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Transformación Digital, esa gran desconocida

La Transformación Digital es ese Santo Grial que ahora dicen perseguir todas las empresas. Se supone que es la panacea que llevará a las empresas a sobrevivir a los cambios que vienen.

Pero tras ver muchos artículos, trabajar en varias empresas y conocer a cientos de profesionales dedicados a ello, puedo decir una cosa sobre ello:

Nadie tiene ni idea de verdad de cómo hacer la Transformación Digital.

De verdad, no creo que haya más de un profesional de cada mil que sea cómo ayudar a una empresa a hacer esta transición y adaptarse al nuevo mundo, y de ese uno por mail, a lo mejor uno de cada diez llega a tener algo de capacidad de influir en los cambios de una compañía.

La complejidad de las tareas de transformación Digital requieren tres cosas fundamentales, conocer el negocio perfectamente (no vale un consultor externo), ser capaz de distanciarse del pasado de la empresa y proyectar la evolución futura del mercado (lo que hace que muchos empleados internos no puedan realizar esta función) y los conocimientos sobre tecnología e informática necesarios para hacerlo.

Por ello, la mejor forma de realizar la tan cacareada transformación digital es crear equipos combinados de gente de dentro y de fuera, expertos en el negocio y gente que no lo conozca, pero tenga una gran capacidad analítica, y por último, darles las herramientas tecnológicas y el poder necesario para hacerlo.

Todo lo demás es palabrería.

 

TRANSPORTE PÚBLICO

No podremos lograr un Madrid de abundancia (ni ningún otro sitio) si no conseguimos convertir el transporte público de la Comunidad (o al menos el de la capital y su cinturón) en lo que debería ser, una perfecta máquina sincronizada de servicio al ciudadano.

Estos días hemos sufrido todos dos eventos que dan una clara idea del cariz de esta cuestión.

Primero, las luchas políticas en torno al transporte público, con una Comunidad y un Ayuntamiento enfrentados, en lugar de estar colaborando para atender las necesidades de los madrileños y los turistas. Numerosos problemas en el tren, el metro y las líneas de autobuses dejan un poso amargo en todos los que hemos sufrido esta semana.

El segundo, la boina de contaminación, que ha derivado unas restricciones de circulación y aparcamiento más que necesarias, pero nada bienvenidas por parte de los conductores, claro síntoma de que el transporte público no puede competir con el transporte privado por excelencia, el automóvil.

Mientras llegan los coches autónomos y los eléctricos, tenemos que apostar por el transporte público para satisfacer la demanda de transporte de los madrileños y sus necesidades.

Pero, ¿cómo debería mejorar la red de transporte para conseguir convertirse en una alternativa al transporte privado?

Primero, debería ampliar su frecuencia. Esperar siete, ocho o diez minutos hasta un tren, o un metro, en horas que no son ni mucho menos de baja frecuencia de pasajeros, es inadmisible. En hora punta, la cosa tampoco mejora, con vagones y autobuses llenos a reventar, malos humos y continuas paradas y retrasos.

En verano los recortes de frecuencias y de número de vagones tampoco hacen que la cosa mejore. Y no hablemos de quienes trabajan o salen a horas intempestivas.

La frecuencia no debería ser nunca mayor de 3 minutos entre tren en hora punta, y cinco en cualquier otra. Sus horarios deberían ser extendidos al menos hasta las dos o tres de la mañana, y abrir sus puertas a las cinco de la mañana.

Otro problema son los tornos. Hay que encontrar otra solución distinta a la actual para controlar los accesos. Las colas que se forman a la entrada y la salida de las estaciones, o en las paradas de autobús son un síntoma de que algo falla en el sistema.

Imagino acceso libre sin tener que hacer colas, lo que daría una sensación de libertad y de naturalidad que es justo lo que necesita el sistema público de transporte.

También creo que deben mejorarse los servicios relacionados con el transporte público. Mejores tiendas en la estación, wifi gratis, dispensadores de periódicos o libros en las paradas de autobús, etc. Pienso en exposiciones de pintura y escultura en las estaciones de tren, obras de microteatro en las paradas de metro y en los autobuses.

