White Singularity: Un mundo de Software

Un mundo de Software

 

Hasta el momento hemos hablado de los grandes avances en materia de hardware que nos esperan, pero hemos pasado de soslayo sobre los increíbles programas que los ingenieros van a crear para nosotros.

En años recientes hemos visto el nacimiento de un nuevo tipo de programas, evolucionados de los anteriores. Las aplicaciones.

Pequeños, o no tan pequeños, programas que se ejecutan en teléfonos móviles, en ordenadores, en tabletas y en televisores. Hay cientos de miles de ellos, de los más diversos. Su variedad, precio y fácil acceso logran que cada persona pueda crear su particular ecosistema de aplicaciones ajustado a sus necesidades.

Y lo que es más, dada la sencillez de programación de estas apps, cada vez más y más personas diseñan las suyas aumentando la riqueza de los ecosistemas de aplicaciones.

Y va a ir a más.

Las aplicaciones se extenderán a otros dispositivos, como relojes, coches, juguetes, mesas y espejos de baño.

A medida de que la complejidad de las aplicaciones aumente, y que la potencia de los servidores y de los aparatos lo permita, nos encontraremos con programas conectados a internet que realizarán funciones maravillosas.

Desde asistentes de voz semi-inteligentes a identificadores biométricos, sistemas de pago, redes de sensores para la medición del clima, centrales de compra semiautomáticas conectadas a nuestro hogar, y muchos otros.

La suma de toda esta inteligencia distribuida y descentralizada está generando un sin fin de posibilidades para mejorar las vidas de la gente, pero también está contribuyendo a hacer más inteligente si cabe la red de ordenadores.

La gente vuelca sus vidas, sus conocimientos, sus pasiones, sus datos personales en los nuevos programas, y un universo completo de información se está generando alrededor de ellos. Esa información contribuirá a que pronto haya más información disponible, para quien pueda acceder a ella, de la que jamás haya habido en ningún momento de la historia, a cualquier nivel. De hecho, es más que posible que la información digital supere ahora mismo en varios órdenes de magnitud a la información no digital.

El tiempo y el esfuerzo necesarios para manejar esa información por parte de cualquiera de nosotros obligará, como ya está haciendo, a crear programas capaces de organizarla según nuestras preferencias. Esos programas ya no serán sólo sistemas de archivo o de organización, sino que serán también potentes herramientas de filtrado que buscarán en la red aquello que nos interesa de forma personalizada y lo analizarán por nosotros.

Los programas no sólo filtrarán la información, repito, la analizarán para nosotros y con nosotros.

Es de esperar que pronto tengamos capacidad, mediante servidores y teléfonos, de aumentar nuestra capacidad de análisis y almacenamiento. Nos haremos más inteligentes. Incluso puede que logremos conectar, de alguna forma, a esa información a nuestro cerebro directamente.

Dentro de los desarrollos de software que nos llevarán a la Singularidad veremos también una nueva generación de programas autónomos que se incorporarán a los servidores.

Herederos de antivirus y demás programas de análisis, estos sistemas mejorarán internamente el funcionamiento de estas máquinas, pasando posteriormente a los hogares. Funcionarán como funcionan nuestras proteínas, nuestros neurotransmisores, y nuestras hormonas, y conseguirán que nuestros ordenadores hagan cosas para las que no están programa- dos, convirtiendo la red en algo alterable según las necesidades.

También veremos programas más inteligentes, tanto por su compleja programación como por que sean la suma de múltiples programas sencillos que se unen en un enjambre dotado de inteligencia autónoma.

En la actualidad hemos podido comprobar que el software no ha podido seguir los pasos del hardware en cuanto a complejidad. Los sistemas operativos, las hojas de cálculo y el resto de programas no son tan diferentes en apariencia a los que teníamos hace diez años.

Los ingenieros industriales le están ganando la partida a los programadores. Sin embargo, con las nuevas plataformas de programación que hemos comentado, eso está cambiando. Y lo hará más aún, a medida que sean los propios programas los que creen nuevos programas.

Esto, que podría parecer imposible, se está haciendo ya con algoritmos evolutivos. Programas sencillos a los que se les da ciertas instrucciones para sobrevivir y conseguir un resultado, y que van evolucionando a lo largo de miles de iteraciones creando generaciones más complejas cada día que pasa.

Al cabo, surgen extraños programas que ningún humano ha podido diseñar, sorprendiendo incluso a sus programadores. Algunos incluso han producido patentes viables.

Con la creciente capacidad del software, y las inmensas posibilidades de los supercomputadores para hacer correr estas simulaciones, es posible que pronto veamos algo nunca visto en la historia de la informática, surgir de las cadenas de montaje de software automatizadas.

Y al igual que en el mundo del hardware, la convergencia de todos estos avances con otros muchos aumentará exponencialmente la capacidad del software, permitiendo la aparición de programas verdaderamente inteligentes.

Y como ya se ha dicho anteriormente, cuando esos programas comiencen a desarrollar otros programas más inteligentes nos encontraremos con una auténtica explosión de inteligencia que nos llevará a la Singularidad.

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