Salvar los recursos pesqueros

Cuando uno habla de salvar cualquier cosa en un artículo debe andarse con mucho cuidado, y más si es en un tema tan complejo como el de el agotamiento de los recursos pesqueros.

La multitud de intereses, de variables y de necesidades a tener en cuenta lo convierten, junto con el cambio climático y la conservación de la biodiversidad terrestre, en uno de los tres problemas más importantes a nivel medioambiental y uno de los diez a nivel económico.

Boris Worm realizó un estudio en el que se concluía que desde 1950 hasta ahora sólo subsiste el 10% de los peces de consumo que existían entonces.

Por si fuese poco alarmante, establece que un 29% de los peces que consumimos está al borde del colapso. En unas décadas, esta fuente de proteínas para la Humanidad se habrá extinguido.

Las necesidades económicas están sobreexplotando los recursos más si cabe que antes de la crisis, incluso se están extinguiendo las carpas en lagos artificiales como el de la Casa de Campo de Madrid, y es de suponer, que la presión se extiende a ríos y lagos naturales.

Así las cosas, y en vistas que la situación no parece mejorar, hay una serie de propuestas que deberían seguirse para conseguir mantener la capacidad de los caladeros de reponer las capturas de forma natural.

Además de respetar las paradas obligatorias, de prohibir el uso de técnicas dañinas, de intensificar la inversión y la innovación en la acuicultura, y de preparar alternativas de empleo para los pescadores en paro técnico, es necesario que desde las instancias internacionales y desde los gobiernos nacionales y locales, se promuevan acciones de protección de la biodiversidad marina y costera.

La biodiversidad, tanto como la cantidad de biomasa, es un factor fundamental a la hora de mantener en funcionamiento y sanos los ecosistemas marinos.

Así, a mayor biodiversidad, con poblaciones de especies sanas, sostenibles, y diversas, mayor será la capacidad de recuperación de los caladeros, aumentando la resiliencia de los ecosistemas locales y globales, y mejorando la calidad y la cantidad de las capturas.

Se estima que protegiendo tan sólo el 10% del fondo marino del Mar Mediterráneo, se lograría recuperar la salud del más amenazado de los mares.

El consumo responsable es otra pata de la estrategia de conservación, tanto a nivel del consumidor final como el del distribuidor.

La implantación de etiquetas que detallen la procedencia y el nivel de impacto que su pesca ha tenido en los ecosistemas marinos es fundamental.

Así como la solución de los múltiples problemas para la cría en cautividad de las especies de mayor consumo.

Por último, cuidar el reciclaje de plásticos, evitar los vertidos al mar, la contaminación del aire y las aguas con pesticidas o contaminantes que al final terminan en nuestros océanos y ríos, deberían completar las más imprescindibles actuaciones que debemos empezar a llevar a cabo desde ya para garantizar la sostenibilidad en el tiempo de la pesca y la recuperación e los caladeros nacionales, de internacionales.

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