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White Singularity: Cooperación, huyendo de un mundo moribundo, el Pasado

Cooperación, huyendo de un mundo moribundo, el Pasado

 

Existe otra alternativa a afrontar el camino a la singularidad divididos.

Sería posible, con esfuerzo y visión clara, desde luego, pero posible. Que afrontemos el trayecto apoyándonos los unos a los otros.

Esto no significa que haya que colaborar en todo, ni que las facciones que dividen al hombre vayan a renunciar a la competencia por tratar de imponer su visión del mundo o sus objetivos al resto. Lo que garantizaría esto son dos cuestiones.

La primera, asegurarse de que se hace dentro de un marco estable de normas que permitiría una transición medianamente aceptable a quien quedase atrás. Unas reglas comunes sobre lo que se puede hacer y lo que no, sobre los límites a traspasar y los que no debemos franquear.

Garantizaría también un cierto control centralizado del proceso, sobre todo el proceso, por lo que podríamos estar preparados teniendo más información y los mecanismos para ajustar la velocidad del cambio allí donde se establezca, o acelerarlo en aquellas partes que se estén quedando retrasadas.

Un marco común de normas y reglas y un sistema de control, informa- ción y estudio integral que incluya todas las ciencias, técnicas, sectores industriales y tecnológicos y que abarque todos los rincones del mundo.

Quizás incluso incluya un sistema de acceso basado en valores morales universales, por el que el acceso a las posibilidades de la Singularidad es- tará limitado en función de las aportaciones que cada persona haya realizado al mundo.

Previamente a esto deberemos definir esas normas, evidentemente, y una vez implantadas éstas, nos enfrentaremos al hecho de que el que existan no garantiza que se vayan a cumplir, pero sí que tendremos las herramientas necesarias para ello. Tendremos al menos una posibilidad.

¿Y en qué podría consistir el sistema de control?

Pues en un conjunto de instituciones públicas y privadas, internacionales, nacionales y empresariales, similares a los organismos de control que existen en la actualidad para otras tecnologías como la nuclear o el medio ambiente.

Evidentemente el ser humano no puede permitirse la inoperancia que en muchos rincones del mundo tienen estas instituciones internacionales, por lo que la lucha por definir competencias y recursos será tan dura como pueda serlo el mismo camino a la singularidad.

Tampoco será fácil consensuar un mínimo sistema de normas comunes que deban seguirse por parte de todos los agentes implicados en la política y la economía mundiales hoy en día.

Integrar filosofías, religiones, sistemas políticos diferentes, ideas empresariales, ambiciones personales, sueños colectivos, derechos humanos, legislaciones medioambientales, leyes internacionales, seguridades nacionales, intereses políticos y cada una de las facetas del saber y las relaciones humanas, y todo ello en un entorno cada vez más cambiante, es una tarea titánica, pero no imposible. Y como hemos dicho, es imprescindible.

Y urgente.

Comenzar ahora a analizar los cambios y cómo podemos integrarlos en nuestras vidas nos da los meses suficientes de adelanto como para no estar al filo de todo el proceso.

Fijaos que hablo de meses, pues es el período mínimo en el que muchos expertos creen que empezarán a producirse los cambios radicales a los que hacemos referencia. Comenzarán primero como una pequeña y suave pendiente en el progreso tecnológico, económico y social, para ir acelerándose sin que nos demos cuenta de ellos, hasta que un día, sin apenas haber percibido esos cambios trascendentales si no estamos sobre aviso, nos encontremos en la cuesta arriba de la pendiente del cambio, y no podamos seguirla.

Es necesario empezar desde ya mismo a definir nuestra postura común hacia la Singularidad. Al resultado positivo de ello, a esta Singularidad controlada es a lo que llamamos Singularidad Blanca.

A estas alturas a muchos, queridos lectores y compañeros del camino, os habrá entrado vértigo. Enfrentar los cambios que nos llevan al futuro puede producir ese efecto en cualquiera, y más si es la primera vez que meditas sobre el asunto.

Para calmar tus ánimos te voy explicar un pequeño truco que yo suelo hacer de vez en cuanto.

Mira hacia atrás en el tiempo, mira lo que la especie humana ha pasado hasta llegar a donde está hoy. Guerras, plagas, hambre, genocidios, crisis económicas, desastres ambientales, catástrofes naturales, dramas personales.

