TRANSPORTE PÚBLICO

No podremos lograr un Madrid de abundancia (ni ningún otro sitio) si no conseguimos convertir el transporte público de la Comunidad (o al menos el de la capital y su cinturón) en lo que debería ser, una perfecta máquina sincronizada de servicio al ciudadano.

Estos días hemos sufrido todos dos eventos que dan una clara idea del cariz de esta cuestión.

Primero, las luchas políticas en torno al transporte público, con una Comunidad y un Ayuntamiento enfrentados, en lugar de estar colaborando para atender las necesidades de los madrileños y los turistas. Numerosos problemas en el tren, el metro y las líneas de autobuses dejan un poso amargo en todos los que hemos sufrido esta semana.

El segundo, la boina de contaminación, que ha derivado unas restricciones de circulación y aparcamiento más que necesarias, pero nada bienvenidas por parte de los conductores, claro síntoma de que el transporte público no puede competir con el transporte privado por excelencia, el automóvil.

Mientras llegan los coches autónomos y los eléctricos, tenemos que apostar por el transporte público para satisfacer la demanda de transporte de los madrileños y sus necesidades.

Pero, ¿cómo debería mejorar la red de transporte para conseguir convertirse en una alternativa al transporte privado?

Primero, debería ampliar su frecuencia. Esperar siete, ocho o diez minutos hasta un tren, o un metro, en horas que no son ni mucho menos de baja frecuencia de pasajeros, es inadmisible. En hora punta, la cosa tampoco mejora, con vagones y autobuses llenos a reventar, malos humos y continuas paradas y retrasos.

En verano los recortes de frecuencias y de número de vagones tampoco hacen que la cosa mejore. Y no hablemos de quienes trabajan o salen a horas intempestivas.

La frecuencia no debería ser nunca mayor de 3 minutos entre tren en hora punta, y cinco en cualquier otra. Sus horarios deberían ser extendidos al menos hasta las dos o tres de la mañana, y abrir sus puertas a las cinco de la mañana.

Otro problema son los tornos. Hay que encontrar otra solución distinta a la actual para controlar los accesos. Las colas que se forman a la entrada y la salida de las estaciones, o en las paradas de autobús son un síntoma de que algo falla en el sistema.

Imagino acceso libre sin tener que hacer colas, lo que daría una sensación de libertad y de naturalidad que es justo lo que necesita el sistema público de transporte.

También creo que deben mejorarse los servicios relacionados con el transporte público. Mejores tiendas en la estación, wifi gratis, dispensadores de periódicos o libros en las paradas de autobús, etc. Pienso en exposiciones de pintura y escultura en las estaciones de tren, obras de microteatro en las paradas de metro y en los autobuses.

Por supuesto que sería costoso al principio, y que es insostenible si no viene acompañado por una mayor recaudación, o por un cambio en la gestión económica de la Comunidad. Pero es que justo de eso habla este blog. De cómo podemos conseguir que usando nuevas tendencias socio económicas y nuevas tecnologías como la automatización, la robótica, los lectores RIFF, el prosumismo, etc. se dé un mayor servicio al ciudadano sin aumentar el coste.

Lo lograremos con trabajo y con ingenio.

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