White Singularity: Multiplicar la riqueza, multiplicarlo todo

Multiplicar la riqueza, multiplicarlo todo

El resultado de todos estos cambios tecnológicos y sociales no será otro que el de un incremento masivo de la riqueza disponible.

Los nuevos productos fruto de la investigación biotecnológica, el internet de las cosas, la fabricación nanotecnológica, los servicios robotizados, las nuevas energías, las impresoras 3D, el prosumismo y los demás cambios analizados, supondrán una mejora drástica de nuestro nivel de vida.

Es probable también, aunque haya que trabajar mucho para ello, que con el esfuerzo de todos logremos restaurar gran parte de los ecosistemas dañados por el progreso industrial.

Las fuentes de riqueza se volverán intangibles, ubicuas y no rivales, como afirmaba Alvin Toffler, es decir, serán en su mayor parte inmateriales, estarán disponibles en cualquier lugar y a cualquier hora, y su empleo no las desgastará, sino que las multiplicará.

Este cambio de paradigma transfornará profundamente nuestras es- tructuras y cambiará radicalmente nuestra forma de vida, introduciendo elementos disrruptores en todos los estamentos sociales, desde la familia a la empresa, pasando por las instituciones, el empleo y el ocio.

También estaremos mejor informados de todo cuanto nos rodea gracias al internet de las cosas y a la conexión online en tiempo real a prácticamente cualquier fuente de noticias, opinión o datos que nos interese, y se crearán programas y servidores informáticos para nuestro hogar o para nuestro móvil que nos permitirán analizar de forma semiautónoma la información, filtrándola.

Podremos comprar, ¡y cuidado!, también copiar, casi cualquier cosa que deseemos, no sólo contenido digital. Y nuestros coches serán plataformas de comunicación, recarga, centros de ocio y médicos, ordenadores y redes de sensores.

Y nuestros hogares mucho más incluso.

La cantidad de datos a analizar provenientes de administraciones públicas, de los hogares y de las empresas requerirá un incremento masivo de las capacidades de los programas y los centros de datos. Eso, unido al aumento de chips y procesadores, de sensores y ordenadores, hará que la presión por encontrar las llamadas tierras raras haga ricos a muchos países y empresas, y la necesidad de nuevos ingenieros y programadores multiplicará las posibilidades de empleo en estos sectores.

Veremos el nacimiento de nuevas industrias completas, como la de la biotecnología y la nanotecnología, y con las aplicaciones de ambas a viejas industrias se conseguirán mejoras de eficiencia importantes.

La industria de los microprocesadores, la médica o la de las placas fotovoltaicas serán tres de las más beneficiadas, pero no serán las únicas.

Los beneficios de estas dos tecnologías trascenderán también a la alimentación, la moda y el ocio.

La agricultura sufrirá así mismo una mejora importante con nuevas variedades de plantas y abonos. La lucha contra los transgénicos no logrará frenar su avance en un mundo abierto, y es de esperar que en un breve espacio de tiempo surjan laboratorios de biohackers que patenten sus propias variedades de arroz y maíz para ofrecerlos libremente al mundo.

Mientras que las grandes compañías venden variedades genéticamente modificadas de arroz incapaces de producir semillas por sí mismas, y garantizando la futura compra de sus productos, los biohackers las ofrecerán libremente y con capacidad de reproducirse de forma sostenible.

A corto plazo la agricultura y la biotecnología lograrán paliar la necesidad de combustibles que el fin de la era del petróleo conlleva, gracias a nuevas técnicas de elaboración de biocombustibles a partir de plantas herbáceas. Creando tensiones alimenticias en algunos países, eso sí, que deberían ser resueltas con las nuevas variedades más productivas de plantas y técnicas que aprovechen partes no utilizables de la planta para alimentación, así como algas.

Así mismo, la distribución por internet de productos remodelará completamente el sector de la distribución comercial. Se reducirán, aunque no desaparecerán ni mucho menos, los comercios, las redes de transporte y los grandes almacenes mayoristas. Y los que sobrevivan deberán adaptarse y evolucionar.

Sin embargo, el impulso prosumista compensará esta inercia mediante la apertura de comercios especializados por parte de gente con más tiempo libre y sin necesidades materiales perentorias.

Los seres humanos, cubiertas sus necesidades básicas, podrán dedicarse a algo tan antiguo como la autorrealización, y muchos tomarán el camino de hacer realidad ese pequeño negocio, o esa afición que siempre han tenido, aunque no sea muy rentable.

A pesar de la crisis que vivimos en nuestros días, el futuro parece bastante bueno si se sabe cómo, dónde y cuándo mirar, y sólo nuestra falta de visión e intención de ejecutar estos cambios puede retrasar la llegada de este período de abundancia.

La riqueza del mundo se multiplica cada año, y sólo nuestro pensamiento anclado en la escasez de recursos, y los intereses del antiguo paradigma económico, impiden que la era de la escasez termine.

Pero eso va a cambiar.

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