La división, los conflictos, las mezquindades individuales han marcado nuestra historia tanto como los actos de generosidad y el progreso, y va siendo hora de ponerle fin a eso.

La Singularidad es la forma de hacerlo.

Los beneficios de lograr una Singularidad Blanca, un progreso controlado, son tan grandes que no podemos darles la espalda.

El fin de la escasez y el hambre en el mundo, una riqueza sin límites para todos, la libertad completa apoyada en el conocimiento absoluto, la salud perfecta y un sin fin de posibilidades de ocio y de creación.

Lo que promete la Singularidad, y es por eso que muchos la asocian a una religión, no es el Paraíso. Lo que promete es convertirnos a todos en dioses.

Y eso da vértigo.

Pero el pasado es un mundo moribundo, que debemos reverenciar y respetar como en el relato de El Último Hombre, pero no es algo que deba atarnos para afrontar nuevas opciones en el futuro, ni impedir que seamos los dueños de nuestro propio destino.

Tampoco debe atarnos para cambiar nuestra forma de vida. No es fácil renunciar a un modelo de vida establecido, pero el cambio es positivo si se controla, y a eso es a lo que debemos aspirar.

Ahora mira hacia arriba.

Creemos ser los señores de la creación, pero nadamos en un charco, y somos como amebas. Amebas muy especiales, sí, pero amebas. Desconocemos el medio que nos rodea, no conocemos ni los límites de nuestro propio mundo, ni nuestra posición dentro del ecosistema.

Creemos saberlo todo y vivimos en un granito de arena que flota en un universo inmenso, más grande de lo que podemos concebir.

Nuestro planeta es sólo uno, dentro de la decena, que habitan el siste- ma solar. No es el más grande, ni el más cercano al sol. Ni siquiera tenemos la certeza de que sea el único que tenga, o haya tenido, vida. Existen posibilidades de encontrar vida o rastros de ella en dos o tres sitios más sólo dentro de nuestro propio sistema solar.

Ahora salgamos fuera, y vamos a hacer un ejercicio.

Piensa que nuestro sistema solar vale un euro. Que podrías comprar todo lo que en él existe, nuestro sol, miles de veces más grande que la Tierra, nuestra civilización completa, la biosfera terrestre, los otros planetas, los asteroides, las lunas, los anillos de Saturno, todo. Por un euro.

Nuestro sistema solar está situado en el brazo exterior de una galaxia espiral, alejado del centro galáctico decenas de miles de años luz. Y com- partimos hogar con trescientos o cuatrocientos mil millones de estrellas.

Si cada una valiese un euro, tendríamos casi medio billón de euros probablemente. Cuatrocientos mil millones de euros.

Y cada uno de ellos puede tener múltiples planetas a su alrededor, como demuestran las observaciones de varios sistemas cercanos. Se han encontrado unos setecientos planetas fuera del sistema solar hasta el momento. Y aunque nuestra tecnología lo hace complicado, porque no podemos observar planetas pequeños todavía, es posible que haya muchos más, y que sean capaces de albergar vida.

Cuatrocientos mil millones de estrellas con docenas de planetas a su alrededor. Y el número de planetas sin estrella puede ser inmenso también.

Bien, ya eres rico, pero como eres una persona generosa decides cambiar esa enorme riqueza, más de la que jamás haya visto nunca nadie en este mundo, por sólo un euro.

Tu galaxia, la Vía Láctea vale un euro.

No importa, sigamos expandiendo nuestro campo de visión. Resulta que cerca nuestro hay otra galaxia todavía mayor, y docenas de pequeñas galaxias globulares que son como satélites de nuestra propia galaxia y nuestra pareja, Andrómeda.

Un poco más lejos, cúmulos de galaxias nos reciben, y si sigues alejándote te das cuenta de que el número de galaxias puede ser de cientos de miles de millones. Volvemos a tener una auténtica fortuna.

En la decena de miles de millones de años que lleva existiendo el universo es posible que en muchas de ellas alguien se haya hecho estas mismas preguntas. Lo que vemos ahora es lo que había en ese lugar hace mucho tiempo, por lo que puede que hayan desaparecido, o se hayan fusionado con otras galaxias, o que hayan surgido nuevas desde las colosales nubes de gas.

