El infierno de la Singularidad

Hemos hablado muchas veces en estas páginas dedicadas a la Is guaridas Tecnológica y económica sobre el tratamiento de los singularistas y la Singularidad como si fuesen una religión. No entraré aquí a discutir si los propios singularistas son a la vez profetas y creadores de su religión y de su fe. Creo que está claro que una religión basada en la ciencia y en la confianza en los logros del progreso tiene más visos de llegar a ser verídica que otras.

Por supuesto, la Singularidad tiene mucho de religión, muchísimo. Promete un paraíso en la Tierra y en el cielo, en el que cada uno de nosotros será, si sabemos conducir bien el proceso, un dios. Podremos vivir para siempre, experimentar las vivencias de cualquiera que comparta su mente (y su cuerpo) con nosotros, vivir en increíbles mundos de realidad virtual, visitar otros planetas, construir mundos alrededor del sol, crear vida, resucitar criaturas extintas e incluso, de ser posible, viajar en el tiempo y resucitar a todo ser humano que haya vivido.

También hemos establecido paralelismos entre la Religión Singular y otros cultos, como el sistema de premios, basado en diferentes niveles de acceso las maravillas de la Singularidad, para aquellos que cumplan, en mayor o menor medida, los preceptos de esta religión, que, resumidos, soñé: ayudarás a la Humanidad y contribuirás a su progreso seguro.

Así, en función de lo que hayas ayudado tendrás acceso a maravillas que ni podemos imaginar, o no. A mí me gusta pensar en la Singularidad como un conjunto de niveles de acceso en capas, como una matrioska, a cuyos niveles superiores sólo podrán acceder unos pocos contribuidores.

Eso me ha hecho pensar que quizás, igual que podemos imaginar un cielo para los singularistas, podemos imaginar un infierno para quienes hagan daño a la Humanidad y para quienes boicoteen el Progreso seguro.

Ese infierno podría ser algo similar al Purgatorio, un lugar donde sólo una mera sombra de lo que fue el “pecador” permanece, o un infierno “dantesco” en toda regla, con castigo, dolor y sufrimiento.

Se me plantean muchas dudas morales sobre la ética de que haya nadie, ni siquiera una entidad conformada por las mentes conectadas y aumentadas de toda la Humanidad, que pueda condenar al sufrimiento eterno. Yo en este caso me inclino mucho más a pensar que sería conveniente dejar sumidos en el olvido y en la nada a estas personas dañinas para la Humanidad.

Supongo que, al final, descubriremos a dónde nos lleva todo esto. Imagino que seremos nosotros mismos los que programemos nuestro camino hacia la Singularidad Tecnológica, así que estará en nuestra mano, si somos capaces de hacerlo bien, el decidirlo.

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