White Singularity: Las Guerras Grises

Las Guerras Grises

El hogar inteligente, la empresa inteligente, las ciudades inteligentes.

Eres más inteligente que cualquier persona que haya existido en el pasado. Si te remontas a hace treinta años, no hay nadie en el mundo que tenga la capacidad de saber cosas y los recursos de información que tienes tú.

Ni siquiera los presidentes de las grandes potencias.

Y todo ello es debido a unos cuantos inventos fundamentales. Internet, la telefonía móvil y la convergencia de ambas.

Puedes saber en cuestión de minutos lo que necesitas sobre prácticamente cualquier tema o asunto en el mundo. Eres capaz de contactar en segundos con una amplia panoplia de amigos, conocidos, expertos y colaboradores que te pueden ayudar casi con cualquier cosa. Si quieres, puedes conocer las noticias casi antes de que salgan en los medios tradicionales a través de herramientas sociales.

Tienes en tu mesa más capacidad de computación que cualquier superordenador de aquella época, y en tu bolsillo más que cualquier empresa de los años setenta.

Puedes conseguir cualquier cosa en cuestión de minutos, una canción, una película, un informe sobre la situación en Afganistán, o en China. O cien de cada uno de ellos.

Sí, esta cantidad de información puede parecer confusa, pero te puedes organizar mejor que cualquier presidente de la década de los 70. Con las herramientas que pone a tu disposición Internet, puedes elegir a quien creer, qué fuentes son fiables, o cómo relacionar los datos.

Puedes clasificar imágenes, noticias, análisis económicos, acceder a datos de la administración, o poner todo ello tu mismo a disposición de otra gente.

Si te interesa la moda, puedes estar al día de tendencias en cualquier rincón del mundo, ni siquiera hace falta que hables otros idiomas, e incluso puedes convertirte en una referencia en este campo. O en el que quieras.

Cuentas con traductores online disponibles que en breve serán capaces de traducir una conversación a cualquier idioma, y reproducirla con tu tono de voz.

Y en cuanto a tus destrezas, están a tu disposición miles, millones tal vez, de cursos gratuitos, vídeos explicativos, libros didácticos y una miríada de fuentes diversas para aprender casi de cualquier tema que quieras.

Y no sólo a nivel puramente teórico, sino también práctico. Puedes usar herramientas increíbles que apenas se podían concebir hace medio siglo, para construirte desde tus muebles, un acuario, o tu propia casa.

Y esto no ha hecho nada más que empezar.

A medida que todos los cambios vistos en el capítulo anterior vayan calando, esta capacidad de lo que llamamos empoderamiento personal va a ir a más, aumentando nuestras capacidades y las posibilidades.

Hemos hablado de las impresoras 3D, de redes de sensores, de alimentos potenciadores de las capacidades humanas, de mascotas modificadas genéticamente, de coches inteligentes, del internet de las cosas. Todos estos elementos tienen un punto en común, hacen más inteligente y compleja nuestra sociedad.

Aceptemos que se acercan tiempos complejos, y que para manejarlos se requiere una mayor inteligencia del ser humano. Nuestras familias, hogares, empresas, gobiernos, incluso nuestro equipo de fútbol…todo lo que nos rodea, debe hacerse más inteligente. Debemos aumentar las capacidades de gestionar lo complejo en cada faceta de nuestras vidas, desde el trabajo, la vida familiar, el ocio, el reciclaje, para poder afrontar los cam- bios que vienen y los retos que nos esperan.

Porque la batalla por la inteligencia ha comenzado ya, aunque sólo a una escala que no la diferencia mucho de los conflictos tradicionales. Empresas y gobiernos compiten por hackear la red de sus rivales, por defender de virus sus infraestructuras vitales.

Pero, ¿qué pasará cuando los cambios tecnológicos, económicos y sociales nos exijan a nosotros mismos que seamos más capaces?

¿Qué pasará cuando necesitemos un hogar más inteligente para garantizar nuestra seguridad, o una red interna de ordenadores conectados para controlar la domótica de nuestra casa? ¿Cómo afrontaremos el hecho de que cada miembro de la familia tiene sus necesidades, capacidades y límites en cuanto al acceso que debe tener a la televisión, internet y la información?

¿Cómo conseguiremos competir con los diseños de empresas rivales, que pueden estar en la otra parte del mundo? ¿O con quienes quieren copiar nuestras ideas o productos? ¿O con quienes inventan una nueva tecnología basada en la biología que sustituye nuestro mejor producto?

Sólo hay una respuesta a todas estas preguntas.

Con la Inteligencia.

