El gran juego de Bankia

Hoy se vende una parte de Bankia y ya se apresuran los vendemotos de siempre a ponerse medallas.

Con suerte, el Estado recuperará la deuda que asumió por todos los españoles para sanearla. Con mucha suerte quizás hasta parte de los intereses que hemos pagado por esa deuda.

¿Ya está no? Misión cumplida.

Pues no.

¿Sabemos cuánto valían las entidades públicas que se unieron para formar Bankia?

Se podría hacer una estimación que superaría decenas, quizás muchas decenas de miles de millones de euros?

A principios de los años 90, cuándo yo estudié la carrera de Administración de empresas, las cajas eran un referente saneado de gestión pública.

Eran vuestro mayor patrimonio y debían haber sido vuestro mayor orgullo.

Entidades financieras solventes que prestaban allí donde los bancos no se atrevían, y que invertían los beneficios en obra social.

¿Y cuánto de eso vamos a recupera? NADA.

Buen trabajo señores ministros.

Nos lo robaron. Se lo llevaron y lo dilapidaron los políticos que estaban en sus consejos de dirección (incluyo como políticos a sindicalistas y miembros de las patronales).

Despedíos de lo vuestro, porque os lo robaron hace micho tiempo.

¿Recordáis Caja Madrid, La Caixa, Nova Caixa Galicia, Bancaja, Caja Sol y tantas otras más?

Casi todas ellas desaparecidas, privatizadas, regaladas.

Los inversores que las compran recuperarán su dinero a través de beneficios.

Los políticos que las hundieron se irán de rositas, a fagocitar el próximo patrimonio público.

Porque habrá una próxima vez. Aquí nadie ha aprendido la lección. Ni ellos, ni nosotros.

O si me apuráis, ellos sí que la han aprendido. Han aprendido que pueden quedarse con toda la riqueza generada durante décadas por los ciudadanos, y que pueden quedarse con impunidad.

Lo próximo ya lo sabéis. Privatizar educación y sanidad.

Lo menos obvio, pero que ya está pasando,consumir nuestros recursos ambientales. Playas y montes regalados para que vuelva la cultura del pelotazo y puedan seguir admirando Miros en el baño y teniendo coches oficiales de lujo.

Y cuando no quede nada de eso, pues la Policía, los museos y hasta el Ejército.

Quizás sean entonces las fuerzas de seguridad quienes rodeen el Congreso, y los demás ciudadanos quienes lo veamos por la televisión (privada enteramente porque también están politizando y malgestionando las televisiones públicas).

Son como langostas.

Y la comida sois vosotros.

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