Cien mil millones de euros.

Si lo pensamos, el número de planetas en el universo puede superar los veinte, treinta o cincuenta mil trillones de planetas. Millones, de millo- nes, de millones.

Y tú habitas uno de ellos.

Y por lo que parece, quizás nuestro universo sólo sea uno entre muchísimos más que comparten este cosmos con nosotros.

Te preguntarás por qué digo que este pensamiento me anima cuando contemplo el futuro. Bien, examina conmigo lo que hemos logrado en esta pequeña roca, la espléndida civilización que, con sus defectos, hemos creado entre todos.

¿No es una buena carta de presentación para reclamar un lugar en este sitio tan grande que es el Cosmos? Quizás no sea perfecta, pero no es una mala carta. Y podemos mejorarla juntos.

Podemos crear unidos, restaurar el medio ambiente, gestionar los procesos tecnológicos y científicos que nos harán más sabios sin destruirnos, y llegar hasta la Singularidad, momento en el que nuestro conocimiento y nuestra inteligencia se dispararán.

Como he dicho, algunos relacionan la singularidad con una religión. Pero de serlo es una religión curiosa, porque no ofrece respuestas, sino la posibilidad de contestarlas tú mismo, y de abrir nuevas preguntas.

No te garantiza nada, excepto la oportunidad de encontrar lo que buscas.

El futuro te espera, abrázalo

White Singularity: Competencia salvaje, todos contra todos

Competencia salvaje, todos contra todos

 

Es precisamente esta división, dentro de nuestra civilización, lo que me hace plantearme que el proceso hacia la Singularidad Tecnológica no va a ser un camino global y unificado de por sí.

Nuestras divisiones son tan grandes y a tantos niveles que es bastante improbable que lleguemos unidos a la singularidad de forma natural. El proceso va a ser mucho más doloroso, lleno de tensiones, luchas y conflictos de lo que la mayoría de los autores que han escrito sobre ello hasta el momento han supuesto.

La mayoría de los principales estudios sobre la Singularidad no han tenido en cuenta los conflictos que se darán entre las diferentes facciones de la Humanidad. Algunos que lo han hecho, sin embargo, no han profundizado sobre este tema.

Os explicaré porqué creo que es importante hacerlo.

El mundo se encuentra dividido entre miles de facciones, millones quizás. Llamo facción a cada grupo con intereses particulares. Por definición, una persona podría ser una facción en si misma, pero no vamos a ser tan puristas.

Una facción puede ser desde un país, una región comercial o una empresa, hasta un grupo de amigos en una red social con intereses comunes, una ONG, un think tank, una institución pública o un grupo de vecinos.

Cada facción persigue sus propios objetivos, lo que hace que claramente los cambios sociales las afecten en mayor o menor medida.

A medida que se vayan viendo afectadas más y más por esos cambios, según vayan ocurriendo procesos que desestabilicen el sistema, algunas verán en peligro la consecución de esos objetivos, mientras que otras verán la oportunidad de ampliarlos o conseguirlos más rápidamente.

Por ejemplo, empresas como las de la industria de la informática se verán envueltas, ya lo están, en una lucha por el modelo de computación de los hogares y empresas en los próximos años. Los partidarios de la computación local, con poderosos equipos más eficientes y más potentes cada día, pugnarán con los partidarios de un sistema de servicios localizados en la red, al que los clientes acceden desde cualquier lugar. Por el momento parece que van ganando los segundos.

Es sólo un ejemplo, pero nos sirve para ilustrar el conflicto que va a afectar a la Singularidad. La lucha entre ambas facciones llevará a una carrera armamentística que tendrá como consecuencia una mejora drástica de las prestaciones que ofrecen ambas a sus clientes. Así, mejores datacenters, mejores redes y mejores servicios serán las armas de los partidarios de la nube, mientras que los segundos inciden sobre la potencia de las máquinas que venden como parte de su estrategia.

El resultado parecería imprevisible, y así ha sido. A día de hoy parece que la victoria está del lado de los que creen en los servicios centralizados, pero eso no ha detenido a los partidarios de la computación local. Se han adaptado, y aunque han vuelto parcialmente su mirada a la nube, los ordenadores se han dividido en dos corrientes, al gusto del consumidor. Una llena de ordenadores cada vez más potentes, y otra que optaba por ordenadores versátiles, portables y que garantizasen el acceso.

