Falta de aspiraciones

Me pregunto si en nuestro país carecemos de aspiraciones de gran calado. Quizás sea algo intrínseco a nuestro clima, o algún componente de naturaleza histórica, o quizás no sea nada, y tengamos tantas ganas de hacer grandes cosas como el resto de las naciones.

Quizás sea sólo un mito, uno más, que derruir, y ójala sea así, pues no podemos permitirnos no poseer lo que necesitamos para acometer grandes empresas. En estos tiempos de competitividad, de globalización, de retos tecnológicos y empresariales, ningún país puede permitirse tener en su naturaleza un “gen” de inactividad (y no, no estoy pensando en ningún político en concreto, sino en toda la nación).

Quizás por nuestra fama tengamos que hacer más que cualquier otro país de Europa (excepto quizás Grecia) para demostrar que podemos hacerlo, que no necesitamos caridad, y que podemos salir adelante por nuestros propios medios. Que podemos darle la vuelta a nuestro modelo productivo, y que somos capaces de innovar, de crear y de hacer cosas que van más allá de servir paella y apilar ladrillos.

Por supuesto que esto son estereotipos, como lo de la siesta y lo de la fiesta, pero hay que sacudírselos de encima para volver a asombrar a Europa. Pero esta vez de verdad, con fundamento. Y por ello debemos aspirar a lo más grande.

A volver a atraer el talento que hemos exportado fuera y a recibir a los mejores del mundo porque quieran desarrollar sus carreras en nuestro país, a colaborar con nuestros aliados para crear riqueza entre todos, a abrirnos a la exploración espacial, a descubrir la cura del cáncer, etc.

Debemos conseguir que se instale en nuestro ADN esa capacidad de acometer grandes proyectos, que, con trabajo y creatividad, saquemos adelante. No podemos permitirnos ni la inactividad, ni el caer en el desánimo, ni rendirnos en el demostrar que no estamos, ni de lejos, faltos de aspiraciones.

Bien, supongo que es algo que cada uno debe valorar, si de verdad puede hacer grandes cosas. La mayoría nos autoengañamos, creyendo que ya las hacemos, pero un poco de autocrítica nos pondría a todos en nuestro sitio. No hacemos tanto como creemos, y siempre podríamos hacer algo bueno de verdad. La clave está en ser sincero con uno mismo, en no vanagloriarse de falsos logros, y en siempre pensar que uno puede hacer mucho más. Y sobre todo, en trabajar para ello.

 

 

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