El concepto de Inteligencia se había aplicado hasta hace unos pocos años sólo a los organismos gubernamentales. Los centros de inteligencia recopilaban información y emitían análisis sobre las más diversas situaciones geopolíticas. Desde hace unos años a esta parte, hemos asistido a la extensión del concepto de inteligencia en el mundo empresarial, y palabras como “Inteligencia de negocio”, “Inteligencia corporativa”, “Marketing conductual” y otras muchas que apelan a la capacidad de entender el mundo y nuestra propia empresa y a organizarlos de forma más efectiva, han llenado los consejos de administración hasta de las empresas más pequeñas.

Herramientas como los ERP ́s, los CRM ́s y los packs de reporting, entre otras muchas, aportan un valor que se supone estratégico para las empresas, pero que en muchas ocasiones no se utilizan en todo su potencial debido al desfase de uso entre las posibilidades de la tecnología y las capacidades reales de las personas de usarla.

El siguiente paso lógico, tras gobiernos y empresas, son el resto de las instituciones que conforman nuestra sociedad. Desde organismos como las ONG ́s o instituciones locales, hasta las pymes y los hogares, pasando por toda una variedad de formas de organizarse menos rígidas como asociaciones vecinales, grupos de internet con intereses comunes, etc.

Todos ellos deberán hacer frente a la realidad que les convierte en instituciones obsoletas, y adaptarse incorporando la inteligencia a su día a día de gestión.

Incluso las personas individuales, que hasta ahora confiaban en sus propias capacidades para conseguir un puesto de trabajo, o comprar una casa, deberán invertir en hacerse más inteligentes para poder seguir al día en la competición por no ser irrelevantes.

A medida que las herramientas de inteligencia como redes de ordenadores personales, móviles con reconocimiento de voz, coches conectados, hogares semiautónomos, formación especializada en capacidades, chats de análisis locales, y tantas otras que irán surgiendo, para intentar competir en un mundo más listo y capaz, la inteligencia se irá filtrando hacia todas las capas de la vida.

Desde las escuelas de negocio a las escuelas primarias, pasando por institutos, universidades, academias y demás piezas del sistema de educación crearán programas específicos para entrenar la inteligencia interna y externa, y desarrollarán cursos y masters para aumentar las capacidades todavía más.

Las ciudades acometerán inversiones colosales en inteligencia aplicada, por la que utilizarán millones de sensores y medidores para conocer, en milisegundos, el estado de cada rincón de la ciudad.

A día de hoy, las ciudades hablan de coordinar diez mil sensores, pero cuando nuevas iniciativas de código abierto o comerciales lleguen a las ciudades, empresas y hogares, la red de sensores se multiplicará fácilmente por diez mil o cien mil, creando una red que recogerá con precisión, meticulosidad e incansablemente, datos sobre la humedad, la contaminación, el ruido, la temperatura, la presencia de personas y animales, el tráfico, la velocidad de los viandantes y los coches, lo que están viendo los telespectadores, los internautas y los radioyentes…cualquier cosa que merezca la pena ser medida.

Y esos datos se integrarán en potentes infraestructuras tecnológicas en los que correrán modelos informatizados, que convertirán los hábitos, necesidades, intereses y futuros actos de sus ciudadanos en algo parametrizado y anticipado.

Los riegos automáticos se programarán por sí solos, los semáforos se abrirán instantáneamente para evitar atascos, los días de mucha contaminación tendremos avisos en nuestro móvil o televisor para usar el transporte público, que en esos días aumentará su frecuencia. Cualquier cosa que se os ocurra para mejorar vuestras vidas.

Como todo objeto, institución, programa u organización en el mundo, las ciudades evolucionarán hacia una mayor inteligencia cada día, y lucharán por conseguir que sus componentes sean a su vez más competitivos en esta escalada armamentística de la inteligencia.

Tratarán de integrar sus hogares, sus empresas y sus universidades en redes de complejidad creciente, y las ciudades competirán con otras para conseguir atraer a los mejores ciudadanos, aquellos que puedan aportar mejores recursos, como la inteligencia, a sus infraestructuras o a su vida cotidiana.

Y así llegamos al Futuro Inteligente.

Las empresas de todo tipo ofertarán productos mejorados, desde alimentos a nuevos ordenadores, juguetes y productos financieros que se adaptarán a las necesidades de sus usuarios.

Familias, ciudades y organizaciones se volverán más inteligentes, y se unirán a la competencia global por decidir cómo será el futuro, y para ello tendrán que controlar el principal recurso para ello. La inteligencia.

Será el comienzo de las Guerras Grises.

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