White Singularity: Ecotecnologías

Ecotecnologías, el futuro pertenece a la vida

El mayor peligro para la Humanidad radica, hoy en día, en el impacto que el hombre tiene sobre el medio ambiente. Nos guste o no, vivimos en un planeta al que estamos íntimamente conectados. Nuestra supervivencia, por el momento, está ligada a la supervivencia del planeta, y durante décadas, siglos incluso, el ser humano ha estado teniendo un impacto negativo que ha desequilibrado los ciclos y la capacidad del sistema viviente de recuperarse.

Esa amenaza, mucho más que cualquier crisis económica, o que una hipotética guerra mundial, es la que actualmente amenaza al ser humano.

Viendo los precedentes, no se puede ser muy optimista en cuanto a que vayamos a conseguir revertir el daño hecho mediante la reducción del consumo y la simple protección medioambiental, como defienden las corrientes ecologistas de la izquierda.

El ser humano simplemente no va a renunciar al progreso y al consumo para salvar el medio ambiente, aun cuando eso suponga su propio fin. Te- nemos tal estrechez de miras como para no darnos cuenta de que estamos metidos en un lodazal hasta el momento en que el agua y el barro nos inunden nuestros pulmones.

Sin embargo, existe una salida a esta situación, y por suerte, ese deba- te entre progreso y protección ambiental es una elección ficticia.

Con la llegada de lo que se ha dado en llamar ecotecnologías, la Humanidad contará con un conjunto de potentes herramientas para entender, proteger, y restaurar el entorno natural.

La ingeniería ecológica, los supercomputadores ambientales, la secuenciación completa del ADN de todas las especies de la Tierra, la creación de vida celular, la clonación, la modificación genética, la bioingeniería, la arquitectura ecomimética, las ciudades de funcionamiento biomimético.

Todas estas ciencias y técnicas que llevan años, e incluso décadas desarrollándose, están todavía realmente en un estado incipiente, y si bien su explosión se vaticina cada año, no termina de llegar.

Sin embargo, cuando lo hagan, cuando encuentren el camino para hacerse tan ubicuas y tan extendidas como los son hoy las ciencias de la información, asistiremos atónitos a la integración completa de las ciencias

 

de la vida en nuestra sociedad, en nuestra economía y en cada uno de los estamentos y facetas de nuestra sociedad.

Diversos equipos de investigación están trabajando en áreas tan dispersas como la computación biológica, la creación de vida celular, o la modelización de los ecosistemas.

Particulares y aficionados de todo el mundo aplican cada día a la biología las mismas técnicas de Hazlo tú Mismo (Do It Yourself – DIY), que tantos éxitos han dado en la astronomía, la informática, la meteorología y un sinfín de otras ciencias.

Son los biohackers.

Personas individuales, como cualquiera de nosotros, dotadas con potentes pero asequibles medios técnicos, y armadas con todo el poder de la ciencia que está disponible en internet, están comenzando a realizar trabajo de laboratorio en casa. Con un presupuesto de unos pocos miles de euros o de dólares, montan eficientes laboratorios que gestionan con profesionalidad y pasión. Ahora mismo, las ciencias de la vida están avanzando en los garajes y habitaciones de familias y grupos de amigos. Pronto veremos cómo esos conocimientos comienzan a filtrarse por la Red, asombrando al mundo con descubrimientos continuos, y poniendo en peligro el monopolio de las ciencias de la vida que algunas multinacionales están queriendo imponer.

A nivel global, es de esperar que la explosión de la que hemos hablado se produzca cuando cada una de las disciplinas de estas ciencias comience a permear hacia otras disciplinas de la vida, y se mezcle con otras ciencias como la nanotecnología o las tecnologías de la información a un nivel comercial.

Imaginad ordenadores capaces de usar neuronas animales, o sintetizadas a partir de ellas, para mejorar el entendimiento del lenguaje, o la toma de decisiones. Consolas de videojuegos mucho más inteligentes que las actuales y servidores de juegos online capaces de generar sus propios escenarios a medida que cada grupo de jugadores avanza por los mundos virtuales.

En la actualidad ya se están diseñando edificios siguiendo las estructuras que en la Naturaleza han evolucionado, por ejemplo emulando enormes columnas vertebrales, capaces de resistir los temblores más salvajes, y cuya superficie captura el CO2 para convertirlo en abono, con bosques y jardines en su interior, y huertos en su azotea. Diseños que continuarán usando los patrones que la naturaleza lleva perfeccionando cientos de millones de años.

También se ha planteado convertir toda la red de autopistas de una na- ción en organismos semivivos capaces de producir energía y capturar el CO2, creando a ambos márgenes bosques alimentados por la propia con- taminación y transportando por debajo suyo energía e información.

Atreveos a soñar cómo será poder clonar a vuestra mascota, y darle otra vida, o a ver zoológicos y parques temáticos con animales extintos. ¿Queréis tener un dodo como mascota? ¿O un acuario con trilobites?

Probablemente, antes de que termine la década, asistamos asombrados al nacimiento del primer mamut en miles de años.

Y las ciencias médicas cambiarán enormemente. Se diseñarán y harán crecer órganos a medida, cada persona dispondrá de su perfil genético completo, y enfermedades como el cáncer, la rabia, el alzhéimer, el párkinson o el Sida serán curadas como hoy se cura una otitis o un dolor de muelas.

Se reescribirán las reglas de la vida, la extinción, la evolución y la muerte.

Enormes mercados surgirán al calor de nuevos productos elaborados con técnicas nuevas. Belleza, medicamentos, trasplante de órganos gene- rados a partir de células madre, el ocio, todos ellos se verán cambiados radicalmente, enormes imperios caerán y otros se levantarán.

Naciones como Corea del Sur, que llevan la delantera en algunas de es- tas investigaciones crecerán, al igual que otras como China, con pocos escrúpulos, o como Brasil, Australia, Costa Rica o Nueva Zelanda, cuya riqueza en biodiversidad y biomasa les convertirá en potencias exportadoras de bioinformación.

En Europa, España podría jugar un papel privilegiado si lograse aumentar sus capacidades investigadoras en este área, al igual que Portugal, Croacia y Rusia. Todo dependerá del papel que quieran jugar en este nuevo mundo de bioinformación, ecodiseño, turismo ecológico y biotecnología.

Evidentemente grandes riesgos acechan tras estas propuestas: El peligro de virus descontrolados, el riesgo de terrorismo biológico, la infección de ecosistemas con especies artificiales y la alteración del equilibrio de nuestro planeta.

 

Pero hay que suponer que el hombre será lo suficientemente inteligente como para que estas ciencias se vayan desarrollando de forma paulatina y controlada. Y que, poco a poco, se irá conformando una doctrina bioética mundial para regular este tipo de productos, servicios y experimentos.

Ante nosotros se abren dos posibilidades, que las ciencias de la vida y las ecotecnologías se desarrollen de forma exponencial y el ser humano alcance la singularidad a través de las ciencias del carbono, o que se descontrolen y nos enfrentemos a nuestra propia extinción biológica. De ambas posibilidades hablaremos en los capítulos “¿Y si el carbono gana al silicio?” y “El fin del mundo, ¿y si no llegamos?” respectivamente.

Baste decir por el momento, que nos encontraremos con un inmenso arsenal de vida en nuestras manos, y aunque hasta ahora el acero ha dominado el desarrollo industrial y el silicio ha dirigido el progreso tecnológico, el futuro puede ser de las ciencias de la vida.

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