White Singularity: Bloque III lo desconocido

Bloque III
lo desconocido

Singularidad Tecnológica

El fin del mundo…tal y como lo conocemos

Hagamos un repaso de las tecnologías y cambios que hemos visto hasta ahora.

 

  • Prosumismo
  • Impresión en 3D
  • Robótica
  • Energías renovables
  • Inmortalidad
  • Inteligencia y capacidades biológicamente aumentadas Nanotecnología
  • Medicina personalizada
  • Biotecnología
  • Clonación
  • Hogares, empresas y aparatos inteligentes Realidad virtual
  • Computación en la nube
  • Redes P2P de información biológica Monedas virtuales
  • Democracias abiertas

Cada una de ellas podría, por sí misma, suponer un cambio radical en el mundo actual. Unidas, van a cambiarlo todo de formas que apenas podemos especular.

Pero como no me canso de repetir, todos estos cambios no son sino el principio de algo mucho mayor que se avecina.

La Singularidad Tecnológica.

Ya iba siendo hora de que lleguemos a ella.

Conscientemente hemos tocado sólo de pasada las posibilidades de tres tecnologías que pueden suponer un cambio mucho mayor que el de cualquiera de las anteriormente enumeradas, e incluso mayor que muchas de ellas combinadas.

Me refiero a la Inteligencia artificial, a la conexión neural con los orde- nadores mediante nanotecnología y a la capacidad de replicar las pautas cerebrales completas.

Cada una de estas tres tecnologías es capaz, por si sola, de desencadenar ese cambio radical que llamamos Singularidad.

Y no son la única forma de conseguirlo. La Singularidad podría llegar a través de manipulación genética en la que creásemos una especie inteligente para la que nosotros fuésemos meros simios, por ejemplo, pero parece que estas tres tecnologías son las que tienen mayor número de posibilidades de desencadenar la singularidad.

Y si aceptamos que la IA es la tecnología que mayores posibilidades tiene de ello, debemos pensar que incluso en el interior de la inteligencia artificial se pueden distinguir también varias posibilidades de lograrla.

Podría alcanzarse por la creación de un superordenador capaz de pensar y rediseñarse, o diseñar otros seres más inteligentes que él. Una vez comienza el ciclo de auto mejora o de diseño de inteligencias mucho más potentes el proceso se acelerará de forma exponencial.

También podría surgir a partir de experimentos nanotecnológicos que creasen mentes grupales, a modo de enjambres inteligentes. Como se verá, estos enjambres tendrían una inteligencia tan distinta de la que conocemos que podrían pasar incluso desapercibidos como ejemplo de inteligencia artificial durante algún tiempo.

O quizás esa IA naciese del despertar de Internet, como ente consciente autónomo, cuando la red alcance una masa específica que la permita actuar como un cerebro. En teoría sería posible que los nodos, servidores, protocolos, redes de cable y todos los elementos que conforman la Red, alimentados por el conocimiento y la inteligencia humanos, comenzasen a funcionar como una mente autónoma cuando dichos elementos alcancen un número suficiente para replicar el funcionamiento del cerebro o de un organismo análogo.

Las otras dos son más sencillas, y pasan porque la mente del hombre adquiera nuevas capacidades que lo transformen, bien porque se conecte y controle ordenadores con el pensamiento, o bien porque directamente carguemos nuestra voluntad en un supercomputador.

La primera de estas dos posibilidades puede llegar por la integración de sensores directamente en nuestro cerebro y sistema nervioso o por la inoculación de robots nanotecnológicos que se conectarían directamente a nuestras neuronas. La segunda se realizaría mediante el escaneo completo del cerebro a través de los desarrollos de ingeniería inversa cerebral que se están llevando a cabo ahora mismo.

Imaginad las posibilidades.

A los partidarios de la singularidad (o a sus detractores) les gusta poner este ejemplo.

Un equipo de científicos humanos, con todas las limitaciones que tenemos de memoria, lentitud, dificultad de comunicación, necesidad de descanso o de relacionarse, pueden lograr cosas increíbles en cuanto al progreso científico. Si ese equipo de científicos estuviese formado por máquinas más inteligentes que cualquier hombre, capaces de almacenar y analizar cantidades inmensas de datos, de intercambiar todos sus pensamientos en cuestión de millonésimas de segundo, de conectarse online a cientos de equipos similares y de recabar la información de todo el conocimiento acumulado y descargarlo directamente a sus cerebros.

