White Singularity: Imprimiendo el futuro

Imprimiendo el futuro

Quienes conozcan un poco la historia de alguna de las tecnologías, hoy en día consideradas de masas, verán una pauta bastante común que suele repetirse.

Generalmente alguien crea un aparato, ya sea un ordenador, un teléfono móvil, un disco duro portátil, una impresora, y la lanza al mercado.

Al principio, sólo los organismos gubernamentales y las grandes empresas suelen utilizarlo, y no es menos cierto que suele haber alguien importante que suele salir diciendo algo como…”no creo que la tecnología x salga nunca más allá del ámbito empresarial”.

Décadas después, ésta tecnología no sólo es algo que está en cada hogar, sino que ha mejorado sus prestaciones, reducido su tamaño y bajado su precio.

Lo mismo puede ocurrir con la tecnología de las impresoras 3D.

Aparatos voluminosos que utilizan diversos materiales de plástico o resina para crear modelos en 3D, estas impresoras están llamadas a reducir su tamaño y su precio al tiempo que aumentan sus prestaciones.

Ya existen impresoras 3D comerciales, ya existen redes P2P que intercambian plantillas para la impresión de objetos.

Están aquí, ¿has oído hablar de ellas?

Quizás en los próximos años lo hagas. Pues traen la revolución a tu forma de comprar desde casa.

Imagina que estás navegando por Internet, y decides comprarte unas cómodas zapatillas. No tendrás que ir a la tienda a por ellas, ni tendrás que esperar a que ningún pedido entre por tu puerta de la mano del cartero, o de un mensajero.

Bastará que adquieras el producto para que tu impresora 3D fabrique en minutos un duplicado perfecto de ese modelo. Incluso no necesitarás ni probártelo, porque tu ordenador reconocerá las medidas de tus pies y creará tus compras con el tamaño perfecto adaptado a ellos.

Al principio, los productos que se podrán comprar serán simples, de re- sina o plástico monocolor.

Pero poco a poco se irán ampliando sus capacidades.

Impresoras multicolor que harán preciosos adornos para la fiesta de los niños, nuevos materiales, como metales o resinas porosas, o plásticos que imiten el tacto y el color de la piedra, el metal o la madera.

Tras del paso de la impresión en 3D por nuestras vidas, el mundo de la distribución no volverá a ser igual. Las distancias prácticamente desaparecerán, el tiempo se acortará, y las formas de comprar se multiplicarán.

Podrás elegir entre comprar algo en una tienda, comprarlo por internet original, o comprar su plantilla para imprimirlo inmediatamente en casa.

Evidentemente, la gente valorará los productos originales, pero para un consumo rápido un objeto impreso nos servirá de la misma forma.

Pensemos un momento en un sector como el de los fascículos de kios- co. Adquiriremos las piezas de la colección por internet, y las iremos comprando mes a mes, imprimiendo los coches, aviones, piezas de barco, dedales o lo que sea que deseemos comprar. Podremos engancharnos a una colección a la mitad, y fácilmente comprar los capítulos anteriores e imprimirlos, completando nuestra colección.

Seguramente también se llegue a imprimir libros, ropa o adornos.

Se conectarán estos aparatos a la televisión para poder comprar lo que veamos en los anuncios. El concepto de teletienda tampoco volverá a ser igual.

Al principio las impresoras 3D serán algo exclusivo de unos pocos, pero a medida que su tecnología se difunda, más familias y empresas las utilizarán para los más variados propósitos.

Junto con una gran variedad de nuevos aparatos de fabricación digital, esta tecnología convertirá nuestros hogares en fábricas y a nosotros, prosumidores convencidos y entusiastas, en potenciales diseñadores industriales.

Cualquiera podrá diseñar el nuevo objeto de moda, patentarlo, o piratearlo, y hacerse muy rico con cualquiera de las opciones.

Podremos convertir nuestros hogares en estudios de diseño, y cada vez que alguien use o imprima alguno de nuestros diseños, cobrar una canti- dad, o tal vez elijamos liberar nuestras creaciones para que beneficien a la Humanidad, uniéndonos al creciente movimiento de las “piezas libres”.

Y como en todo, seguirá habiendo clases y categorías.

Tendremos en el mercado las pequeñas y versátiles impresoras corporativas, y existirán múltiples tipos especializados de uso empresarial.

Eventualmente esas impresoras también se reducirán y llegarán a los hogares, pero mientras esto ocurre, veremos cómo las empresas prestan multitud de servicios con ellas.

La medicina se beneficiará, y mucho, de ellas.

Se ha hablado de la generación de órganos a partir de células madre, pues bien, con estas impresoras podremos tomar una célula de un paciente y crearle un órgano, el que sea, en cuestión de horas.

Podremos imprimir un hígado, un pulmón o un corazón. Sin riesgo de rechazo.

Suena a ciencia ficción ¿verdad? Ya se está haciendo. Estos días en los que escribo estas líneas se ha conocido la noticia de que se ha impreso una arteria funcional rudimentaria.

¡Sorprendente!

Otros muchos negocios se verán modificados también.

¿Por qué no mejorar las impresoras 3D de alimentos que ya existen?

Máquinas que impriman en polvo las partes básicas de un refresco y las añadan a agua para crear cócteles y bebidas. También se está haciendo ya.

¿O máquinas que impriman una pieza o repuesto en el momento, eliminando los tiempos de espera y los caros stocks de servicios técnicos de coches, ordenadores y electrodomésticos? ¿O casas completas como se está proponiendo?

Y esto es sólo el principio.

En el momento en que la tecnología nano, la nanotecnología, llegue a hacerse tan común que pueda ser usada con seguridad en empresas corrientes y en los hogares, las viejas y obsoletas impresoras 3D se verán apartadas a un rincón y dejarán paso a las flamantes máquinas de nueva generación.

Estas impresoras de nanotecnología, aumentarán exponencialmente la complejidad de los productos impresos, y al no verse limitadas a usar ningún cartucho de material caro, reducirán el coste de impresión, así como la mejora de la calidad del acabado.

Podemos soñar, incluso, con usar los residuos de nuestra propia casa para alimentarlas, en un remedo de reciclaje tecnológico que daría origen a nuevos productos a partir de las sobras de la cena.

Quienes hayan seguido el razonamiento hasta aquí, seguramente se hayan dado cuenta de que todas estas tecnologías contribuyen a crear riqueza de una forma como jamás se ha soñado en la historia de la Humanidad, y a transformar el modelo de escasez actual y cambiarlo por uno de abundancia sin más límites que la energía.

¿Qué sentido tiene acaparar materias primas, oro, piezas o riquezas materiales en un mundo así? Asistiremos a una explosión del valor del conocimiento, en detrimento de aquellos elementos materiales que, hoy en día, son ya cada vez menos una fuente de riqueza.

Es un viaje asombroso, sin duda, y en él veremos también la lucha entre la economía oficial medida por contables y economistas, y la economía no oficial, mantenida al margen de estadísticas y PIB ́s, y que ahora mismo está volando por debajo del radar de todo el mundo y cambiando nuestras sociedades.

Alvin Toffler llamó a esto, Prosumismo. Y ya ha cambiado el mundo.

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