White Singularity: Inteligencia artificial

Inteligencia artificial

 

Mucha gente duda de que las máquinas lleguen a ser tan inteligentes como nosotros. Gente muy inteligente ha teorizado que es imposible construir una máquina así, o recrear las pautas completas de la inteligencia humana, ni siquiera copiar un cerebro.

Es posible que tengan razón, y se generaría así una especie de Singularidad Débil, o Dorada, de la que hablaremos más adelante.

Pero sinceramente, no parece probable que esto vaya a ser así.

El cerebro humano es una construcción que ha tardado miles de millones de años en crearse, pero tiene una base biológica, bioquímica y cuántica. Una base que el hombre ha logrado superar con sus creaciones en algunas de sus tareas (como la capacidad de almacenamiento y la velocidad de procesamiento).

Es cierto que estas áreas no son indicativas de haber logrado una inteligencia, pero sí de que este proceso está sólo al principio de una carrera de fondo en la que el cerebro va a ser analizado, recreado, estudiado y recompuesto hasta lograr que sea completamente entendido.

Da igual que el cerebro use técnicas de comunicación cuánticas como dicen algunos científicos, da igual que tenga cien mil millones de neuronas y billones de conexiones, o que use neurorreceptores de lo más diverso.

Al final, crear un cerebro artificial tan inteligente o más que el del ser humano será posible. Ese día habrá nacido la inteligencia artificial fuerte, y comenzará el declive del ser humano tradicional.

Incluso aunque decidamos unirnos al proceso, incluso aunque esa inteligencia artificial se logre duplicando las pautas cerebrales de una persona, deberemos evolucionar para poder seguir incorporados al proceso de la Singularidad. Y excepto unos cuantos que decidan quedarse atrás, protegidos por el resto de la raza humana evolucionada, la mayoría habremos cambiado hasta ser irreconocibles para ellos.

Ahora mismo, numerosas iniciativas están aplicadas en replicar la inteligencia en corazones y cerebros artificiales. Desde ordenadores capaces de ganar juegos de astucia a seres humanos, a programas capaces de redactar artículos periodísticos a partir de datos en bruto, pasando por cerebros artificiales a los que se les da libre albedrío o supercomputadoras que tratan de duplicar la inteligencia de mamíferos.

Todas y cada una de ellas va haciendo progresos, y no están solas.

Cada consola que compramos es en sí misma una máquina semi-inteligente que corre programas de inteligencia artificial que compiten con nosotros en combates simulados.

Cada ordenador, cada smartphone que se conecta a la red es una neurona más, unida a una ya vasta red de ellas, y cada una de esas neuronas es reemplazada cada poco tiempo por otra más potente y con más capacidades.

Cada año aumenta un veinte o un veinticinco por ciento la velocidad de las conexiones que unen esa red, duplicando su capacidad cada pocos años. Y estamos hablando de una red que ahora mismo es casi ubicua. Está en todas partes, nuestras empresas, nuestros hogares, nuestro aire.

En breve, llegarán nuevas generaciones de procesadores más eficiente y rápidos, nuevos discos duros que duplicarán o multiplicarán por diez o cien sus capacidades, y vuestra compañía de teléfono aumentará la velocidad de transmisión de datos, y a vuestro teléfono llegará una nueva aplicación que lo dotará de nuevas capacidades. Si no lo cambias antes por uno mejor.

También en unos meses, como vimos antes, vuestro televisor se convertirá en parte de esa red, y vuestro coche, y vuestra cocina, y vuestro termostato, y los juguetes de vuestros hijos.

Y todos ellos serán alimentados por una red de sensores omnipresentes que recopilarán una cantidad de datos ingente que será tratada por centros de datos y computación que sustituirán a los actuales, y dejarán a estas ya de por sí impresionantes máquinas, a la altura de una impresora de tinta.

Y a esa red artificial se une la mayor potencia intelectual que jamás haya existido, el conjunto de seres humanos al completo. A través de blogs, redes sociales, foros, webs, correos electrónicos, compras, vamos haciendo más inteligente y sabia esa red, al tiempo que el proceso trans- forma recíprocamente a la Humanidad.

¿Alguien cree de verdad que eso puede impedirse, cuando es una tendencia que ocurre a nivel mundial de forma imparable?

Lleva décadas pasando en Japón, en Occidente. Está pasando ahora en Asia, en América, en África, y pronto pasará incluso en los más recónditos lugares del mundo.

Y toda esa red, inmensa hasta la vastedad, de neuronas artificiales estará conectada a ordenadores aún mayores que los actuales, que coordinarán respuestas, crearán pautas, emitirán señales, ejecutarán programas…exactamente como lo hace un cerebro humano.

Puede que no ocurra ahora, pero con la llegada de nuevas generaciones de ordenadores basados en la computación cuántica, en la tridimensional, en la óptica, en la biocomputación, en materiales como el grafeno, o diseñados con nuevas técnicas de fabricación que usen los nanotubos de carbono, con la llegada de todas estas nuevas tecnologías uniéndose a la fiesta de la inteligencia, dudo mucho que exista la más mínima posibilidad de que el lograr una inteligencia artificial sea imposible.

Y al igual que con las posibilidades de autodestrucción por otras tecnologías, como la nuclear o las plagas mencionadas, si existe la más mínima posibilidad de que irrumpa una tecnología disruptiva de proporciones tan colosales en el panorama mundial, quizás debamos estudiar sus efectos y estar preparados.

Aunque la posibilidad fuese pequeña. Que no lo es.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s