Por supuesto que sería costoso al principio, y que es insostenible si no viene acompañado por una mayor recaudación, o por un cambio en la gestión económica de la Comunidad. Pero es que justo de eso habla este blog. De cómo podemos conseguir que usando nuevas tendencias socio económicas y nuevas tecnologías como la automatización, la robótica, los lectores RIFF, el prosumismo, etc. se dé un mayor servicio al ciudadano sin aumentar el coste.

Lo lograremos con trabajo y con ingenio.

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Los puentes

Me fascina la pasión con que la gente se entrega a perseguir puentes y festivos en el calendario. Lo oyes en todas partes, y uno diría que es el deporte nacional, después del fútbol.

Yo eso no lo he entendido nunca, la verdad. Considero que cada día, cada hora que trabajamos, en nuestros trabajos o para la sociedad creando riqueza para todos, es un paso más hacia nuestras metas.

Para mí la meta (una de ellas) es hacer un mundo en el que la tecnología, el conocimiento, el capital y el prosumismo logren impulsar la riqueza de tal forma que el trabajo sea algo totalmente voluntario y se establezca una renta básica para que todo el mundo pueda elegir qué hacer con su vida.

Por supuesto, espero que mucha gente elija crear más riqueza para los demás.

Si entren todos logramos gestionar la creación de riqueza, y fuerzas como la automatización, el Prosumismo, la inteligencia artificial, etc. Conseguiremos que cada persona pueda hacer exactamente lo que le gusta, sin necesidad de aceptar trabajos menos “aceptable” para ellos.

Por eso me fascina nuestra obsesión por los puentes. Buscar un día aquí y allí para descansar o viajar me parece una mala gestión personal, porque tenemos muchas cosas mejores que hacer, como Sociedad. Como por ejemplo, crear las condiciones para esa renta básica y un mundo de trabajos mucho más enriquecedores.

 
Foto de Lifeofpix por MaxMartin

FILANTROPÍA EN ESPAÑA

El filantrocapitalismo (la filantropía de los millonarios) tiene una amplia tradición en Estados Unidos desde los llamados “barones ladrones” (Andrew Carnegie, Pierpont Morgan y John D. Rockefeller), quienes para limpiar su nombre realizaron inmensas donaciones a principios del siglo XX, hasta los actuales multimillonarios de Internet.

Por supuesto, tenemos opiniones contradictorias al respecto, desde quienes dicen que los filántropos multimillonarios pueden serlo porque antes han robado a la Sociedad hasta los que creen que es una nueva fuerza del bien en estos tiempos oscuros.

Yo soy de estos últimos, por cierto. La acumulación de riqueza va a seguir existiendo, por lo tanto, es mejor que aquellos que más tienen comprendan que beneficiar a la Sociedad les beneficia también a ellos.

Sin embargo, la filantropía en España (diría que en Europa tampoco) no tiene el arraigo que tiene al otro lado del Atlántico. Quizás sea porque el Estado del bienestar Europeo hace menos necesaria la devolución a la sociedad de parte de la riqueza tomada de ella, o porque en Europa las fortunas suelen tener un alto componente de herencia familiar, pero el caso es que el compromiso social de los multimillonarios españoles está muy lejos del de sus homónimos norteamericanos.

Y es una lástima, porque en España hay muchas cosas que se podrían hacer para beneficiar a toda la Sociedad si aplicamos criterios de solidaridad y trabajo por el bien común, y los añadimos a dinero suficiente y al conocimiento y medios de la clase empresarial.

Desde al medio ambiente, a la reducción de la pobreza, pasando por la cultura y el arte, numerosos campos se beneficiarían de un aumento y profesionalización de la filantropía en nuestro país.

Y este país lo necesita.

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DEFENDER NUESTRA CULTURA, NUESTRA RIQUEZA NATURAL Y NUESTRO PATRIMONIO HISTÓRICO

No estoy hablando de los toros, ni de fiestas más o menos salvajes que campan por la piel de toro convirtiéndonos en animales.

Hablo de defender la verdadera cultura ibérica e hispana, nuestra historia, nuestra naturaleza, la literatura castellana, el patrimonio de todos, nuestras ciudades, la dieta mediterránea y la nueva cocina española de vanguardia.

Los españoles tenemos el derecho, el deber y la necesidad de poner en valor todo nuestro patrimonio, pues nos va el futuro en ello.

Todo aquello que hace de España lo que es, es susceptible de perderse, y por lo tanto, merece ser protegido si nos permite crear una sociedad más desarrollada, humana y libre.

