Las guerras de la inteligencia

(Fragmento del libro White singular)

…Toda esta carrera armamentística intelectual, en la que cada ser vivo de nuestra civilización se embarcará en una pugna por volverse más inteligente, tendrá un único sentido, acaparar los recursos necesarios para seguir subsistiendo y prosperando en el mundo.

En la actualidad los recursos necesarios para obtener algo de predominancia mundial son muy variados. Las empresas necesitan capital humano, procesos depurados, materias primas, innovación y recursos financieros. Los gobiernos y naciones recursos económicos, influencia política o económica, las ONG´s capacidad de motivación y de captación de recursos, los hogares acceso a ingresos y ahorro, etc., etc.

Todos estos recursos y necesidades no van a desaparecer con el paso del tiempo ni los cambios tecnológicos, pero sí es de esperar una reordenación de las prioridades. Pues a medida que sea más y más complicado garantizar el acceso a todos ellos, las instituciones deberán mejorar su capacidad de conseguirlos, y ello pasa por aumentar su inteligencia.

Expertos de todo tipo se alzarán explicando cómo conseguirla y cómo aplicarla. Especialidades tan diferentes como la biología y la informática, o la filosofía y la historia se unirán para crear teorías del conocimiento. Asesores reconvertidos analizarán datos sociales, comerciales, fiscales y profundizarán en los entornos externos e internos de las organizaciones y en la forma en la que éstos se organizan.

Así comenzará la carrera armamentística de la inteligencia, pero no será como termine.

Como suele ocurrir en todo conflicto blando, ya ocurrió con el poder financiero, al cabo del tiempo suelen confundirse los objetivos con los medios, y al final, todas las organizaciones involucradas en ello tenderán a darle más y más importancia a las variedades de la Inteligencia que usan para conseguir recursos, hasta el momento en el que se difuminen los límites y comience a considerarse la propia inteligencia como el recursos principal a obtener.

Eso tendrá dos efectos inmediatos, el primero de ellos, que veremos más adelante, el uso de la inteligencia como medida de la riqueza, el segundo, conflictos derivados para, directamente, obtener más inteligencia o limitar la de los oponentes.

No sería extraño pensar que las multinacionales tienen ahora mismo divisiones de espionaje para proteger sus activos de I+D o su acceso a materias primas, ni que de cuando en cuando usen estos departamentos para perjudicar a sus rivales. Tampoco que ocurrirá los mismo con la inteligencia.

Las universidades se convertirán en centro de formación con secciones completa dedicadas al desarrollo de expertos en inteligencia de cada carrera, crearán programas multidisiplinares para aumentar la creatividad de sus alumnos, y ofrecerán a sus licenciados como fuentes de inteligencia andantes mejor preparados que sus rivales de otras universidades.

Los Gobiernos actuarán para proteger los activos principales de conocimiento, no sólo bibliotecas, centros de datos, organismos de análisis e investigación, sino también redes de infraestructuras conectivas y trabajadores cualificados cuya salida del país se verá como una pérdida irreparable.

Los hogares también se volverán más listos, y la gente presumirá de las capacidades de sus vehículos en cuanto a inteligencia y conectividad como hoy presumimos de velocidad y potencia. Nuestras casas podrán conectarse a las de los vecinos para prevenir problemas como robos, escapes, inseguridad o simples molestias como cambios de temperatura.

La inteligencia será un elemento de riqueza tanto como uno de creación de riqueza.

Y el controlar los elementos que rodean la inteligencia también se volverá vital. No se tratará sólo de tener los mejores ordenadores, ni las mejores universidades, ni los mejores empleados o asesores. También se combatirá por hacer del lenguaje de cada uno un estándar, y de controlar los nodos de distribución, los protocolos, las redes de satélites y todo aquello que permita la circulación de las ideas, los conceptos y el conocimiento.

Si observamos el panorama conjunto, sin entrar en tanto detalle, podremos ver cómo las guerras de la inteligencia no son sino una continuación de los conflictos anteriores, como las guerras comerciales, o la Guerra Fría.

Toda esa búsqueda de recursos, todo ese intento de conseguir una posición dominante en una ruta comercial, que ahora se convertirán en una lucha por el control de las redes sociales o por los supercomputadores y sistemas expertos, tiene un objetivo final.

La imposición de un modelo de civilización. La difusión de cada paradigma.

Así, es de esperar que cada bloque socioeconómico entienda la inteligencia de una forma particular, y la lucha no sea exclusivamente para ser más inteligentes, sino para imponer su paradigma al resto de potencias.

Occidente, China, India, los países islámicos, el bloque iberoamericano, las naciones de África, todas ellas formarán bloques intelectuales muy por encima de los “pequeños” conflictos nacionales y empresariales, y el resultado de la lucha definirá los conceptos dominantes en el futuro cercano y en la forma en la que se desarrollará la Singularidad.

Esa lucha por dominar el paradigma tomará la forma que ha tomado siempre. Usando cada segmento de una sociedad para convencerle de su superioridad, y lanzándolo a la lucha individual que no será más que una parte ínfima de un conflicto mayor.

Las naciones, las instituciones que las conforman, las empresas que moran en ellas, y las personas que las habitan se lanzarán a conseguir las mejores formas de gestionar su entorno, mediante inteligencia ampliada. Hogares domóticos, redes P2P de energía, supercomputadores personales, incluso implantes si estos llegan a ser posibles. Y eso sólo para las personas, las empresas invertirán en redes semiinteligentes, procesos internos de mejora, fábricas robotizadas.

Y esas mismas naciones crearán organismos de inteligencia, científicos y tecnológicos, para tomar ventaja sobre sus competidores, cada uno siguiendo las pautas específicas de su sociedad.

Unos potenciando la individualidad personal y empresarial en esa lucha, otros, centralizando la inteligencia y utilizando todos los recursos de su sociedad. Otros, supeditando sus capacidades a creencias religiosas, morales o culturales.

Y el conflicto no sólo se dará a nivel externo, también en el interior de cada nación y organismo.

Se presumirá de sistemas de inteligencia integrados en el hogar o en el coche, y las empresas lucharán por diseñar los objetos más listos, o conectarlos a otros objetos más listos. Los propios departamentos de una compañía pugnarán por los recursos intelectuales. Y para ello necesitarán a las personas más listas, los ordenadores más potentes y capaces, y los sistemas más avanzados.

Difícil de creer ¿no?

¿Por qué creéis que compañías como Google, Apple o Facebook triunfan? ¿qué ofrecen sino inteligencia aplicada? Aplicada a las búsquedas, aplicada a la comunicación, aplicadas a los contactos humanos.

Imaginaos eso multiplicado, año tras año, exponencialmente, y en todos los ámbitos de la vida, creando una competencia de la que sólo saldrán ganadores los más inteligentes en todos los ámbitos.

A tu alrededor el mundo ya a empezado a cambiar de paradigma, toda esta crisis, todos estos problemas no son sino un reflejo de un mundo que se muere, dejando paso a uno nuevo, dominado no por los más ricos, sino por los más listos.

¿Eres tú, tu empresa, tu familia, tu grupo de amigos o tu país uno de ellos?

Pero antes de entrar en ese escabroso tema, debemos entender cómo los cambios tecnológicos y sociales, impulsarán a la inteligencia y a otros elementos que hoy consideramos sólo como recursos a ser la nueva moneda de cambio del futuro.

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