White Singularity: ¿Sabes lo que comes? ¿Sabes lo que vistes?

¿Sabes lo que comes? ¿Sabes lo que vistes?

Probablemente pienses que sabes, de una forma más o menos razonable, de qué se componen los productos que comes, vistes, consumes y te rodean.

Has oído hablar de los pesticidas, las hormonas, las radiaciones electromagnéticas, los productos cancerígenos que hay en ellos, pero no le das la más mínima importancia, porque, a fin de cuentas, estos productos pasan las inspecciones de rigor y llevas años consumiéndolos. Seguramente, como la mayoría, relativizas ese efecto y aunque estás seguro de que existe, le das una importancia relativa.

Eso va a cambiar.

Existe toda una rama de la ingeniería que está naciendo al albor de la preocupación que la composición de los productos y los alimentos está despertando. Es la ingeniería ecológica.

Esta rama del saber recopila los datos de un producto hasta su más mínima expresión, y desde que apenas es una materia prima sin transformar hasta que se convierte en basura y es desechado. Los ingenieros ecológicos tratan de comprender cómo afecta el ciclo de vida del producto al ambiente que nos rodea. Al medio ambiente, y también a nuestra familia, a nuestra salud, la de nuestras ciudades y nuestros mares.

 

Analizan todas las implicaciones que tienen los productos y las piezas que los componen, y conociendo el peligro que supone la combinación de algunos de ellos, incluso siendo individualmente inofensivos, tratan de analizar el impacto que dicha combinación tendrá en nosotros. Pero van incluso más allá. Tratan de estudiar los efectos que la combinación de varios productos de nuestro hogar tendrá a largo plazo en nuestra salud y en el medio ambiente.

Como veis, es una tarea ímproba, y con las técnicas actuales y nuestros conocimientos es muy complicado.

Sin embargo, una suma de tecnologías y tendencias incipientes acudirá en ayuda de los ingenieros ecológicos en esta tarea.

La primera de ellas, no es otra que la tendencia hacia la apertura de datos de empresas y administraciones públicas.

La cantidad de información de productos, transporte, datos ambientales y demás inputs válidos para el análisis se está multiplicando. Los propios ingenieros y gente interesada en el tema vuelcan de forma masiva sus conocimientos y datos en la Red, permitiendo conocer la composición completa de los productos, su distribución, sus efectos, y da la posibilidad de ofrecer cada vez datos más y más complejos.

La segunda tecnología que ayudará en esta tarea es la difusión de la supercomputación. La computación grid y los mini supercomputadores permitirán que la gente medioambientalmente concienciada tenga a su disposición potentes máquinas capaces de ejecutar simulaciones y análisis hasta ahora impensables. Así, tomando datos de muy diversas fuentes, será posible crear modelos que estos ordenadores usarán para predecir resultados e impactos a escala personal, local o mundial.

La tercera tendencia es más social que técnica y se trata de la creciente preocupación medioambiental y el deseo creciente de consumo responsable. Si la gente conociese los efectos que un determinado producto tiene sobre su salud y la de sus hijos, se preocuparía mucho más de exigir información. La Red facilitará esta tarea, y el despertar de este interés de consumo responsable, haciendo que las personas quieran conocer mejor los efectos que un champú, un alimento o un televisor tiene en el ambiente de su hogar a largo plazo.

 

La crisis también ayudará en este sentido, pues la necesidad de reciclar materiales como forma de ahorrar costes hará que nos preocupemos más cada vez por el destino final de nuestros desechos y de quienes se enriquecen con ellos.

Eso conllevará un radical cambio en la forma de medir los beneficios de un producto para una empresa o un país. La contabilidad de las compañías y de los países tendrá que cambiar para incluir paulatinamente todos estos costes sociales ocultos, que ahora mismo están repercutiendo en la sociedad, sin que nadie pague por ellos.

La llamada contabilidad integral, incluirá los costes que la contamina- ción generada para producir la electricidad que consumimos tiene en la respiración de las personas y los costes que tendrán para el sistema sani- tario esas afecciones respiratorias y cancerígenas. También recogerá el efecto del estrés que una compañía cause en las personas que trabajen en ella, el precio del reciclaje, los efectos de componentes tóxicos ocultos, etc. Cada uno de los perjuicios no pagados (o los beneficios no cobrados) de un producto o servicio, se integrará en las cuentas de resultados de las compañías para comprender completamente el precio que tiene consumir algo para la sociedad.

Así mismo, el indicador más habitualmente usado en la medición de las economías de las naciones, el PIB, cambiará para incluir esos mismos resultados y otros que ya están empezando a medirse. La felicidad de las personas, el medio ambiente, el índice de suicidios, la educación, etc. La potencia de una nación no se medirá sólo por cuánto consume y gasta, o por su influencia política, sino por todos estos factores y muchos más.

Todo este movimiento socio-tecnológico dará lugar a un sistema económico en el que la ingeniería ecológica y el ecodiseño (el diseño que tiene en cuenta todas las implicaciones, sanitarias, ecológicas y ambientales) ganarán peso sobre el resto variables de producción.

Así, no será extraño ver productos diseñados completamente para minimizar el impacto ambiental, e incluso para que su uso tenga efectos positivos en la familia y el medio ambiente. Plásticos biodegradables que al descomponerse favorezcan la biodiversidad, combustibles sin aditivos químicos que puedan ser recogidos por catalizadores y generen más biocombustibles, muebles que limpien el ambiente, carreteras que produzcan energía eléctrica a partir del sol, alimentos que mejoren la salud, edificios diseñados en su más mínimo detalle para mejorar el ánimo, el bienestar y la vida de sus ocupantes, a la par que sostenibles y capaces de reciclar una parte de sus desechos, de generar energía y en los que incluso se integrarán jardines, huertos y bosques.

Cada uno de estos productos será estudiado desde el momento de la extracción de las materias primas de todos sus componentes, incluidos los envases y embalajes, para conseguir que su consumo no sólo no degrade la salud ni el medio ambiente, sino que incluso sea beneficioso para la sociedad.

Consumir en el futuro será realmente una forma de contribuir al desarrollo.

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