Nos falta compromiso con los demás

Suelo dedicar los paseos con mi perro, Nacho, a pensar sobre los problemas de la Humanidad,y sobre qué podría hacer yo para solucionarlos.

Ni que decir tiene que la cantidad de ideas, de problemas y de inquietudes es tan grande que para poder pensar en ellas tengo que ir reduciéndolas a sus causas fundamentales.

Y al cabo, cuando reduces, y reduces, y reduces, te das cuenta de una cosa, de que cuando logras simplificar las causas lo más que puedes te quedan dos muy interrelacionadas, la pobreza y la falta de compromiso con los demás, el egoísmo.

La pobreza por cuando representa una serie de necesidades no cubiertas que son imprescindibles para vivir, y el egoísmo, como la necesidad imperiosa de anteponerme yo a todo aunque dañe a los demás.

Quizás éste último sea el gran mal de nuestro tiempo, pues la pobreza parece que estamos reduciéndola (con mucho esfuerzo). Además, nadie podría acusar a gente como Trump de hacer y decir estupideces a causa de las necesidades que genera la pobreza.

Por lo tanto, aún cuando consigamos terminar con la escasez, cuando cumplamos el objetivo singularista de crear un mundo de abundancia ilimitada para todos, nos quedará otro paso mucho más importante, una labor ardua y casi imposible: limitar el egoísmo humano.

Porque ése debería ser nuestro objetivo en los países desarrollados. No crear más riqueza, no subir el PIB, nada de eso. Nuestro principal objetivo debería ser conseguir el compromiso de todos los ciudadanos para con los demás, con el bienestar común.

Ambas cosas no son incompatibles. De hecho, creo que sólo desde una posición en la que se valora a uno mismo se puede valorar a los demás. El capitalismo, con sus motores internos de progreso, deseo, innovación, necesita también un fuerte compromiso ético por parte de sus agentes para no derivar en lo que se ha convertido, un sistema injusto, avaro y monopolista en muchas de sus áreas.

Sólo desde el convencimiento de que nuestros actos deben mejorar la sociedad, al mismo tiempo que nos garantizan bienestar personal, podremos solucionar los males que aquejan a nuestra sociedad.

Curiosamente, el impulso suele ser al contrario. Ante la perspectiva de un mundo de avaricia rampante, de problemas creados por la desigualdad y del sentimiento generalizado de soledad, la gente no suele volcarse en apoyar y apoyarse en los demás, sino en opciones extremistas que le prometen más de lo mismo.

Y esa es, precisamente, la inercia que debemos cambiar para que los mecanismos de la Historia, que tienen a repetirse, no deriven en problemas internacionales de primer orden, o incluso, en una guerra.

Ante la perspectiva de un mundo triste y solitario para cada uno de nosotros, debemos volcarnos en el compromiso con los demás y en el bienestar de la Sociedad para evitar que el mundo revierta a tiempos mucho peores.

Como suelo decir, sólo puedo prometeros esfuerzo y tesón.

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Fuente de la imagen: susanacaceres.com

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