Uno más de la familia

La decisión de incorporar un perro a la familia debe ser profundamente meditada.

Si me lo permitís, y salvando las distancias, debe pensarse tanto como la de tener un hijo. Un perro, como un niño, requerirá cuidados durante al menos diez a quince años, quizás más, y no llegará a tener tal grado de independencia como un hijo podrá tener.

Tampoco lo tendrá su descendencia, totalmente dependientes de nuestra propia familia. Colocar una camada de cachorrillos adorables puede parecer fácil en un principio, pero pensad en cuántos de esos cachorrillos serán abandonados o maltratados cuando sean mayores.

Si estamos dispuestos a incorporar a un miembro de cuatro patas a nuestro clan familiar, y a tratar con cosas como la esterilización, os puedo garantizar que tendréis al más fiel amigo que jamás haya imaginado el Hombre, o que hayáis podido soñar.

Un miembro de la familia adorable, fiel, amable y respetuoso, totalmente entregado a una sola tarea, pertenecer a tu familia y ser un miembro útil y aceptado en ella.

Pagar tal lealtad con la traición del abandono o el maltrato es uno de los peores crímenes que se me ocurren, fuera de los cometidos contra las personas, y a mis ojos, degrada a los matratadores por debajo de la condición humana.

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