El asteroide 2016 QV89 alcanzará el 9 de septiembre de este año su distancia más corta en una década con la Tierra.

Las últimas mediciones han ajustado su trayectoria reduciendo esa distancia y ampliando las posibilidades de impacto con nuestro planeta desde una entre 11.000 a una entre 7.000 (7.199 exactamente). Se cree que pasará a una distancia de 6.681.000 km.

Si bien en términos astronómicos es bastante cerca, las posibilidades de impacto son reducidas, per no inexistentes, lo que lo coloca en la lista de objetos peligrosos en una cuarta posición.

El amigo QV tiene un diámetro de unos 40 metros, lo que le sitúa al nivel del meteorito que impactó en Tunguska hace un siglo, liberando la energía equivalente a 185 Hiroshimas. Dependiendo de su composición podría destruir una superficie de 2.000 kilómetros cuadrados. Si esa posibilidad entre 7.199 se cumpliese sería un desastre incluso si cayese en el océano. No algo irreparable, pero sí un susto gordo.

La necesidad de una defensa planetaria frente a este tipo de eventos se hace más necesaria cuanto más vamos conociendo del vecindario espacial que nos rodea.

Espero que más gente se lo tome en serio, entre ellos, líderes empresariales y políticos, y que logremos levantar una defensa antes de que ocurra un desastre del que luego nos arrepentiremos.