban cuota de atención de las familias, los tablets han aparecido con fuerza, el P2P y el streaming han puesto a disposición de los hogares una miríada de series, películas, música y contenidos que superan con creces la oferta de los canales tradicionales. Ni siquiera los canales de pago podían competir con esa versatilidad.

Sin embargo, escarmentados en carne ajena, los fabricantes de televi- sión están dotando a sus productos de las características que los usuarios echaban en falta, y que les habían hecho fijarse en otros productos.

La conexión a Internet, la posibilidad de almacenar la programación, el control por gestos, o por voz, el uso de aplicaciones específicas y juegos. Todas estas novedades se están unificando en los modernos televisores inteligentes para tratar de competir con sus rivales.

Y la tendencia crece.

Surgen más nuevas aplicaciones cada día, para las diversas plataformas, están convirtiendo nuestro televisor en el equivalente de salón y sofá de un ordenador o una tablet con esteroides. La posibilidad de navegar por la Red, usar redes sociales, hablar con nuestros amigos, o cualesquiera de los usos que Internet permite, serán un duro rival para los ordenadores.

También los usos comerciales experimentarán una expansión.

Las plataformas se adaptarán a las teletiendas para incluir más pro- ductos, y es de esperar que los fabricantes lleguen a acuerdos con potentes compañías multinacionales de distribución para desarrollar la compra desde casa a través del televisor. Ir a la compra adquirirá un nuevo sentido cuando podamos pasear por los estantes del supermercado, comprar y pagar desde nuestro mando a distancia táctil, o hablándole a nuestro televisor.

Los juegos también se unirán a esta fiesta del ocio, pudiendo ser descargados y disfrutados de forma inmediata en nuestro salón, y el reconocimiento de gestos y de voz, así como la posibilidad de conectar nuestros televisores a la red permitirán inmensos campeonatos en juegos online con familiares o con completos desconocidos.

Igualmente, la integración del televisor inteligente con nuestro hogar, le convertirá en una pieza clave dentro de la domótica de casa. Conectados a nuestros móviles, webcam, tablets o coches, serán fundamentales en la gestión de nuestra vida, que tenderá a ser cada vez más cómoda.

Calentar el coche en invierno antes de llegar a él, preparar las vaca- ciones desde el televisor y enviar toda la información del viaje a nuestro vehículo, poder visualizar las series, programas, o juegos comprados en nuestro televisor desde nuestros smartsphones o los tablets, o viceversa, son sólo unas pocas de las múltiples posibilidades que pueden surgir.

La integración de tecnologías y aparatos será fundamental.

Y no quedará ahí la cosa. Nuevas tecnologías como la háptica nos permitirán expandir las sensaciones que hoy nos transmiten el sonido envolvente, el 3D o la realidad ampliada, al tacto o al olfato, y podremos llevar nuestra televisión en el móvil, en el reloj, en el coche o en nuestros propios ojos con gafas inteligentes o con lentillas de informática vestible que proyectarán sobre nuestros ojos los programas de televisión.

Y a esa versatilidad de hardware y software se unirán los contenidos.

Los canales de televisión tradicionales conseguirán, si son lo suficientemente previsores, aprovechar toda esta flexibilidad para hacer propuestas de ocio más versátiles y adaptadas. Podremos programar nuestra propia emisión como queramos, en función de multitud de parámetros.

Nuestras aficiones, nuestros intereses, nuestro estado laboral, civil, anímico. El televisor podrá reconocer nuestro estado de ánimo, y ofrecer- nos una programación acorde a él, según lo hayamos programado.

De la misma forma, nuestra caja “ya no tan tonta” podrá saber quiénes están presentes en el salón, y en función de las directrices dadas, adaptar la programación ¿Os imagináis que nos ofrece para que juntos podamos elegir, dejando fuera los contenidos inadecuados. No sólo eso, también podrá conectarse con nuestro hogar para ofrecer una experiencia completa controlando luces, temperatura, llamadas de teléfono, cualquier cosa que sea susceptible de intervenir en la experiencia de ocio.

El televisor, probablemente, volverá a ser el centro del ocio y el disfrute familiar, pero de una forma mucho más flexible y adaptada.

White Singularity: Un robot en cada hogar

Un robot en cada hogar

Seguramente, antes de que alcancemos la inmortalidad biológica, y probablemente al mismo tiempo en el que los productos biotecnológicos comiencen a llegar a las estanterías de los comercios, asistamos a otra revolución de la mano de la tecnología, la llegada de los robots de consumo.

Hasta ahora, la robótica ha logrado importantes avances en campos como la medicina, la producción industrial, y todo lo relacionado con tareas fácilmente programables y realizables por máquinas. Los robots de hoy en día han visto como una increíble competencia surgía cuando parecían ya estar destinados a dominar el medioambiente fabril de producción: la mano de obra barata en países en desarrollo. La habilidad del ser humano para adaptarse, aprender, innovar o mejorar, incluso en tareas que parecerían dar una ventaja clara y una superioridad a la robótica, ha hecho que volvamos a llenar de obreros explotados y masificados las fábricas del mundo de la que salen nuestros productos de consumo.

No parece posible que en los próximos años esta tendencia vaya a revertirse rápidamente, pues el coste por pieza sigue siendo mucho más reducido en fábricas con mano de obra intensiva que en aquellas que invierten en tecnología y equipos robotizados. Por lo menos, para aquellos productos de poca complejidad, o para rematar tareas pequeñas en productos más complejos.

Sin embargo, a una década vista, la perspectiva es muy diferente y dinámica.  A medida que los robots mejoren, no sólo en su hardware y sus capacidades de rapidez, precisión y funcionamiento, sino en sus capacidades adaptativas a diversas funciones, veremos cómo esta tendencia se invierte y una nueva ola de máquinas robóticas de todo tipo invaden nuestras fábricas y nuestros centros de producción.

Esta nueva generación de robots más funcionales, y más inteligentes, encontrará potenciales nichos de mercado en otros sectores, como el sector de la asistencia y el consumo doméstico.

No sería extraño ver robots antropomórficos, o con las más variadas morfologías, invadir, poco a poco al principio, en tropel imparable después, los hogares y oficinas mundiales.

Prestando servicios sencillos al principio, pero mucho más variados de los que podemos imaginar ahora, y con capacidad para aprender, actualizar su programación y satisfacer un creciente número de necesidades.

Cada semana asistimos en las noticias a la presentación de algún nuevo robot que nos sorprende por su parecido a un ser humano, en su apariencia, en sus movimientos, o en cualquier faceta que nos recuerde vagamente a nosotros.

Sin embargo, se avecinan extrañas aplicaciones que en nada recordaran a capacidades humanas, y que serán mucho más sorprendentes. Por ejemplo, podrán estar conectados a la red eléctrica y servirnos para recargar la batería de nuestro automóvil si lo necesitásemos. O disfrutaremos gracias a ellos de conexión a nuestro hogar en la distancia, podremos seguramente ver a través de sus ojos y escuchar a través de sus oídos con nuestro móvil, y serán nuestros guardianes, nuestras niñeras, nuestros cocineros, y eventualmente, nuestros amigos.

En resumen, llegará el día en el que la frase “un robot en cada hogar” no sea más que uno de los múltiples eslóganes publicitarios con los que los fabricantes y vendedores de robots, nos bombardeen en la lucha por nuestra atención y nuestro dinero.