Un día más

Marc se desperezó corriendo un poco por la planta doscientos del edificio, siempre le revitalizaba correr por las mañana por el parque Ray Kurzweil. La ciudad parecía hermosa a la luz del amanecer, y el verdor de los árboles le daba energía incluso en el interior del edificio.

No es que tuviese prisa, ya nadie tenía prisa casi nunca. Desde que se eliminó la necesidad de trabajar primero y la necesidad de la renta básica después, la vida se había vuelto mucho más relajada.

Ahora su vida consistía en hacer lo que le apetecía, y las posibilidades era muchas, incluidos los llamado trabajos voluntarios. algunos no se lo creían, pero había gente que quería trabajar, incluso no necesitándolo, pequeños trabajos artesanos, de atención al público, y claro, siempre estaba la Ciencia. Siempre era bienvenida una mente más para desentrañar los secretos del Universo, incluso con los sistemas de investigación automáticos alimentados por las poderosas inteligencias artificiales de aprendizaje experimental.

De caino al ascensor que le llevaría a su piso, doscientas plantas más arriba, Marc se cruzó con Susana, Claus y Kairin, el trimonio del piso de enfrente. Iban vestidos para alguna de sus fiestas temáticas, con trajes de estilo egipcio. Marc había rechazado amablemente su invitación, así que les saludó y se dirigió hacia la salida.

El mundo ahora nadaba en la abundancia, riqueza infinita, tiempo libre ilimitado, esperanza de vida de doscientos años con una salud óptima, ausencia de enfermedades, y eso había cambiado muchas estructuras sociales, como el matrimonio o la política. Pero en su día la escasez lo atenazaba.

En el pasado, hace un par de décadas, las necesidades era claras, estabilidad política, seguridad, comida, agua, inversiones en sanidad, en ciencia…pero en realidad bastó con solucionar un par de cosillas. La energía y la inteligencia. Con esas dos cosas creciendo exponencialmente, todos los demás problemas del mundo se solucionaron prácticamente solos.

La inteligencia trajo avances en nanotecnología y robótica, en reciclaje, en impresión 3D y en automatización fabril, en biotecnología y en el internet de las cosas. Estos avances, alimentados por energías como la fusión y la solar, cuya potencia crecía también exponencialmente, pronto erradicaron la escasez de comida, de agua, la necesidad de espacio. Las enormes megaestructuras que los nuevos materiales y las nuevas máquinas autónomas permitieron erigir edificios que daban espacio abundante y barato a todos los ciudadanos, las nuevas plantas de reciclaje alimentaban las cornucopias 3D, y todas a su vez eran alimentadas por crecientes plantas de energía renovables.

La medicina avanzó, y en breve los doscientos años de vida media de la actualidad serían poca cosa que la longevidad conseguida. Se hablaba de vivir mil años, mil años de entretenimiento gracias a los infinitos mundos de realidad virtual que los programadores y las IA´s estaban desarrollando para el Hombre.

Espacio, conocimiento, comida, agua, bienes, con esas necesidades cubiertas el mundo se tornó más pacífico, y se volcó en nuevos proyectos. Proyectos como el Catálogo General de la Tierra, una biblioteca mundial con casi todos los libros, películas, juegos, mundos de realidad virtual y webs creados por el Hombre. O como las factorías Dyamandis, que explotaban los asteroides obteniendo materiales en grandes cantidades para las colinas espaciales, o las exafactorías Tesla, que recolectaban inmensas cantidades de energía solar del espacio. Pronto se iniciaría la construcción de la primera Zettafactoría.

La energía y los boienes eran casi gratuitos, de hecho, era gratis para todos, excepto para aquellos proyectos que requerían verdaderas cantidades de energía y materiales, como le proyecto “Flecha certera”, que destruiría cualquier asteroide peligroso en el sistema solar interior con enormes cañones gauss.

Energía, vida larga y sana, paz en el mundo.

Marc llegó a su piso, Zalus, su mascota prehistórica clonada, le saludó cariñosa. el desayuno que la cocina había preparado olía bien, y varias películas de los 80 le esperaban hasta que llegase la hora de irse al concierto, la vida era buena, pensó.

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