White Singularity: Tu casa, una central eléctrica

Tu casa, una central eléctrica

Hemos hablado hasta ahora de cómo la tecnología cambiará la economía y la sociedad para hacerlas menos dependientes de la materia y más del conocimiento.

También de cómo la distribución de ocio y trabajo pasará en términos porcentuales a darle más peso a la primera que a la última, y de cómo aparecerán nuevas formas de intercambio.

Pero no hemos hablado de cómo alimentaremos todos estos procesos. Qué energía los moverá.

Sin duda, las energías renovables jugarán un papel dentro de la generación de energía del futuro, pero no sabemos qué peso tendrán sobre el total, ni si se convertirán en alternativas rentables al petróleo, al resto de los combustibles fósiles o a la energía nuclear.

Existen otras alternativas mucho menos claras, como el uso de energía de fusión, que está a décadas de tener siquiera un reactor operativo de investigación. Por ello, parece que en el futuro dependeremos del carbón y el gas natural mucho más, a medida que el petróleo se vaya agotando y sus precios suban.

El ahorro energético, la eficiencia y el reciclaje ayudarán a reducir la factura eléctrica, y los coches eléctricos e híbridos a mejorar la eficiencia de la distribución de combustible para el sector automotriz.

Las energías renovables jugarán un papel más importante, pero mien- tras siga habiendo combustibles fósiles y se puedan desarrollar alternativas a la emisión de CO2 no parece que vayan a cambiar el modelo.

Pero quizás no deberíamos descartar tan rápidamente a estas energías.

Dentro de la revolución que será el prosumismo y la evolución de nuestra economía y nuestro hogar, debemos comentar que con el desarrollo de las energías renovables, los hogares se convertirán en pequeñas centrales eléctricas por si mismas.

Usando técnicas caseras o modulares, podremos generar mediante paneles solares una cantidad de electricidad, quizás pequeña en comparación con la que requiere la sociedad, pero grande para los requisitos de nuestros hogares.

Este germen de generación particular será más extendido a medida que el precio de la electricidad suba y que los efectos del cambio climático se hagan más evidentes y peligrosos.

Y será este mismo germen el que dé comienzo a las primeras redes P2P de intercambio de electricidad. Los particulares que en un momento dado tengan exceso de energía producida podrán volcarla en la red, pero no para vendérsela a las grandes compañías distribuidoras como hasta ahora, sino intercambiarla con otra gente que la necesite.

De la misma forma, y a medida que la tendencia se extienda, y que la capacidad de almacenamiento de la energía aumente, cada uno de nosotros se convertirá en un granjero de energía, y podremos usar nuestras casas como fuentes de almacenamiento de energía, o volcarlas en una red global que recorra el mundo.

Evidentemente para ello serán necesarios cambios importantes y una inversión muy fuerte en tecnología e infraestructuras de distribución. Aumentar la capacidad de almacenaje y reducir las pérdidas durante el transporte es fundamental para que este futuro se convierta en realidad, y desde luego, estamos seguros de que los viejos monopolios no van a estar muy contentos con una red de generación distribuida que controlen menos de lo que controlan ahora el proceso.

Por lo que también en este área se vaticinan conflictos entre ambos modelos productivos.

Es posible que, con el tiempo, veamos iniciativas populares destinadas a financiar, crear y mantener algunas de estas redes de generación y distribución, de hecho, ya existen cooperativas que lo hacen. Gente que se une para poder crear un proyecto local, y que una vez rentabilizado se une a otros proyectos locales para financiar una conexión que no va a gustar nada a las compañías eléctricas y que va a encontrarse con el rechazo de la administración.

La batalla estará, una vez más, servida pero igual que unas pocas empresas de prensa no han podido resistir los cambios tecnológicos y están teniendo que migrar sus estrategias comerciales a internet, tampoco parece que los partidarios del viejo modelo vayan a tener más alternativa que ceder eventualmente el control de parte de la infraestructura y el negocio a los particulares. A menos que encuentren una forma de generación que reduzca el precio de la energía de nuevo, a pesar de los requerimientos energéticos de China, y que al mismo tiempo acalle la conciencia social que provocan el cambio climático y la energía nuclear, y que irá ganando fuerza en los próximos años.

En un futuro más lejano se habla de la generación por fusión, por explotar las reservas de helio 3 de la luna o por energías todavía más extravagantes, pero antes de llegar a ese punto, deberemos pasar nuestro particular peregrinaje por el desierto del fin de la era del petróleo.

Si la producción centralizada quiere sobrevivir deberá mejorar su coste, su capacidad de generación y la inocuidad medioambiental de sus procesos.

¿Alguien apuesta por ello?

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