Con la llegada de los móviles y los tablets la cosa se ha complicado, y algo tan nuevo relativamente como internet y las páginas webs ha entrado también en liza.

Porque la web está cambiando, y donde antes imperaban blogs, páginas webs y foros, ahora una creciente cantidad de tiempo de permanencia en internet pertenece a las aplicaciones, algo que casi ni existía hace cinco años.

La aparición de éstas ha creado, otra vez, nuevas facciones dentro de las facciones, y los perdedores corren a adaptarse sin dar la batalla por perdida, complicando la situación.

Son sólo dos ejemplos, pero podemos extenderlos a muchos más casos. Las mismas empresas son organismos, como ya vimos, que persiguen unos objetivos bien definidos, ganar dinero e incrementar el valor para sus accionistas y propietarios. Tienen así mismo otras funciones sociales que el modelo económico occidental les ha asignado.

Satisfacer a los clientes, garantizar un cierto bienestar a los empleados, establecer relaciones de confianza con los proveedores y crear valor para la comunidad.

Si estos objetivos son ya complicados de cumplir en el entorno cambiante actual, imaginemos cómo serán cuando cambios drásticos irrumpan en las industrias y negocios.

Las empresas tratarán de adaptarse a estos cambios y, si es posible, aprovecharlos para obtener más beneficios. Usarán la nanotecnología, la biotecnología y la inteligencia artificial, entre otras muchas cosas, para conseguir sus objetivos. Y al hacerlo, acelerarán más todavía los cambios en el empleo, el prosumismo, el paso a la sociedad de la riqueza intangible.

Esas mismas organizaciones verán cómo otros agentes sociales les siguen, más rápidamente o más lentamente, pero todos evolucionando, y les obligarán a adaptarse. Así, sindicatos y agencias gubernamentales introducirán cambios en su forma de interactuar con ellas, lo que mejorará o empeorará las cosas, los trabajadores y las familias comenzarán a reconocer el poder que tienen gracias a las nuevas tecnologías y no sólo se volverán mucho más exigentes, sino que serán mucho más autónomos.

Las mismas naciones competirán por dominar primero la inteligencia, como ya vimos, y después, a medida que la Singularidad comience a asomarse en el horizonte, por intentar controlarla.

Es posible que se produzca, dentro de nuestra civilización, incluso una batalla de bloques. Así, China y sus satélites entrarán en conflicto con Occidente y con el mundo islámico por sus diferentes formas de ver el mundo y la Singularidad. Unos tratarán de controlarla para ellos, otros de oponerse y otros de regularla. Japón, seguramente, será pionero en reconocerla y eso le dará una gran ventaja. Rusia es una incógnita, pero tiene grandes papeletas para jugar un papel importante gracias a la calidad de sus científicos.

Dentro de cada uno de estos bloques veremos cómo cientos de empresas, organizaciones de inteligencia, universidades, sindicatos, think tanks y demás corrientes internas pugnan con las del bloque contrario. A la Guerra Fría la sucederán las Guerras de la Inteligencia y a ésta, la Guerra de la Singularidad.

Incluso dentro de estos bloques veremos luchas por conseguir que los intereses de cada facción prevalezcan. La lucha por los recursos intangibles sucederá a la competición por las materias primas y el acceso a los mercados. Los empleados volverán a ser vistos como una fuente de riqueza y un valor para alcanzar las metas, y los mejores de ellos puede que incluso sean tratados como estrellas de rock de los viejos tiempos.

Las Universidades crecerán en tamaño e importancia, pero lo harán de forma horizontal, asociándose a numerosos grupos de investigación y experimentación afines para aumentar la cantidad de los artículos, del conocimiento y de los avances técnicos que publican o venden.

Las bibliotecas, los museos, los teatros y la cultura en general, quizás sean vistos como algo obsoleto, o tal vez se incluyan como parte del valor fundamental de un bloque y sean reforzados, pues aporten su granito de arena para la victoria de ese bloque, o para aumentar la cantidad de valor intangible que no puede ser copiado por otras facciones.

