No queremos salir de la crisis

Uno de mis personajes preferidos de ficción, por la sinceridad brutal con la que afronta los problemillas de la vida, es Conan el Bárbaro.

Esta afirmación, que causará hilaridad en algunos, es no sólo una declaración de principios, sino que pienso que debería ser una pregunta obligada de cualquier entrevista de trabajo.

Diablos, hasta podría escribir un blog o un libro sobre la filosofía del célebre personaje de Robert E. Howard aplicada al mundo de la empresa.

Sea como sea, una de sus más célebres frases, escrita por uno de los múltiples autores que escribieron sobre el personaje, es “Si no estás de acuerdo con tu suerte, lo único que tienes que hacer es cambiarla”.

He tratado de seguirla durante toda mi vida, y debo confesar que no siempre he sido capaz de hacerlo.

Y es que no siempre es fácil renunciar a toda la cohorte de sentimientos, tareas, rutinas, costumbres y pensamientos que conforman nuestra vida, y que nos han llevado a ese punto que queremos cambiar.

Porque el ser humano es un ser de costumbres y cambiarlas cuesta, y cuesta mucho.

Por eso me atrevo a lanzar una afirmación como la del título.

No es que no sepamos, como sociedad, salir de la crisis, es que no queremos. Y no queremos hacerlo porque para ello deberíamos acometer toda una serie de cambios en nuestra forma de vivir, de trabajar, de disfrutar del ocio, de comprar una casa, de alquilarla, de reciclar nuestra basura.

Y eso cuesta, porque significa renunciar a nuestra forma de vida.

Da lo mismo que esa forma de vida nos haya llevado a la quiebra, haya endeudado a toda la sociedad hasta un límite enfermizo.

Da lo mismo que esa forma de funcionar nos ponga camino del abismo. No estamos dispuestos a ahorrar, ni a dejar de salir, ni a reciclar, ni a trabajar más, o plantearnos trabajar de otra forma para trabajar mejor, y ni mucho menos todas las anteriores, y el resto de decisiones que tendríamos que tomar para poder salir de la crisis.

Sí, el camino es duro, está lleno de enemigos, de dolor y de sangre. Muchos caeremos, pero la determinación con la que afrontamos el camino, sabedores de que quemamos hace mucho los barcos, nos hará sobrevivir y desarrollarnos.

Volver a la senda del crecimiento, sostenible esta vez, espero, darle la patada al pasado, representado por el ladrillo, los políticos corruptos y la baja productividad, y abrazar con pasión el nuevo estilo de vida que premiará a los trabajadores, a las personas responsables, a los políticos eficientes y enriquecedores para la comunidad, a las empresas solventes y serias.

Pero no, no queremos esto, sólo queremos seguir viviendo de préstamos de quienes hoy nos reclaman un poco más de seriedad. Queremos seguir manteniendo un nivel de vida que siempre fue ficticio e insostenible. Queremos seguir tirando la lata de refresco a la basura, en lugar de molestarnos en reciclar, y seguir quejándonos de nuestra suerte con la esperanza de que el Gobierno suelte 23.000 millones de euros para salvarnos el culo de la situación en la que nos hemos metido a sabiendas.

Pero dejadme deciros una cosa. Si algo sabe todo el mundo, hasta los bárbaros, es que el dinero prestado se termina pagando. De una forma o de otra.

Y si no estás dispuesto a cambiar, y a hacer que esta sociedad cambie, entonces, luego, no te quejes de tu mala suerte.

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