Inmortalidad

El gran sueño de la Humanidad en las últimas décadas ha sido, junto con la conquista del Espacio, la consecución de la inmortalidad. Vencer a la muerte.

   Puede que no fuese un sueño muy extendido en las consciencias de las personas, pero está ahí, una vieja aspiración que se ha plasmado en docenas de libros e historias desde el principio de los tiempos.
   Dioses inmortales, pactos con el diablo, maldiciones y bendiciones demoníacas o angelicales, bebidas y artefactos, pociones y ungüentos… siempre han estado ahí.
   Sin embargo, este sueño era apenas un deseo imposible siquiera de imaginar, pero eso está cambiando.
   En el capítulo anterior hemos visto cómo las ciencias de la vida se abren paso a zancadas en nuestro futuro, pidiendo paso para captar la atención, y los recursos destinados a decidir cómo está el futuro.
   La comprensión de todas las facetas de la biología, desde la genética de cada especie viva de la Tierra, el funcionamiento de los ecosistemas completos, la interacción con el clima, el funcionamiento celular, la neurología del cerebro, la recreación de órganos y tejidos.
   Todo estos campos se unirán para proporcionarnos una comprensión completa de nosotros mismos.
   No habrá un sólo recoveco, un solo rincón en nuestros cuerpos y mentes que no comprendamos perfectamente, que no podamos copiar, reemplazar o reconstruir.
   Las técnicas usadas para ello serán muy amplias, desde las simplemente biológicas, como la medicina y los trasplantes, o usar la genómica y virus para alargar la vida año tras año modificando nuestro ADN, hasta otras más invasivas como la nanotecnología que reparará cada una de nuestras células o la copia completa de nuestro cerebro para cargarla en un ordenador o en un clon nuestro creado a partir de una simple célula.
   Desde luego, las posibilidades no terminan ahí.
   ¿Por qué, me pregunto, no realizar mejoras generalizadas en cada uno de nosotros?
   Primero, en nuestros hijos no nacidos, mediante selección genética e incluso modificación de óvulos y espermatozoides.
   Después, con operaciones e intervenciones de mayor envergadura, de las que veremos surgir todo tipo de variaciones de la raza humana. Primero pequeñas, como tatuajes iridiscentes generados por nuestra propia piel, vivos y móviles. Después, capacidades mayores, como atletas reforzados, cerebros inmunes a las resacas, o capaces de generar sus propios estimulantes, y poco a poco, todo lo que pueda imaginar cualquier persona sobre la faz de la tierra.
   Se generarán tribus urbanas al rededor de cada una de ellas, quien sabe si no habrá diferentes olimpiadas, diferentes puestos de trabajo, o sectores en las ciudades, adecuados para cada una de las ramas de la Humanidad Transhumanista.
   Y después de todo esto, o durante, o incluso antes que muchas de estas fantásticas modificaciones, la Inmortalidad. La vida eterna proporcionada de forma paulatina o a borbotones.
   Y con ella, el fin de la muerte, y la redefinición de nuestra percepción del mundo como lo conocemos. ¿Cómo veremos el mundo desde nuestros ojos eternos? ¿cómo comprenderemos la realidad desde nuestras mentes inmortales?
   Pero también es posible que esto no ocurra. Puede que la Humanidad se extravíe y que no lleguemos a alcanzar la completa inmortalidad biológica.
   Eso no quiere decir que no se abra antes nuestros ojos un futuro interesante. Pueden darse otros avances como la criogenización, o la clonación, que otorguen una apariencia de inmortalidad a aquellos tan deseosos o desesperados como para aferrarse a ellas.
   La clonación no es garantía de nuestra vida eterna, pero ¿Y si la clonación se extendiese en algunos países?
   Puede que determinadas naciones o religiones o filosofías renieguen de ella, pero como todas las ciencias, en la medida que una facción, país u organización realice un avance importante en ella, no faltarán competidores dispuestos a no renunciar a esa tecnología, y es posible que veamos situación complejas de comercio, legislación y política internacional al rededor de ella.
   Se abre un campo de exploración y debate muy amplio, interesante y en cierta medida peligroso que no podemos ignorar. Como tantas y tantas facetas de la ciencia descritas en este libro, el ser humano no puede ignorar las implicaciones de estos avances, ni sus peligros, y debe tomarlos en consideración para poder decidir cómo será el futuro que quiere construir para si mismo.
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