Megaedificios

Las ciudades tienen todavía mucho espacio para construir. No, no me refiero a que se sigan extendiendo como costras arrebatando tierras de cultivo y bosques, me refiero, a las megaconstrucciones, englobadas en lo que se ha venido a llamar, arcología.

Si lo pensamos bien, la clase de edificación que tenemos en la actualidad es ridícula. Gastamos una inmensa cantidad de tiempo y energía en trasladarnos al trabajo, al supermercado o a las zonas de ocio. Todo esto podría cambiar con ciudades inteligentes edificadas en altura en lugar de ciudades extensivas clásicas.

¿Y si para ir al cine no necesitases coger el coche sino que bastase coger un autobús? ¿Y si pudieses ir de compras desde tu propio televisor de 60 pulgadas y te subiesen la compra en menos de media hora hasta tu cocina? ¿Qué pasaría si en lugar de tener que pasear por las calles de las ciudades pudiésemos elegir pasear por jardines subterráneos, centros comerciales con grandes almacenes y pequeñas tiendas, o zonas deportivas todos ellos situados bajo nuestros pies? ¿O si pudiésemos trabajar desde casa y en nuestro edificio pudiésemos disponer de salas de reuniones para cualquier encuentro que necesitásemos?

Imaginad cómo sería cultivar nuestros alimentos de forma orgánica en el rascacielos de al lado, y que la planta de envasado estuviese justo debajo de él, o que la única energía que necesitásemos la mayor parte del día se generase en nuestro propio edificio, mediante energía solar, eólica y biomasa.

Todo ello será posible si conseguimos desarrollar una tecnología y un modelo de edificación de megaedificios, entendiendo como tales no rascacielos tradicionales, sino complejos residenciales en altura dotados de las más modernas técnicas de inteligencia artificial, big data, energías renovables y construcción.

Si aprovechásemos el espacio que tenemos debajo de nosotros, y encima, podríamos conseguir cosas que hoy la mayoría ni soñamos. Abarataríamos los costes de edificación con nuevos sistemas de construcción, y podríamos disponer de casas de doscientos metros cuadrados donde hoy vivimos en pisos de sesenta metros. El metro cuadrado se abarataría mucho, pero los beneficios para todos, incluídos los constructores, se dispararían, pues el ahorro, la eficiencia y el bienestar aumentarían exponencialmente.

Por supuesto que ahora esto es imposible, pero quizás si nos volcamos en ello podamos desarrollar un modelo de construcción totalmente nuevo que permita aumentar la riqueza social al mismo tiempo que protege el medio ambiente e incrementa el bienestar.

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