Estamos en guerra

Esta vez no me refiero a la tan famosa guerra de los ricos contra los pobres, ni tan siquiera a las que yo llamo Guerras Grises, las guerras por la Inteligencia.

Me refiero a una guerra al estilo tradicional.

Y ni siquiera somos conscientes de ello.

Esa guerra, que mezcla elementos militares, políticos y económicos se libra contra la democracia y contra Occidente.

La situación en Ucrania lo ha puesto en evidencia. Incluso aquellos que se suponen aliados de Europa, Estados Unidos, Japón y los países de modo de vida Occidental nos están dando la espalda.

Y ojo, no digo que no sea culpa nuestra en parte, en gran parte realmente, por el desprecio con el que algunos países tratan a sus aliados, sólo digo que algunos dirigentes nos han metido en varias guerras a la vez. Y quien lucha en varios frentes tiene todas las de perder.

Estamos en una guerra económica con China, India, Brasil…una guerra a la que hemos llegado porque nuestro propio sistema económico es depredador, y está encontrando la horma de su zapato en aquellos quienes lo imitan y lo superan.

Estamos en una guerra militar por proteger los recursos económicos y naturales que creemos necesitar para proteger nuestro cacareado “estilo de vida”. Las tierras raras, el agua, el petróleo, las tierras de cultivo, la pesca. ¿O cómo llamarías si no a enviar barcos de guerra para proteger a los pesqueros que esquilman los caladeros somalíes? Y también contra el terrorismo.

Estamos en una guerra política en Ucrania, una guerra que puede derivar en un conflicto militar mundial. Y también en Latinoamérica, donde el populismo arrasa a costa de denunciar a Occidente.

Estamos en conflicto por la energía, desarrollando peligrosas fuentes de energía como el fracking, para tratar de seguir manteniendo monopolios locales, y enfrentándonos a quienes nos han abastecido durante décadas.

Estamos en guerra contra los inmigrantes, contra la deslocalización, contra la mano de obra barata, contra todo.

Hemos construido una cultura indolente, que ha perdido su temple, su fuerza, y lo ha sustituido por deportes y por dejadez.

Y sin embargo, debemos conseguir que Occidente prevalezca. No sólo porque es nuestro hogar, y nos va la vida en ello, sino porque la Democracia (la de verdad, no este remedo pobre y controlado), la Libertad, la Seguridad y la creación de Riqueza tienen su origen, o su principal impulsor en nuestro estilo de vida.

Debemos lograr volver a las raíces de todo lo bueno que Occidente ha representado, el respeto, el desarrollo, la participación…y al mismo tiempo, si me permiten la redundancia, arrancar de raíz lo malo, el egoísmo, la destrucción ambiental y social, la explotación.

Debemos hacer eso que se nos daba tan bien, integrar todas las culturas, todas las posibilidades, e imbuirla de los valores universales que decimos representar.

El fin de la pobreza, la democracia participativa, el desarrollo, la ciencia, la creación de bienestar, el progreso del Ser Humano.

Debemos dar ejemplo de todo lo bueno que representamos, de todo lo bueno que tenemos, de todo lo maravilloso de nuestro modo de vida, al tiempo que corregimos todo lo malo.

Lo lograremos, conseguiremos nuestro objetivo, que nuestra forma de vida sobreviva, que logre coexistir con todas las amenazas que la acosas, algunas de las cuales las hemos creado nosotros.

Conseguiremos superar las reticencias de buena parte del mundo, llevar el bienestar a quien hoy solo tiene escasez, acoger a inmigrantes dándoles un futuro, al tiempo que superamos nuestros problemas internos de paro y recortes.

Llevaremos al ser humano a las estrellas, de nuevo, y le haremos traspasar una y otra vez los limites de la ciencia moderna, aumentando nuestro conocimiento, y nuestra riqueza cultural.

Y todo esto lo haremos porque está en nuestra naturaleza, en la raíz de nuestro crecimiento. Y ni los enemigos internos, ni los externos, podrán matar el árbol del conocimiento, e impedir que dé sus frutos a toda la Humanidad.

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Un comentario sobre “Estamos en guerra

  1. Excelente artículo, pero no debemos olvidar que nuestro bienestar procede de su petróleo, sus materias primas y su mano de obra barata, llevamos años viviendo de su esfuerzo.

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