30 años para la Singularidad tecnológica

Supongo que la pregunta es cuánto queda para que se produzca la Singularidad Tecnológica, y no si se producirá. Creo que en el foro de Davos deberían estar discutiendo esta cuestión en lugar de estar hablando de…bueno, únicamente de las cosas de las que estén hablando.

Según Ray Kurzweil (sus cálculos suelen ser bastante acertados en materia de progreso tecnológico) quedan unos 30 años para la Singularidad.

Treinta años parece mucho, pero sinceramente, se pasarán volando. Antes de que nos demos cuenta, y en vida de la mayoría de quienes leéis esto, tendremos un progreso de la tecnología tan acelerado que dejaremos de entenderlo si no modificamos nuestras mentes para adaptarnos.

Una década antes, allá por el 2035, se alcanzará la Singularidad económica, la completa transformación del capitalismo en un tecnoanarquismo benevolente. Una expansión tan grande de las capacidades de creación de riqueza que hará que se fije una renta mínima para todos los ciudadanos del planeta, y en el que veremos empresas y corporaciones semiinteligentes asignar recursos casi ilimitados (en comparación con nuestra visión de hoy en día) a sus proyectos, al tiempo que la democracia participativa ciudadana asigna los ingentes recursos públicos para construir un mundo mejor.

Todo ello se logrará mediante un espectacular incremento del uso de tecnologías en la empresa y en nuestra vida cotidiana. Impresoras 3D, energías renovables, robótica, interligencia artificial creativa, prosumismo, monedas virtuales, nuevas formas de votar, etc.

Para eso quedan veinte años. Pero diez años antes veremos surgir las primeras supercomputadoras semiinteligentes, las redes P2P de energía y una auténtica serie de infraestructuras para el nuevo siglo. Emulando a los pioneros de hace dos siglos construyendo el ferrocarril, o de hace uno montando una red de autopistas, veremos cómo surge y una red de impresión 3D en cada barrio y hogar, con empresas de diseño siendo los nuevos Facebook y Google, y con las reprografías tradicionales siendo sustituidas por fab labs. Veremos el nacimiento de la primera industrial espacial de verdad, no aeroespacial, sino radicada en el espacio, la aparición de una red de puntos de recarga para coches eléctricos  y la sustitución del parqué de vehículos por un creciente porcentaje de coches autónomos.

Y sin embargo, creo que la cosa va demasiado despacio.

El mundo necesita de todos esos cambios, pero necesita hacerlos más rápido (al menos los de las dos primeras décadas) y además hacerlo de forma segura.

¿Es posible que este calendario se quede corto y las cosas vayan mucho más rápido todavía? Yo no lo creo, pero dejadme especular con una serie de eventos que haría que estos hitos se alcanzasen mucho antes. No creo que ninguna ciencia en solitario pueda acelerar el progreso humano, pero sí que una convergencia de varias de ellas (unidas a cambios sociales) pueden conseguir construir un paraíso en la Tierra.

Vamos a verlo.

Lo primero que necesita la Humanidad es Energía, así, con mayúscula. No me refiero a las migajas que rascamos de la tierra en forma de gas y petróleo y que además está arrasando el planeta, sino a energía en cantidades ingentes, y de forma segura y limpia.

No sé si esa energía vendrá de la nuclear de fisión de cuarta generación, de las renovables o de la fusión, pero sí sé que hay se ganará más dinero del que nunca hemos imaginado (incluso cuando bajen los precios de la energía). Es posible que veamos una convergencia de ellas, unidas a otras más exóticas como la cosecha de energía en el espacio, multiplicar nuestra capacidad de generación de energía.

Esto liberaría ingentes cantidades de petróleo para generar los abonos que necesitamos para seguir alimentando al planeta durante décadas, y hasta que encontremos otra forma de hacerlo.

La eficiencia energética también ayudará a aumentar la cantidad de energía disponible para proyectos mayores, y se generarán redes de productores minoristas que no lograrán competir con las grandes multinacionales, pero sí garantizar el suministro en caso de problemas.

Es de esperar también que la Fundación Bill y Melinda Gates consiga, antes de que acabe la década, curar la malaria, y enfocará sus actividades y sus ingentes y crecientes recursos en otras áreas, como la alimentación, la educación y la creación de infraestructuras limpias en el mundo en desarrollo. Esto liberará un enorme potencial de miles de millones de personas que podrán dedicar sus vidas a algo más que a sobrevivir, a crear. Lo mismo ocurrirá si China logra hacer la transición desde su actual modelo económico hacia otro basado en el conocimiento, evitando así los peligros de sus burbujas financieras, o si la India logra acabar con las tremendas diferencias que existen en su población.Los Tres Mil Millones se incorporarán a la economía creativa y al prosumismo, y veremos maravillas sin fin.

Es de esperar también que la educación sufra un importante impulso en esos países (y en el resto), pues diversas instituciones han comenzado a volcar sus recursos en mejorar este área. Veremos si la educación online da como resultado el progreso que podría dar (no ya en el mundo desarrollado, donde parece que no está cuajando, sino en el mundo en desarrollo donde a lo mejor una tablet o un móvil de 50 dólares permiten sustituir colegios e infraestructuras demasiado caros de construir.

