¿Qué destino le espera a la Tierra?

¿Y nuestro planeta? ¿Qué destino le depara el futuro a nuestro hogar cuando se produzca la singularidad?

Hay autores que dicen que es posible que no tengamos más opción que consumirlo completamente, bien para obtener recursos bien para convertirlo completamente en computronium y usarlo en los procesos mentales que alimentarán los fuegos de la Singularidad.

Otros hablan de que se conservará en su estado natural, siendo incluso restaurado a su estado original.

Esta idea tiene sentido, y desde luego, en lo que respecta a mis preferencias personales tengo claro cuál sería la que yo elegiría.

La Tierra es un lugar especial. No porque sea el único con vida en el universo, pues muy probablemente no lo es, pero sí porque ha generado una especie inteligente capaz de grandes cosas. Nosotros.

Si de todos estos procesos que hemos descrito surgiese una singularidad tecnológica, y ésta decidiese expandirse para hacerse más inteligente, sería conveniente, como veremos más adelante en el siguiente bloque, definir muy claramente los valores primordiales que definirían su comportamiento y los parámetros de respeto que debería tener hacia nuestro planeta, hacia los seres humanos y hacia el resto de seres vivos.

En mi opinión, estos valores y parámetros, grabados en las mentes y programas que la alimenten, deberían respetar la existencia de aquellas personas que decidan no unirse a la Singularidad, la vida en la tierra y la misma existencia de ésta.

Decidir esto es una de las prioridades que deberíamos marcarnos en cualquier debate al respecto de la evolución tecnológica, para, llegado el caso, tener muy presente los principios que debemos inculcar al sistema de inteligencia que creemos.

Puede ser una visión nostálgica, puede parecer aventurado y hasta idiota querer definir de entrada el comportamiento de algo que no entendemos realmente, y cuyas capacidades e intenciones apenas vislumbramos. Pero pensar de partida en  los límites que debemos marcarnos en el progreso tecnológico es la mejor base para garantizar que ese progreso se haga con las garantías necesarias para incluir los mejores valores humanos. Sin esos valores, sin esa necesidad de respetar nuestro origen, seremos una civilización completamente evolucionada en lo material, pero que habrá perdido cualquier respeto por la parte inmaterial de nuestra existencia.

Y es esa parte inmaterial, esos sentimientos, esa cultura y esa historia, los que pueden dar un valor especial a un proceso de creación de la singularidad que puede que no sea único en el universo.

Así que, cuando nos presentemos al cosmos con nuestras máquinas inteligentes bajo el brazo, cuando miremos atrás para ver de dónde venimos, cuando reflexionemos sobre el camino recorrido, tener todavía un punto de anclaje con nuestro origen puede garantizar que sea lo que sea lo que surja de este proceso, es una civilización humana.

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