Como hemos cambiado

De niño esperaba muchas cosas de la vida.

Esperaba viajar al espacio, esperaba salvar el planeta, esperaba ver mundo…

Nada de esto lo doy por perdido, y menos, a sabiendas del mundo que hemos construido.

Más allá de mis sueños más osados, debo decir que jamás me imaginé que vería un mundo como el que vemos.

Claro que pensaba que viviría un futuro increíble, pero las novelas de ciencia ficción de la época no me prepararon para este mundo de internet, de nuevas tecnologías, de teléfonos inteligentes, de prosumismo, de crowdfundings, de películas de superhéroes, de series de fantasía…

Si contemplo mi infancia, y mis recuerdos de cómo sería el futuro, debo decir que me vienen a la cabeza los mundos imaginados por autores como Scott Card, Asimov, Stan Lee.

Mundos futuros imaginados por mentes del pasado. Me maravillo de la misma forma que ellos se maravillaban de la ceguera de los futuristas de principios de siglo que soñaban con dirigibles y tubos de aire comprimido para enviar el correo, y obviaron cosas como los aviones a reacción, los satélites, la televisión, los ordenadores, etc.

Supongo que a nosotros nos pasará lo mismo, miraremos el mundo dentro de treinta o cuarenta años y nos veremos en una especie de prehistoria tecnológica, mientras disfrutamos de avances que hoy no podemos ni soñar.

Mientras tanto, vuelvo la vista atrás, y veo un presente increíble en el que hemos creado cosas maravillosas, series, canciones, juegos, aparatos, máquinas y edificios impresionantes.

Un presente en el que, por otro lado, y contra mis pronósticos, no hemos terminado con las guerras, la destrucción ambiental, el hambre o las enfermedades. En el que seguimos estancados en la colonización espacial y en el desarrollo de energías de futuro, unas veces por incapacidad técnica, como en el caso de la fusión, y otras por incapacidad política como las renovables.

Nos queda mucho por construir, a pesar de todo lo logrado, y me asalta la duda de si no será precisamente aquello en lo que hemos fracasado, lo que defina nuestra sociedad.

A pesar de todas las maravillas alcanzadas, ¿no serán precisamente nuestros fracasos los que harán que seamos recordados por ellos?

Lo veremos, por suerte o por desgracia, si no conseguimos ser mejores, lo veremos.

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