Qué es la Singularidad Tecnológica

Reempecemos por el principio.

La Singularidad Tecnológica es un punto en el tiempo, un horizonte temporal. No es un período, ni una tecnología, sino la linea divisoria entre lo que hay antes y lo que hay después, de ella.

La Singularidad (como ahora se abrevia el término) es un punto en el que el Ser Humano deja de comprender el progreso tecnológico al producirse este tan rápidamente que su mente normal no puede seguir el ritmo o siquiera comprender lo que está pasando.

Esto puede producirse por diversos desarrollos tecnológicos, como la Inteligencia Artificial, la capacidad de subir mentes completas a sistemas computacionales o la Biotecnología. Lo más probable es que se produzca por alguno de los tipos de IA que puedan desarrollarse.

La gente suele confundir la llegada de la Inteligencia Artificial superior a la inteligencia humana con la Singularidad, pero eso, digamos, es sólo el pistoletazo de salida, el empujón final antes de llegar a ella.

Puede haber un período en el que la IA se desarrolle y desarrolle sus capacidades y el ser humano sea capaz de entender lo que pasa. A fin de cuentas, aunque no seamos capaces de fabricarlas, todos entendemos qué es una nave espacial, por ejemplo.

Algunos autores han cifrado ese período intermedio en 18 meses, yo creo que puede ser más, o menos, dependiendo no sólo de las capacidades de esa Inteligencia para mejorarse, sino de las herramientas de las que disponga y con las que interactuar con el mundo físico. ¿Tendrá acceso a laboratorios físicos y virtuales, a fábricas de procesadores, a telescopios y satélites?

Bien, el ser humano puede salir bien parado de ello (IA amistosa) y ser el primo pobre en esta relación (aunque infinitamente más rico que ahora gracias a los beneficios de nuestra relación con ella), o ser destruido (IA Hostil). De cómo desarrollemos la IA y de nuestra propia ética puede depender si afrontaremos una u otra.

Pero hay una tercera vía para el Ser Humano. Ser mejores.

Potenciar nuestros cerebros mediante implantes, nanobots, conexión a la red y biotecnología (o una mezcla de varias de ellas) para estar a la altura de los desarrollos que se produzcan y incluso aprovecharlos para mejorarnos.

A esa idea se le llama Transhumanismo, y a mí personalmente no me gusta, aunque si tengo que hacerlo, como todos vosotros, la aceptaré. Una vez alcanzada la Singularidad, yo, por el contrario preferiría, vivir una vida larga, inmortal, como un ser humano normal, en un mundo reconocible para mí, antes de dar el paso de subir eventualmente mi cerebro a lo que en ese momento sea internet.

Es a eso a lo que muchos Singularistas llaman “crear una reserva”, yo lo llamo Singularidad Blanca. Una singularidad lo suficientemente benévola como para permitirnos vivir en una Tierra convertida en un paraíso para nosotros, donde podamos disfrutar de la Naturaleza, la Cultura y el Arte, antes de sumarnos a la aventura singular de explorar el Cosmos junto a la IA.

 

Nota: realmente ambas posibilidades no son excluyentes, puedes subir tu mente a un ordenador e irte de exploración y al mismo tiempo dejar tu yo físico en la Tierra.

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