Helio 3, China y la conquista del futuro

Ya lo decía el gran Alvin Toffler en su libro, La Revolución de la Riqueza, una obra que todo el mundo debería leer, el Helio 3 promete ser la fuente de energía del futuro, y donde se encuentra más fácilmente es en la Luna.

Los únicos que parecen haber leído al Sr. Toffler son los líderes chinos, quienes han expresado su intención de llegar a la Luna y reclamar este componente vital para la fusión del futuro. De hecho, parece que sus últimas misiones espaciales van encaminadas precisamente a esto.

Si tienen éxito antes que el resto de países, dominarán una energía barata y mucho más abundante de lo que hayamos visto hasta ahora, convirtiéndose de hecho, si no lo hacen por otros medios, en la principal potencia mundial.

Occidente, mientras tanto, dormido, y sin pensar en el futuro, emplea recursos para hacer avanzar la ciencia, pero se duerme en los usos prácticos de la misma. Mucha I y pocos D + i. Mucha Investigación y poco Desarrollo e Innovación.

Y así, claro, no se puede salir de una crisis.

Lamentablemente en España y en Europa, por no decir en las altas esferas Estadounidenses y Japonesas, hemos perdido de vista cuál es el objetivo final de todo este “juego”. No es la dominación mundial, ni tener más dinero que nadie. Es poder tener el orgullo de decirle al mundo que hemos sido los primeros, y para ello no basta pensar de forma utópica, hay que construir las bases para seguir siendo pioneros en el futuro.

¿Qué educación estamos dando a las generaciones que competirán por el futuro en los próximos años? ¿Qué aprenden en las escuelas y las familias? ¿Aprenden a memorizar ríos, aprenden a ser buenos parados o a aspirar a un puesto de por vida de bajo sueldo pero seguro?

Quizás deberíamos dejar de preguntarnos porqué hay tanta gente joven descontenta, como si el paro y la falta de ilusión no fuesen suficiente, y empezar a poner las bases de un crecimiento futuro que nos lleve a las estrellas. Oía el otro día a unos compañeros preguntarse porqué la gente se apunta al ISIS o se radicaliza votando a la extrema derecha o izquierda.

Señores, porque no les ilusionamos. Porque no les ofrecemos una salida hacia un mundo mejor, un mundo de progreso real, que vaya más allá del próximo smartphone de pantalla gigagrande. Porque no les enseñamos desde niños a perseguir sus ilusiones con esfuerzo, a soñar a lo grande.

Porque, en cierta forma, nos hemos contentado con mantener un bienestar presente mínimo en nuestro planeta, cegados a los males que esto causa en el futuro y en los demás.

Quizás si les enseñásemos a pensar que pueden curar el cáncer o la malaria o el ébola, o ser los primeros en pisar Marte, o crear una compañía que conecte mentes, o una industria basada en la explotación de los minerales de los asteroides, quizás si lográsemos tener una generación de millones de jovenes y adultos que pensasen que son capaces de todo si se esfuerzan lo suficiente, y que valoren más sus logros y su legado que el dinero del banco, entonces a lo mejor China no arrasaría con Occidente como lo estamos haciendo. A lo mejor, tal vez, el mundo sería un lugar mejor, se volvería a admirar a Occidente, y ni habría terrorismo ni necesidad de protegerse de él.

Pero claro, eso supondría un cambio radical en la vida. Deberíamos empezar a dejar de pensar que tenemos derecho a todo lo que esté al alcance de nuestra mano, y empezar  apensar que tenemos el derecho de alcanzar aquello que está más allá de nuestro alcance.

Esa, quizás, sea la diferencia entre Europa y China hoy en día.

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