¿Cómo podemos compaginar tradición con modernidad?

¿Podremos encontrar un camino que nos permita mantener la esencia de nuestra idiosincracia sin renunciar al futuro?

Repito que nos va la vida en ello, así que espero que sí. Que podamos encontrar una forma de defender nuestro patrimonio natural, nuestra riqueza culinaria, nuestra historia viva, y sobre todo, que aprendamos a respetar aquello que merece la pena ser respetado.

Eso no quiere decir que toda fiesta o toda competición deportiva deban considerarse sagradas.

España no son los toros, no es tirar una cabra de un campanario, ni dejar que menores de edad se emborrachen hasta caer inconscientes. Tampoco es tolerar la corrupción, ni depender del futbol para salir de la triste realidad. Nada de eso debe formar parte de nuestra naturaleza, pues son anacronismos históricos que nos impiden evolucionar.

España es mucho, muchísimos más. Y mientras los españoles no logremos dar el salto para ser una sociedad moderna no podremos salir del hoyo en el que nos hemos metido.

Trabaja con pasión

Sin pasión no lograremos crear un crecimiento exponencial de la economía.

Trataré de explicar esta frase lapidaria que os he soltado así a bocajarro un poco más en detalle.

El propósito de este blog es ayudar a conseguir el desarrollo de una economía exponencial, es decir, una economía que crezca cada vez más rápido, mediante la automatización, la robótica, el prosumismo, la energía solar, la exploración, colonización y explotación espacial, la nanotecnología, etc.

Pero no conseguiremos nada de esto si no tenemos pasión.

Porque ya seas un escritor novel que trabaja 12 horas diarias para sacar 500 euros al mes haciendo lo que amas, un diseñador de robots o de software, un economista o un albañil, las cosas nunca mejorarán si no le pones ganas a la cosa, y si lo que haces te desagrada.

Tenemos que conseguir aumentar la pasión por lo que hacemos, ya sea mejorando nuestro trabajo, ya sea cambiándolo totalmente, y eso vale para todo, incluso para lograr que las cosas vayan cada día mejor. No vale ponerse como propósito el mejorar las cosas, hay que currárselo, hay que poner pasión y cabeza, corazón e inteligencia, y hay que luchar por ello.

Así, empezaremos a conseguir nuestros objetivos.

 

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EL MEDIO AMBIENTE COMO EJE FUNDAMENTAL PARA LA CREACIÓN DE RIQUEZA

Uno de los ejes imprescindibles de toda estrategia nacional para la creación de riqueza debe ser la protección del Medio Ambiente.

El cuidado (y aumento de calidad y cantidad) de las extensiones de monte y bosque, la protección de muestra biodiversidad, la calidad de nuestras costas, la generación de empleo verde, el reciclaje, las energías renovables, la investigación científica y médica, la construcción responsable…todos ellos tienen el potencial de crear no miles, sino cientos de miles de empleos de calidad.

Cientos de miles.

Por supuesto, para ello debemos dar la vuelta a las políticas actuales, y realizar una profunda transformación cívica y social antes de cosechar los beneficios de la protección ambiental.

Porque actualmente la cosa va mal. El reciclaje podría reportarnos cientos de millones de euros que se van a la basura, las renovables nos ahorrarían diez veces el recorte que ahora está proponiendo Europa para España, y más si logramos exportarlas, pero en lugar de fomentarlas las castigamos.

Fábricas de coches eléctricos, turismo ambiental (el lobo atraería muchísimos más turistas si se pusiese en valor), estoy pensando en hoteles de lujo e integrados en la naturaleza, por ejemplo.

La agricultura y ganadería ecológicas también aportarían ingresos de calidad a nuestro sector primario, y nuevas tecnologías e investigaciones no sólo crearían riqueza, sino que nos pondrían en la cabeza de la investigación de futuro.

Pienso por ejemplo en la construcción biomimética, nuevas medicinas, agricultura urbana, etc.

Todo un mundo de riqueza que no estamos sabiendo aprovechar, y del que España es líder indiscutible en Europa en cuanto a su potencial.

Nos queda aprovechar ese potencial, descubrir, entre políticos, empresarios, educadores y ciudadanos, cómo podemos proteger el medio ambiente al mismo tiempo que lo convertimos en una fuente de riqueza semejante al turismo de sol y playa.

Todos seremos mucho más ricos.