En este panorama, que más que de conflicto será como una loca carrera hacia el futuro, deberán existir organizaciones y debates que pongan un poco de sentido común, pues de no hacerlo, nos enfrentamos a las graves consecuencias de alguna de las plagas que hemos visto anteriormente, o al de una Singularidad descontrolada. Pero incluso a pesar de la existencia de esos debates y foros, es impredecible saber qué ocurriría en un escenario así.

Tal vez la Singularidad surgiese sola, o tal vez la alcanzase el bloque liderado por China, imponiendo sus criterios centralistas a todo el proceso y al conjunto de la civilización humana. Tal vez fuese una empresa quien crease la primera inteligencia artificial, y la usase para sus propios fines, o tal vez incluso una persona particular con recursos suficientes que podría convertirse en un remedo de dios frente al resto de la Humanidad. O tal vez la cree una institución religiosa, como la mencionada Iglesia de la Singularidad, con el fin de hacer real a su propio dios.

Cada una de estas posturas puede dar miedo a quien se encuentre en el lado perdedor de la carrera, por lo que para no verse de repente con el filo de la Singularidad apuntando a su cuello, es necesario que se establezcan desde ya los mecanismos de control y debate que necesitamos para garantizar que nadie sale perdiendo.

La Singularidad puede ser un juego de suma negativa si hay bandos perdedores, pero también un juego de suma positiva si garantizamos la inclusión de instituciones internacionales, científicas, empresariales, religiosas y filosóficas.

Investigación científica exponencial

El otro día preguntaba en las redes sociales formas de mejorar la investigación básica, la ciencia aplicada y la innovación e ingeniería para combatir los muchos males que aquejan el mundo.

La ciencia, el progreso del conocimiento y la técnica son las herramientas que nos han permitido desde siempre mejorar el estado de las cosas.

Por supuesto, no ellas solas, también es necesario unos valores humanos elevados (solidaridad, respeto a la Naturaleza y al resto de personas, etc).

Así que permitidme lanzar aquí también esta pregunta…

¿Qué haría falta para mejorar el estado de todas estas cosas?

No me refiero a pequeñas mejoras incrementales, sino a verdaderos avances científicos, técnicos y humanos. A lograr que el conocimiento no sólo crezca, sino que lo haga cada vez más rápido, de forma exponencial.

Ésta parece ser la única forma de revertir los males que están aquejando a la Humanidad y a nuestro planeta.

El ébola del olivo se extiende por España

Tan rápido como en otros países, el coloquialmente llamado “ébola del olivo” se está extendiendo por España.

Esta enfermedad bacteriana, que mata a las plantas y árboles leñosos, se está extendiendo por Alicante y Baleares. Seguramente llegará a Andalucía y Castilla la Mancha sin remisión en poco tiempo.

Las pérdidas económicas pueden ser de cientos de millones, y las ecológicas incalculables.

La política de arrancar las plantas infectadas y todas aquellas en cien metros a la redonda no gustan a los agricultores quienes se oponen a ella (lo que facilita la expansión de la enfermedad).

Estos proponen medidas alternativas que eviten la destrucción de todos estos ecosistemas. Encontrar plantas resistentes, etc.

A mí sólo se me ocurre una definitiva. Encontrar una cura y un modo de dispersión de la misma que evite que esta plaga destroce nuestros árboles y nuestra economía.

White Singularity: Bloque IV abriendo el camino hacia el futuro

Bloque IV
abriendo el camino hacia el futuro

Singularidad Blanca, Blanca Singularidad

La carrera hacia la Singularidad

Ya hemos aceptado que el mundo que conocemos está cambiando y va a cambiar más, pero… ¿cómo puede producirse ese cambio?

La misma naturaleza del cambio tecnológico acelerado complica mucho la tarea de adivinar las formas, y los tiempos, de ese mismo cambio. Con los conocimientos que tenemos, es imposible predecir con certeza si llegaremos al horizonte de sucesos a través de una singularidad biológica, de una inteligencia artificial creada por nosotros, por la conexión de ambas o si despertará Internet por sus propios medios.

Tampoco la fecha aproximada en la que se producirá. Algunos autores dicen que puede ser tan pronto como en el año 2015, otros a mediados de siglo y algunos más, a finales.

