POLÍTICA EXTERIOR EN ESPAÑA

Inexistente. Esa es la pinta que tiene la política exterior española en el mundo.

No sé si será una táctica para pasar desapercibidos en la escena internacional, pero desde luego, si lo es, lo hemos logrado.

Embajadores puestos a dedo en muchos lugares, más por pagar favores políticos y no por sus méritos, una indefensión total de nuestros ciudadanos en el mundo, y de nuestras empresas, pérdida total de capacidad en nuestras esferas de influencia tradicionales, Europa, Latino América, el Norte de África, un CNI sin medios, una falta total de coherencia en nuestras decisiones en el traspaso entre administraciones…

Todos estos males han aquejado nuestra política exterior durante décadas, hasta dejar a España sumida en la irrelevancia en la que lleva desde el siglo XVIII. Pero esta condena no es a perpetuidad, y debemos dedicar nuestros esfuerzos a tomar un papel más importante en la caótica escena internacional actual.

Necesitamos reconstruir los medios de actuación internacionales tanto en la escala política, económica, solidaria y hasta militar. Y eso va a llevar esfuerzo y muchos años, quizás décadas, de trabajo conjunto a muchos niveles y en muchos sectores. No es algo que pueda hacer un Gobierno en solitario, ni una agencia del Gobierno, ni una empresa. Es una tarea titánica.

Por ello debemos empezar lo antes posible, y desde todos los ámbitos de la administración, a tomar medidas consensuadas con la oposición, con los agentes sociales (sí, con todos), y a dialogar con nuestras empresas, embajadores y principales valedores de la Marca España para conocer, de quienes están sobre el terreno, nuestras necesidades en cada región, y la de nuestros aliados.

Temas tan fundamentales como nuestra seguridad alimentaria (por sobrepesca de caladeros, por ejemplo) o energética, están sobre el tapete, pero también nuestra capacidad de decidir nuestro propio destino como país en un mundo cambiante, lleno de riesgos pero repleto también de potenciales oportunidades.

Las cosas están cambiando ahí fuera, y tener una voz fuerte y unida con la que hablar fuera de nuestras fronteras nos permitirá sobrevivir a los tiempos inciertos que vienen, y vienen fríos e inciertos, sin duda.

¿Cómo hacerlo? no soy un experto, así que no puedo dar más receta que la que ya he mencionado. Unidad en la política exterior del país de todas las fuerzas políticas y sociales (y eso no trata de dar una carta blanca al Gobierno, sino consensuar lo que todos piensen que es mejor, y luego acatar lo que se diga en democracia), preguntar a los expertos en cada campo y en caza zona geográfica, y establecer planes globales y locales para ejecutar esa política exterior mirando a largo plazo, estableciendo alianzas, fortaleciendo lazos, creando intereses comunes y beneficiando al mismo tiempo que nos beneficiamos y fortalecemos.

Bueno, es una idea, no sé siquiera si es factible, ni si tenemos la voluntad política o como nación para llevar a cabo tan ambicioso plan, pero desde luego, de no hacerlo, no sólo estaremos quedándonos parados en un momento en el que no avanzar sería catastrófico, sino un error histórico de proporciones épicas.

 

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