¿Es la deflación nuestro destino?

Parece que cada vez más expertos acepta que la deflación sea el destino al que se encaminan nuestras economías.

Para quien no lo sepa, la deflación es lo contrario de la inflación. Una bajada generalizada de los precios que ralentiza la actividad económica, las decisiones de compra y paraliza toda capacidad de reacción de los bancos centrales.

Bueno, realmente los bancos centrales no quedan paralizados, se autoinbuyen esta parálisis limitando sus opciones.

Podría perfectamente realizar políticas que actuvasen la demanda con proyectos de inversión pública, pero se limitan a soltar dinero y a bajar los tipos de interés hasta quedarse sin balas.

Pero esa es otra historia.

Decíamos que realmente nadie se puede extrañar de que la deflación sea nuestro destino.

Según El Blog Salmón ( perdonadme si no incluyo enlaces pero suelo escribir estas cosas en el tren, generalmente de pie y desde un teléfono móvil) sólo en Chona se han invertido el año pasado 4 billones de dólares en capacidad productiva, según la revista Forbes Estados Unidos va a comenzar a contabilizar por primera vez la creación de ideas como inversión el lugar de como gasto (algo que algunos llevamos pidiendo años, y otros décadas).

Cada persona de este planeta ha visto mermada su capacidad de compra, su dinero disponible, por la crisis. Excepto quizás un puñado de milmillonarios que, asumámoslo, no van a gastar más para activar el consumo.

Pero también cada una de esas personas tiene a su disposición más conocimiento, herramientas y capacidades de las que ha tenido ninguna generación en la historia.

Añádele el tiempo libre que tenemos y verás como el prosumismo, la producción personal, se convierte en una de las fuerzas económicas más potentes de la Historia.

Por último, las empresas de Europa y de todo Occidente, espoleadas por China y los países emergentes han invertido en aumentar su productividad mediante la bajada de los salarios reales de sus trabajadores, la reducción de personal, el aumento de horarios, la automatización y la robotización.

Los ayuntamientos toman parados “gratis” y los ponen a trabajar, aumenta el voluntariado…

Todo esto hace que tengamos la mayor capacidad de creación de riqueza de la historia. Y el dinero que hay no basta para mover toda esa capacidad.

Conclusión, deflación a la vista.

Pero ¿es eso malo?

Mi respuesta, al contrario de la de todos los economistas y gestores de empresa es No.

Porque lo que falla no es que haya una baja demanda. Tampoco que haya exceso de oferta.

Lo que falla es el mecanismo que conecta una y otra. El dinero.

Y creo, estoy convencido, que esta crisis hará saltar el sistema monetario por los aires, creando nuevas fuentes de asignación de la riqueza.

Un ejemplo es el famoso crowdfunding, pero habrá muchas más, como monedas privadas, las redes P2P de objetos y energía, el intercambio y trueque de bienes…la próxima gran red social seguro que será una de intercambio de bienes y servicios.

En definitiva, tendremos a nuestra disposición una mayor cantidad y variedad de riqueza, y nos costará mucho menos adquirirlas.

Deflación, sí, pero tendremos herramientas para convertirla en algo positivo.

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