Producir y decrecer

¿Es posible aumentar la producción de bienes, servicios y conocimiento y al mismo tiempo decrecer?

Aunque intuitivamente muchos me diréis que son dos acciones antagónicas, espero que cuando termine el artículo os haya convencido de que es posible aumentar las capacidades de la Sociedad al mismo tiempo que reducimos el consumo de materias primas, energía y agua por unidad producida/consumida.

Y es que como sabréis, soy partidario acérrimo del progreso y el desarrollo, lo que choca con los ideales de algunos de mis compañeros ecologistas. Creo sinceramente que la ciencia y la tecnología pondrán en nuestras manos muchos más recursos de los que necesitamos.

Pero hoy no quiero referirme a eso, si os interesa ese tema os recomiendo el libro Abundancia, de Peter Diamandis. Hoy quiero hablar de la Sociedad.

De cómo los ciudadanos debemos dotarnos de las herramientas, conocimientos y habilidades y capacidades productivas necesarias para ser capaces de ser más eficientes en nuestro consumo y en lo que ofrecemos a la Sociedad.

Empoderamiento, lo llaman.

El empoderamiento consiste en una serie de tendencias, técnicas y tecnologías muy variadas. El prosumismo, las tecnologías de la información, el crowdfunding, el conomiento compartido, el DIY, la impesión 3D, etc, etc.

Un ciudadano empoderado, o prosumista, se convierte por si mismo en una empresa o, como yo prefiero verlo, en un ejército de un solo hombre (o de muchos si forma parte de la economía colaborativa).

Utilizando todas estas modernas técnicas de producción, de pensamiento y de creación, cada uno de nosotros podrá ofrecerle al mundo cosas que hace diez años ni soñábamos.

Por ejemplo, yo estoy escribiendo esto en una tablet mientras tomo un café y espero a mi pareja, y gracias a esta combinación de motivación personal, tecnología y redes, sé que llegaré a cientos de personas, miles si os gusta el artículo.

Hay muchos tipos de prosumistas, de ciudadanos empoderados. Hay activistas políticos que están incluso amenazando a los partidos tradicionales con arrebatarles el derecho a servir a los ciudadanos, hay mercados financieros alimentados por monedas virtuales que no controla ningún banco central, y sistemas de financiación de proyectos que no dependen ni de los bancos ni de los mercados tradicionales.

Existen biólogos que hackean las reglas de la vida en sus casa, blogueros que cuentan lo que pasa en cualquier rincón del mundo, astrónomos amateurs que descubren asteroides y cuerpos celestes, makers que crean en casa cornucopias de conocimiento y producción.

Ayer vi a un amigo con el que suelo pelearme a menudo en un noticiero de máxima audiencia explicando en qué consiste el futuro de la impresión 3D, hace poco tomé un café al lado de la misma persona a la que semanas más tarde financiaría en su lucha por proteger al lobo ibérico, y pude comprobar su pasión e integridad por la protección ambiental. Luego quizás vaya a una librería donde compre un juego editado por unos aficionados de Murcia que dan sopas con ondas a muchos porfesionales del sector del otro lado del atlántico.

Mientras venía hacia aquí he visto dos iniciativas nuevas, una que pretende permitirte crear premios para resolver problemas y otra que quiere ayudar a que cada uno de nosotros cree webs de control de la información política y ciudadana en los ayuntamientos.

Mi hermano se gasta sus pocos ahorros contratando ilustradores para algo que está haciendo, creo que la segunda parte del libro que sacamos, Black Hammer, y en la mesa de al lado se discute mientras tanto sobre la situación de Podemos, UPyD y Ciudadanos, y curiosamente, se menciona varias veces el empoderamiento ciudadano.

Al lado de mi café tengo el número tres de la revista Ballena Blanca, fundada mediante estos mismos principios. Por cierto, no soy ni de lejos el único que está conectado en el café, bien sea con móviles, tablets u ordenadores, toda esta gente está produciendo en este mismo momento.

¿Y a qué viene esto?

Pues muy sencillo. A que es la única salida que tenemos para no volver al viejo sistema de capitalismo de amiguetes, riqueza no distribuida y pobreza.

Cada uno de nosotros tenemos que competir con las empresas y las administraciones públicas en su propio terreno, no sólo por el bienestar personal, sino por el bienestar global.

Las empresas llevan mucho tiempo ahorrando, recortando, haciéndose más productivas y eficientes, y nosotros debemos hacer exactamente lo mismo.

Reducir gastos innecesarios, y comenzar a innovar y a invertir. Porque invirtiendo en nuestro futuro, educándonos, creando, conseguiremos crear un sistema alternativo que nos libere de un pasado deleznable.

Creemos más con menos, consumamos con cabeza, empoderémonos, hagamos cosas…o eso, o seguiremos como hasta ahora, o peor, pues si no logramos revertir la tendencia a la que nos lleva el capitalismo del siglo XX, nuestro destino es la tumba.

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