En asuntos de alimentación estoy esperando que se produzca lo que yo llamo la Revolución Azul, en comparación con la Revolución Verde que alimentó al mundo a partir de los sesenta. Esta revolución azul procederá del mar, de los océanos, y permitirá la creación de inmensas granjas de algas alimenticias, de granjas de peces en lata mar, movidas por las corrientes, y el acceso de la parte de la Humanidad que no lo tenía, a las proteínas marinas. Y lo mejor, lo hará sin esquilmar los recursos marinos salvajes.

Mientras tanto, la población mundial conectada a internet seguirá creciendo, pero pronto se verá superada por los dispositivos conectados a la red. El Internet de las cosas y las conexiones objeto-objeto multiplicarán por mil las necesidades de almacenamiento, transmisión y análisis de datos, lo que requerirá nuevas infraestructuras dedicadas a ello. Es una buena época si eres fabricante de semiconductores, discos duros y procesadores.

Pero la industria informática tradicional verá como le surgen dos importantes competidores.

El primero, más afín, la informática cuántica, puede suponer una revolución en cuanto a los programas de aprendizaje. D-Wave vende desde hace años unas preciosas computadoras semicuánticas (todavía recuerdo cuando salió el anuncio de ellas), que están siendo usadas por empresas como Google para mejorar muchas áreas de su negocio que no podían ser alcanzadas por la computación tradicional.

De la misma forma, veremos cómo la biología se toma la revancha, y crea un competidor par ala informática tradicional mucho más adaptable y fiable. Los biocomputadores. La biotecnología (encabezada por Craig Venter, pero compuesta por muchos miles de genios que trabajan en el anonimato) creará toda una serie de nuevas invenciones que igualarán, e incluso superaran a las de silicio.

Así, veremos ordenadores neuronales, seres vivos creados desde cero, el nacimiento de los dinosaurios y los mamuts tras miles o millones de años extintos sobre la superficie de la Tierra, y otras muchas maravillas.

Los biotecnólogos prometen crear algas que produzcan petróleo gracias a la luz del sol de forma económica, limpiar el mar de plástico y otras muchas maravillas que igualarán los progresos de la revolución del Silicon Valley.

También veremos llegar supercomputadores como Watson (de IBM) a nuestros bolsillos, de la mano de nuestros móviles.

Bien, imaginad que todas estas tendencias comienzan a retroalimentarse y acelerarse.

Que el surgimiento de miles de millones de nuevos consumidores móviles es sustituido por el de miles de millones de usuarios de smartphones de la mano de Xiaomi. Que estos móviles les permiten acabar con la escasez de ideas , educación y conocimiento en Africa, Asia o en cualquier parte del mundo.

Ahora imaginad que conseguimos alimentar toda esta maquinaria con energías limpias, llenando los desiertos de Arabia o el Sahara de paneles solares y molinos eólicos. Y que gracias a la supercomputación cuántica logramos entender el clima en la tierra, y mediante reforestaciones masivas, fábricas de captación de CO2 y granjas de biofuel marinas conseguimos detener el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Imaginaos que se logra erradicar el hambre, pero que, además, conseguimos que la educación y el entretenimiento lleguen a todo el mundo, saltando generaciones de desarrollo, y multiplicando por diez las capacidades de la industrial del entretenimiento, de la informática, de las telecomunicaciones y de todo lo relacionado con las nuevas tecnologías.

¿qué pasaría si alguien cogiese la máquina Watson y crease una aplicación como Siri pero que fuese casi perfecta? Tendríamos acceso a inmensos servidores creados específicamente para ello, y el conocimiento del mundo a nuestro alcance. No deberíamos bucear por miles de webs para obtener la respuesta a lo que buscamos, sino que con preguntar a nuestro móvil, nuestro reloj o nuestra casa, tendríamos la mejor respuesta posible, fiable al 99%.

La misma revolución ocurriría en nuestras hogares.

Nuestras casas serían centros hiperconectados que resolverían, como las ciudades en las que se asientan, nuestras dudas, y satisfarían nuestras necesidades.

Si una noche ves algo que te gusta en la tele, la casa se encargaría de imprimirlo para que a la mañana siguiente, cuando te levantases, estuviese a tu disposición.

Seguramente la informática y la biotecnología crearán máquinas, o llamémoslas entidades, capaces de crear cada una de su manera, miles o millones de objetos de forma automática, para que podamos comprar lo que queramos cuando queramos. La biología se volverá creativa, y la informática predictiva y evolutiva. Y lo hará en todos los campos, no sólo en el diseño 3D.

Tendremos un doctor en cada casa, y un chef, y una fábrica. Y eso liberará mucho tiempo desperdiciado de los hombres, para que pudan dedicarlo a lo que les apasiona. Cocinar o desarrollar recetas, escribir un blog, pintar miniaturas, programar, lo que deseen.

Nuestro tiempo será verdaderamente nuestro, a medida que los avances en el hogar y la empresa nos hagan más libres.

Todo esto ha comenzado a ocurrir ya, pero podría acelerarse si se produjesen una adecuada serie de sinergias. Quizás lo veamos, probablemente no, pero al final, más tarde o más temprano, lo que sí está claro es que una de estas tecnologías revolucionará nuestro mundo y nuestras vidas, y nos llevará de cabeza a la Singularidad, de una forma, u otra.

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