White Singularity: El fin del trabajo

El fin del trabajo

No hace falta decir que todos los cambios tecnológicos y sociales van a poner en entredicho la capacidad de las sociedades para seguir generando trabajo, en la manera que lo conocemos.

Cuando una gran parte de las empresas están automatizando sus capacidades de producción, cuando sectores como las finanzas, el periodismo, la consultoría jurídica, la composición musical e incluso la medicina se ven amenazadas por la llegada de sistemas expertos, y cuando una gran parte de los ciudadanos son cada día más capaces de prosumir sus propios bienes y servicios sin involucrar ni a empresas ni a organismos públicos, ha llegado el momento de plantearse qué va a ocurrir con el empleo remunerado.

Porque la tendencia de destrucción de empleo no va a remitir, sino que se va a acrecentar. Es posible que haya picos de subida y bajada, pero la tendencia de creación de empleo se va a ver radicalmente afectada por todos estos procesos.

El rol clásico del trabajo remunerado con dinero por cuenta ajena o por cuenta propia va a cambiar, casi a desaparecer.

Todos los sectores productivos se van a ver afectados por el impacto que las nuevas tecnologías van a tener en el trabajo tal y como lo conocemos.

Los puestos llamados de cuello blanco, los empleos de oficina, contabilidad, finanzas, departamentos de compras y demás puestos de trabajo que requieran el uso de herramientas ofimáticas, van a ver cómo una variedad creciente de programas hacen su mismo trabajo de una forma mucho más organizada y barata.

Los actuales programas de gestión empresarial ERP ́s y CRM ́s permi- ten una capacidad de análisis que convierte la gestión de grandes corporaciones en una tarea asequible. Sin esas herramientas el control de divisiones multinacionales sería mucho más complicado.

Por supuesto, al principio desaparecerán los puestos de trabajo que menos aporten a la cadena de valor, y se automatizarán aquellas tareas más sencillas y rutinarias. Pero a medida que las capacidades y la complejidad de estos programas aumenten, más tareas irán siendo realizadas por máquinas.

Procesos completos de compra-venta serán acometidos por ordenadores, desde realizar un pedido de compra y recepcionar la mercancía, hasta distribuirlo, venderlo, contabilizar las facturas de compra y venta, y realizar los pagos y cobros de las mismas.

Las comunicaciones entre empresas estarán cada vez más automatizadas, al igual que las de la administración.

Pero no sólo los puestos de oficina tienen gravitando sobre sus cabezas la amenaza de la tecnología. La tendencia de software cada vez más inteligente pone en riesgo la continuidad laboral de profesiones hasta ahora intocables como la medicina, la creación artística, el periodismo y la abogacía. Se habla ya de supercomputadores capaces de realizar este tipo de tareas de forma al menos tan eficiente como las realiza el ser humano.

También la robótica colaborará en esta tendencia. A medida que se vayan diseñando robots más versátiles, duraderos, baratos y funcionales, irán aumentando su campo de actuación a sectores como la agricultura, la asistencia sanitaria, la fabricación compleja. Combinando estas nuevas capacidades físicas con la creciente potencia intelectual de los programas tendremos un serio competidor en áreas hasta ahora reservadas a los hombres.

Y no termina ahí el impacto tecnológico en el empleo.

Nanotecnología, biotecnología, construcción por módulos y las más diversas tecnologías, ciencias y técnicas aumentarán la productividad de cada uno de los trabajadores de todas las industrias creadas por el hombre.

La fabricación robotizada volverá a crear problemas para los trabajado- res en China a medida que éstos aumenten sus salarios y la robótica se haga cada vez más competitiva y barata, la creación audiovisual también verá multiplicada la productividad por las nuevas herramientas de edición, al igual que el periodismo. La digitalización de facturas, y los formatos es- tándar de facturación harán que una persona pueda realizar el trabajo de todo un departamento contable.

Cada persona de cada sector será capaz de producir mucho más con menos recursos y empleando menos tiempo.

Así pues, ¿qué otras alternativas de empleo esperan a los trabajadores y empresarios durante los próximos años?

Por suerte esas mismas herramientas ofrecen múltiples posibilidades para paliar la eventual falta de trabajos remunerados.

El prosumismo, el intercambio basado en sistemas de redes sociales, empresas de cooperativa de autoconsumo, cooperativas de compra por internet, los bancos de tiempo, los equipos de trabajo colaborativos y otras muchas herramientas se aprestan para ofrecer a los parados la oportunidad de incrementar sus ingresos y lograr capear este temporal.

Llegará el día en el que cada uno de nosotros sea una empresa, vaticinó alguien. Sin embargo, sería mucho más acertado decir que cada uno de nosotros va a ser un centro de creación, distribución, intercambio y consumo de riqueza de formas que jamás hemos visto.

En definitiva, el trabajo remunerado se termina, pero la capacidad de crear riqueza de la sociedad será tan grande que podrá garantizarse la vida de todos los seres humanos, al tiempo que se ofrecen alternativas para la consecución de los intereses y objetivos personales de cada uno.

La sociedad valorará las iniciativas o las dejará de lado, y veremos surgir sistemas de organización, centralizados o distribuidos, pero basados en los ciudadanos y con formas jurídicas aún por inventar, que ofrecerán sus bienes y servicios, bien por dinero, bien por nuevas clase de monedas que veremos más adelante, bien por otros bienes y servicios, o, en última instancia, para satisfacer una necesidad de la sociedad.

Entender un mundo sin trabajo remunerado puede ser complicado, tan inmersos estamos en este paradigma de trabajar por dinero. Pero no olvidemos que hasta hace muy poco, quizás sólo un par de cientos de años, la existencia de trabajadores contratados era nula, y los salarios sólo se estandarizaron con la llegada de la revolución industrial.

Esto no tiene por qué permanecer así en el futuro, y quién sabe los sistemas de intercambio que surgirán en nuestras sociedades, a raíz de las nuevas tecnologías emergentes.

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