Ratas en las ciudades del futuro

Esta mañana, al hilo de una discusión en Twitter sobre una noticia pasada de las presencia de ratas en la ciudad, que como suele suceder ha derivado en discusiones de manipulación informativa, politización, acusaciones varias y esas cosas tan habituales en las redes sociales, me he puesto a pensar en estos simpáticos animalitos, y en otros como cucarachas y palomas.

Como sabréis soy un firme defensor de los animales, me apasionan los gorriones, y creo que la presencia de estas aves (y otras beneficiosas) es imprescindible para darle vida a nuestras ciudades.

El problema es que no pienso lo mismo sobre las ratas, palomas y demás seres portadores de enfermedades y suciedad. No creo que la presencia de ninguna de ellas sea un buen síntoma para ninguna ciudad, y la fantaseada Smart City, la ciudad inteligente del futuro, no debería contar con ellas entre sus habitantes.

El problema de esto es cómo conseguirlo sin dañar a las especies que sí queremos que estén, cuando la propia naturaleza de la smart city expulsa primero a gorriones, jilguero y mirlos, por ejemplo, antes que a especies invasoras o perniciosas.

O quizás ése no sea el problema, sino que nuestras ciudades son ciudades sucias, y la presencia de estos animales y la repulsión que causan es una muestra de nuestra falta de civismo y de limpieza. Porque no es lo mismo pensar en una rata como transmisor de suciedad y enfermedades, un habitante de alcantarillas malolientes, que verla como un animal más de la ciudad, sin enfermedades que transmitir, y que se alimenta no de basura, sino de los frutos de los parques.

Es un debate pequeño, pero interesante ¿Debe la smart city eliminar la presencia de animales perniciosos, o basta con conseguir que no lo sean y cómo lo haría? ¿Vacunaciones mediante técnicas de dispersión por mosquitos y virus para evitar que porten enfermedades? ¿sistemas de depuración individualizados en cada casa? ¿reducción de desperdicios mediante técnicas de seguimiento individualizados de la caducidad de los alimentos? ¿Podríamos, es más, deberíamos preocuparnos de eso o simplemente extinguirles de nuestras ciudades?

Os dejo ahí la pregunta. Una pregunta que yo, a día de hoy, y con mi repulsa a estos vecinos indeseados, no puedo responder objetivamente.

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El Templo de las Raras sagradas. Imagen de El Diario del Viajero

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