White Singularity: Imprimiendo a tu actriz preferida

Imprimiendo a tu actriz preferida

La nanotecnología, la robótica y la inteligencia artificial son fuerzas poderosas de evolución, el prosumismo también, las impresoras 3D, las energías renovables, las redes P2P de información biológica, y tantas otras que se han descrito o mencionado tampoco se quedan cortas en su capacidad de causar shocks en el mundo y cambiarlo.

Sin embargo, su verdadero potencial vendrá de la combinación de muchas de ellas.

Una tecnología de la que no hemos hablado, pues es la base de capítulos posteriores, y será descrita con amplitud en ellos, es la capacidad de duplicar las pautas cerebrales y crear modelos de nuestra personalidad. Permitidme adelantarme un poco e incluir algunas de sus consecuencias en esta sección, pues tiene mucho que ver con la idea del ocio masivo que se está tratando.

Otra tecnología igualmente interesante es la clonación humana. No exenta de polémica y riesgos, el debate al respecto debería abrirse ya a nivel internacional para regularla, antes de que alguien decida explotarla a nivel comercial o militar.

Pero tanto si es a nivel completo como a nivel parcial, crear un duplicado de nuestra mente y nuestro cuerpo es una de las más poderosas herramientas de cambio, que derruirá uno de los últimos vestigios de escasez, nuestra propia persona.

Las implicaciones de poder crear personas similares, si no iguales, a nosotros se escapan de las capacidades de un solo libro, y es por ello que urge un debate completo a nivel internacional que analice todas las facetas y posibilidades, y dé respuestas jurídicas, médicas, bioéticas y sociales a su potencial irrupción en el mundo.

Sin embargo, lo que sí está claro es que no se va a detener. Pensadlo atentamente. Desde el momento en que técnicamente sea posible, alguien, quien sea, lo va a hacer. Así que no sirve parapetarse en las posibles aplicaciones malignas de esta tecnología para prohibirla, pues eso no vale para países que no respetan la legalidad internacional, ni organismos militares, ni empresa más preocupadas de su cuenta de resultados que de su responsabilidad social, ni para científicos deseosos de renombre.

Alguien lo va a hacer.

Y sería mejor que el proceso fuese controlado desde el principio y entre todos.

En este punto, en el que es posible la clonación de cuerpo y mente, me gustaría poder hacer un ejercicio de suposición un tanto arriesgado, como si todo este libro no fuese eso precisamente, y combinar varias tecnologías y procesos para poder demostrar el potencial de la convergencia tecnológi- ca para cambiar el mundo como lo conocemos.

Clonación, escaneo del cerebro, impresoras 3D, el fin del dinero.

Llevemos todas estas tecnologías al extremo, suponiendo que su desarrollo fuese óptimo hasta el máximo de su potencial descrito, cosa que ni mucho menos está asegurada.

Imaginemos que el mundo deja de usar dinero en metálico, pero lo cambia por otros conceptos, como la capacidad de generar ocio.

Es de suponer que veremos inmensas superproducciones virtuales que engancharán a miles de millones de personas a las redes, pero ¿por qué limitarse al mundo virtual o a los sucesores del cine y la televisión para disfrutar de ello?

Sería posible, técnica e hipotéticamente hablando, seleccionar uno de los protagonistas de la película o el videojuego, y descargar su personali- dad en un cuerpo clonado de él.

Podríamos disfrutar de una velada, o un fin de semana, un viaje, una vida compartida, con nuestro personaje preferido, o yendo más allá, con cualquier actriz o famoso que haya decidido ofrecer su mente y su cuerpo para estos menesteres, a cambio de cualquier cosa que sea valiosa en el futuro. Dinero si lo hubiese, inteligencia, ocio o simplemente porque puede.

Las variedades piratas existirían, aunque no serían genuinas, y podrían crearse mercados negros o piratería de improntas mentales y genéticas.

Cómo he dicho, las implicaciones éticas de estas tecnologías son abrumadoras. ¿Qué derechos tiene ese clon? ¿De quién es la propiedad una vez expirado el tiempo de contrato? ¿De quién lo creó, de aquella persona cuya personalidad y cuerpo fue tomado? ¿O es libre desde el principio o desde que termina su período de servicio?

Nos preguntamos si es ético crear de la nada una persona, aunque tenga limitadas intencionadamente sus facultades para no ser consciente de su individualidad, para uso y disfrute de otro. O qué pasaría si alguien usa esto con fines criminales o delictivos

Da miedo.

Y esa es la clase de tecnologías que están surgiendo, y a las que esta- mos dando la espalda. Tal vez no tengamos que enfrentarnos a ello en los próximos años, pero sí será posible que las veamos en las próximas décadas.

Espero que para entonces, nos hayamos puesto manos a la obra y ya hayamos aclarado qué se puede y qué no se puede hacer. Y cómo controlarlo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s