Independientemente de esta actual certeza de imprevisibilidad, lo que sí se pueden establecer son las pautas por las que transcurrirá este camino hacia el futuro. Es decir, podemos tratar de ver cómo se va a producir el cambio que nos llevará a la Singularidad, y basándonos en lo que sabemos de la naturaleza humana, las respuestas que nuestra civilización dará a los problemas que plantee.

La historia nos ha enseñado que el ser humano suele reaccionar ante los cambios de formas muy establecidas, y podemos ver las pautas históricas para encontrar el camino plausible más probable por el que nos conduciremos.

Éste capítulo trata precisamente de eso.

Saber cómo reaccionaríamos, aceptaríamos o nos opondríamos a la Singularidad, y saber cómo deberíamos hacerlo para garantizar el futuro de nuestra civilización global.

Lo primero que hay que comprender es que el camino no va a ser fácil. La mera presencia de alguna de las innovaciones que hemos visto en capítulos anteriores serviría para introducir un cambio disruptivo en nuestra sociedad.

La combinación de todas ellas va a crear una inestabilidad social para la que debemos prepararnos a conciencia.

No sirve la improvisación, pues los peligros y las esperanzas que se manejan son demasiado grandes como para dejar su control al azar, o a las manos de unas pocas personas en puestos de influencia y poder.

Durante todo el tiempo que transitemos el camino hacia la Singularidad debemos hacerlo con los ojos abiertos, unidos y con la máxima información que podamos.

Como hemos dicho, el cambio acelerado pone en cuestión si seremos capaces de hacerlo, por lo que tenemos que dedicar nuestros mejores medios a desentrañar la madeja del futuro.

Empresas, naciones, organizaciones y personas verán cómo todo empieza a cambiar a su alrededor, y si no están preparados para afrontar, gestionar, aprovechar y controlar los cambios tecnológicos, sociales y económicos se verán absorbidos a los márgenes de ese camino. Ni que decir tiene que fuera del camino que lleva a la Singularidad sólo hay oscuridad. Si no lo transitas, te quedas fuera, y en breve, estarás no sólo obsoleto, sino también, con toda probabilidad, extinto.

A la hora de analizar el proceso de transición debemos tener en cuenta todos los aspectos que rodean nuestra sociedad. No podemos entender el futuro sin aplicar variables como la tecnología, la economía, las relaciones entre naciones, y empresas. No se pueden quedar fuera elementos tan dispares como el medio ambiente, las redes sociales, las pensiones, el trabajo, las ciudades, la computación distribuida o la medicina social voluntaria.

No basta suponer cómo serán los cambios en un país, o en una industria, o en una región, o en una tecnología, como hemos hecho hasta ahora. Debemos tener en cuenta la interrelación entre todos ellos, cómo los cambios en uno afectan a todos los demás, y cómo éste se ve afectado por todos.

Tratar de predecir el futuro, incluso si es sólo a unos pocos años vista, pero limitar nuestro campo de visión es garantía de fracaso. Y no podemos permitirnos fracasar, pues las consecuencias son inimaginables.

De hecho, tan grande es la tarea que, como se decía en la introducción del libro, no es algo que pueda afrontarse en una obra de divulgación como ésta. Ni siquiera en una serie de libros o estudios.

Me temo que va a requerir un esfuerzo enorme por parte de todos desentrañar los misterios de la Singularidad, y el mundo no está para eso ahora.

Sin embargo, tengo absoluta confianza en lo que somos capaces de hacer. El ser humano, ante la adversidad, se crece, y estoy completamente seguro de que a pesar de los tiempos oscuros que vivimos, encontraremos la forma de realizar esta tarea, al tiempo que iluminamos el camino que los cambios no previstos y las crisis han oscurecido.

Bien, antes de comenzar la tarea, necesitamos comprender que si algo ha caracterizado nuestra historia, tanto o más que el progreso, es la división a la que se ha visto obligada la raza humana.

La lucha por los recursos ha plagado nuestra historia de conflictos y luchas, de guerras y disputas, y el futuro cercano, empezando por las Guerras Grises, no va a estar exento de conflicto.

China entiende el futuro

Que China está dando pasos de gigante para convertirse en la gran potencia mundial y en la primera nación en lograr la Singularidad es algo que vemos cada día en los titulares.