Y no sólo eso, sino que el tiempo para ellos no transcurriría a la misma velocidad que para el cerebro humano, por lo que cada vez los avances se producirían más rápido incluso.

¿Qué podrían conseguir en un mes?

¿Y si se dedicasen a diseñar máquinas todavía más potentes y eficientes? Si lograsen crear máquinas diez veces más listas que ellas, y éstas diseñasen máquinas cien veces más, y así hasta alcanzar los límites de la física, ¿qué podrían lograr?

La capacidad de cómputo de la materia hace que en una roca de un kilo de peso se pudiese conseguir meter más potencia de procesamiento que el de toda la Humanidad junta. Una piedra más lista que toda la Humanidad.

Los científicos llaman a esta materia inteligente computronium. ¿Qué podría hacer una montaña compuesta de computronium?

Sus logros serían tan grandes, tan vastos, que el ser humano no podría comprenderlos.

Quizás veríamos surgir enormes proyectos de exploración, desde los que se colonizaría el espacio. O la terraformación de Marte, o la misma tierra, quizás asistiríamos a la conversión de cada molécula de la tierra o aire en computronium, incluidos nosotros.

Seríamos incapaces de entender lo que hacen esas máquinas, y eventualmente, seríamos apartados o eliminados.

Hay diversas corrientes que propugnan que la creación de una inteligencia artificial debe, por definición, seguir unas reglas morales que eviten que esto suceda. Su origen humano, los valores de sus diseñadores, y el punto de partida que es la civilización del hombre, impedirían esto. Pero como veremos más adelante hay razones para preocuparse, ¿cuándo la existencia de un sistema de valores ha impedido al Hombre cometer las mayores barbaridades contra sus congéneres?

Y con más motivo aún si se considera que para esas inteligencias artificiales seríamos sólo meros insectos, de los que una vez provinieron, sí, pero unos parientes demasiado lejanos como lo son ahora los peces de nosotros.

Se podría pensar que para que nuestros descendientes artificiales, o nuestros parientes que trasciendan la mortalidad integrándose con ordenadores, olviden su ascendencia, o comiencen a menospreciarla, deberían transcurrir décadas o siglos, pero es una trampa de la mente. Es lo que se espera de un humano, con reglas humanas, y un intento de no afrontar que nos enfrentamos a algo nuevo.

Como hemos visto, el tiempo para una mente artificial es relativo. Para una inteligencia capaz de pensar más rápido cada vez, capaz de crear varias generaciones de máquinas en un solo día, y de completar un ciclo evolutivo en un segundo, el tiempo podría transcurrir de forma muy diferente a como nosotros lo vemos.

Al principio, un segundo para nosotros podrían representar el equivalente a días para esas inteligencias, y a medida que se fuesen volviendo más y más y más inteligentes la diferencia sería mayor.

Podrían transcurrir años de tiempo relativo para ellas en el transcurso que te lleva leer esta frase. Podrían pasar siglos de evolución artificial sólo en el tiempo que tú tardas en terminar de realizar un crucigrama.

En cuestión de meses o años habríamos perdido por completo cualquier conexión con estos titanes tecnológicos que, para más distanciamiento, se esparcirían por el espacio estudiando cada misterio del universo, reduciendo su origen a un dato más entre la infinitud que manejarían.

Con suerte, si guardasen algún recuerdo permanente de su origen, nos conservarían como progenitores arcaicos a partir de los que evolucionaron. O quizás, por un simple descuido, o voluntariamente, decidirían que el hormiguero que molestaba su propio proyecto debía desaparecer, solucionándolo.

Las tres plagas de las que hemos hablado antes serían poca cosa en comparación con la rapidez y la inevitabilidad con las que seríamos erradicados.

Espero haber despertado tu curiosidad y algo de miedo. Porque lo que nos jugamos es mucho. Si no somos capaces de conseguir que la Singularidad se produzca por alguno de los métodos inclusivos para con nosotros, si no logramos que la singularidad venga por modificación genética o por conexión de nuestras mentes con los ordenadores, ése es el terrible destino que nos espera.

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