Las infraestructuras digitales de España

Que tenemos una carencia de infraestructuras digitales como sólo hay dos o tres casos en Europa es una realidad. Nuestros dirigentes, fuesen del signo que fuesen, han demostrado una ceguera tremenda apostando siempre por lo material, y olvidando las infraestructuras del futuro.

Así, tenemos aeropuertos sin aviones, carreteras que nadie usa, centrales de ciclo combinado infrautilizadas, desaladoras paradas y polígonos semi abandonados, pero seguimos pagando el ADSL más caro y con menos prestaciones del mundo “civilizado”.

Lejos quedan los Gygas simétricos que se empiezan a ofrecer a otros países por el mismo precio que aquí pagamos por 50Gb de bajada, o el acceso a supercomputadores para investigación científica, y ya no me planteo ni de lejos tener un CESIC sin problemas de financiación.

No, aquí apostamos por que el futuro es ser camareros, crupieres, putas y tenderos de souvenirs. Lo cual no estaría mal, si el futuro no fuese en la dirección contraria.

Esas actividades, si no logramos darles un valor añadido, serán las actividades de bajos salarios que conformarán las nuevas clases bajas. Pero ¿cómo vamos a innovar, ni siquiera en estos apartados, si no tenemos las infraestructuras del conocimiento adecuadas?

Si no disponemos de herramientas de internet potentes y baratas para las Pymes, si la red no llega a cada rincón (turístico o no) de España, si no tenemos científicos, hospitales y universidades punteras.

¿Cómo podemos construir las autopistas del conocimiento (ojo, no sólo redes, sino también las citadas universidades, laboratorios y centros de supercomputación? ¿Cómo podemos conseguir que en cada colegio haya una asignatura de diseño gráfico, en cada instituto una impresora 3D y en cada universidad un centro de fabricación digital?

Me temo que no es sólo cosa del gobierno.

Hemos de ser todos los españoles, (políticos, empresarios, trabajadores, estudiantes, ciudadanos) quienes apostemos por invertir en el futuro, y no sé muy bien si estamos dispuestos a sacrificar lo más mínimo por ello.

¿Estarías dispuesto a sacrificar unas vacaciones para comprarle a tus hijos un programa de diseño y una impresora 3D? ¿O un ordenador más potente? ¿estaría el alcalde de turno dispuesto a dejar sin flores las rotondas para establecer un centro de fabricación digital en un polígono que sólo unos pocos ven? ¿Y a dejar de lado el modelo de urbanización que se quiere relanzar para construir en su lugar redes mejores, o financiar laboratorios?

Los sacrificios que tendríamos que hacer no son para débiles. Pero los premios son muchos. Un nivel de vida c reciente y sostenible, ingresos multiplicados, ciudades cómodas y humanas llenas de servicios, el futuro de nuestros hijos garantizado.

Ya se verá. Depende de ti, y no confío mucho en ello.

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