No hemos podido salvarla

La semana pasada terminé una etapa de mi vida. La empresa en la que trabajaba hasta entonces decidió en abril cerrar sus operaciones en España, y necesitaba quitarme la espinita de contarlo.

Atrás quedan jornada durísimas que se alargaban mes tras mes de forma interminable. El esfuerzo de un puñado de personas por levantar una difícil situación. Muchas veces sacrificando tu vida personal y tu salud, no por ganar más dinero, sino porque era lo que teníamos que hacer.

Por intentar hacer las cosas bien.

Y no sirvió de nada, desde luego, no para salvar la empresa, aunque estuvimos a punto.

O tal vez sirvió para que ese momento triste que es ver morir una empresa no deje en mí el regusto amargo de no haber hecho lo posible por evitarlo.

Sea como sea, hay que mirar al futuro y seguir luchando en otro sitio.

Como diría Alan Moore, Rendirse nunca. Jamás. Ni ante el apocalipsis.

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