Su idea de dominar la economía mediante la inteligencia artificial, su aceptación de la criónica (hace poco hablábamos aquí de la oportunidad empresarial que supone la creación de una inmensa red de criocementerios), su apuesta por la colonización del espacio y su inmensa inversión monetaria y en potencial humano en inversión y desarrollo la están transformando.

De ser la fábrica del mundo pasará a ser el laboratorio del mundo. Y más si la UE sigue parada y Trump sigue haciendo retroceder a los USA.

Por supuesto, eso no quiere decir que no le teman a las consecuencias (ellos también le han visto las orejas al lobo del desempleo con esto de la automatización). Pero eso les hace ser prudentes, no renegar de estas tecnologías.

Creo que empieza a ser claro que quien va a lograr adelantarse en la carrera por la Singularidad será China. Y eso debería dar miedo. Y no por el hecho de ser este país el primero que lo consiga, sino porque cono he explicado muchas veces, la consecución unilateral de la Singularidad por parte de una nación (o de una empresa) es la peor forma de alcanzarla (sí, incluso peor quizás que su surgimiento espontáneo).

Veremos si el resto de países y regiones se ponen las pilas y dejan de lado peleas menos importantes para enfocar al menos una parte mayor de sus recursos a lograr una Singularidad segura para todos.

White Singularity: El último hombre

El último hombre

 

Permitidme contaros un cuento. Sé que no es muy habitual en un libro que pretende ser un ensayo, pero éste no es un libro común, como ya habréis comprobado. Además, la tradición de cuentos de nuestra civilización autoriza a transmitir lo que quiero hacer mediante un relato.

Se llama, El Último hombre, y cuenta…bueno, mejor que se desvele el misterio cuando lo leáis.

No tenía un nombre, pues hacía mucho tiempo que nadie le llamaba. Era el último hombre sobre la Tierra.

Curiosamente su hogar sí había mantenido su nombre.

El cielo estaba azul, y el suelo rocoso bajo sus pies olía a musgo y humedad. Los bosques daban verdor al horizonte, y las aves emitían trinos que tenia grabados en su mente.

Cuánto había pasado desde que lo único que escuchaba eran los trinos de las aves… ¿siglos desde que se fue el último?

Bueno, no, el último no. El último era él. Los demás se fueron hace mucho. Unos, se unieron a La Partida y se marcharon, otros, se rindieron a la muerte y pusieron fin a sus vidas.

Su mente apenas recuerda los tiempos en los que la Tierra estaba poblada de hombres. Después de la Singularidad muchos decidieron unirse, y algunos otros permanecer en su hogar y seguir con sus vidas.

Fueron respetados, y la Tierra siguió su curso mientras las Máquinas continuaban sus tareas particulares. Hubo un momento en que ya no se podía distinguir a las máquinas de aquellos hombres que se habían unido a ellas.

Eventualmente las máquinas pusieron fin a sus actividades, y de la noche a la mañana desaparecieron llevándose toda su civilización. Ciudades completas. No se llevaron nada más, e incluso restauraron los ecosistemas originales como regalo a sus primos humanos.

Pero ellos, inmortales amos del mundo que quedó atrás, siguieron con sus vidas.

Y los milenios pasaron. Las máquinas no conscientes garantizaban sus caprichos, su alimentación, que sus necesidades y deseos estuviesen cubiertos, y quienes quedaron atrás no deseaban nada más.

 

Poco a poco algunos de ellos fueron apagando su deseo de vivir. Demasiado tiempo para una mente humana. Algunos construyeron máquinas y se marcharon en pos de sus primos. Otros, se fueron dejando morir.

Hace ahora ya varios siglos que él estaba solo.

Volvió a mirar el mundo que lo rodeaba, hermoso, virginal, perfecto. Así debió ser antes de la llegada de su especie. Parecía tan lejos la época en la que todo estuvo en peligro. Parecía tan idiota haber dejado que se llegase a esa situación.

Bajo sus pies, el río corría salvaje y fresco. El aroma del agua le asaltaba las fosas nasales, mientras el último hombre daba un último vistazo a su alrededor.

Por primera vez en decenas de miles de años la Tierra no estaría habitada por ningún humano.

La suya había sido una magnífica historia.