Creando Riqueza Social

El otro día un conocido mío, con el que demás de en las redes he coincidido en algunas jornadas, donó casi toda su colección de juegos a la biblioteca de su ciudad, convirtiéndola de hecho en la mayor ludoteca de España.

En mi caso, he donado muchos libros a bibliotecas públicas en mi ciudad, y en mi pueblo.

Bien, sirve sólo como ejemplo, pero quiero que entendamos que la responsabilidad de crear Riqueza pública para la Sociedad es de todos nosotros.

Sí, los Gobiernos, funcionarios y quienes manejan el dinero público deben invertirlo en iniciativas que creen bienestar en nuestra Sociedad, y dentro de ese bienestar, los bienes públicos son uno de los pilares que suelen olvidarse más. Y sin embargo, a pesar de que deben ser los representantes públicos quienes lleven el peso de la construcción del Estado, no podemos olvidar que cada uno de nosotros jugamos también un papel en eso, un papel que va más allá de simplemente pagar impuestos.

Primero, cuidando y manteniendo os bienes públicos. Desde el mobiliario urbano, a los elementos de transporte, pasando por supuesto por nuestros bosques, caminos comunales, playas y calles, tenemos la responsabilidad de dejarlos al menos en el mismo estado en el que lo encontramos.

Pero también ayudando a la Sociedad a crear estas estructuras y esos bienes del Estado. Sirva de ejemplo el de las donaciones a la Biblioteca, pero también, y por qué no, mantener limpio un bosque, arreglar un banco o un parque, dar aviso de mobiliario urbano roto, colaborar en comedores sociales, aportar tu granito de arena a una ONG…las cosas que podemos hacer cada uno para enriquecer nuestra Sociedad son innumerables.

Si entre todos multiplicamos la riqueza pública, el procomún, seremos mucho más ricos.

 

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Inversiones de Futuro

Si de verdad queremos entrar en el Futuro y no quedarnos atrás respecto a otros países y regiones, debemos pensar de forma diferente.

Un ejemplo de ello es la política de enterramientos de nuestro país. Resumiendo mucho, cuando una persona fallece, hasta ahora sólo se podían hacer dos cosas, enterrar al difunto o cremarlo y disponer de sus cenizas (en las varias formas en las que se nos ha ocurrido hacerlo, desde lanzarlas al mar, enterrarlas bajo un árbol, prensarlas hasta convertirlas en gemas, etc.).

Existe una nueva vía que se abre paso en el mundo, y que en España están luchando por llevar adelante algunos organismos y empresas, la criogenización.

Para mí, como singularista la criogenización tiene muchas ventajas sobre los otros dos métodos. El principal, hace mucho más sencillo recuperar el material necesario para recrear nuestra vida en el futuro, cuando exista la tecnología para ello.

No sabemos cuándo ocurrirá, pero sí podemos estar seguros de que se podrá hacer en algún momento del futuro, el desarrollo de la tecnología de la resurrección, y, sinceramente, pensar en todos esos cientos de millones de personas que cada año se entierran o se creman me produce una inmensa sensación de pérdida. Sus recuerdos, conocimientos y habilidades…todos perdidos porque no estamos optando por el método de enterramiento adecuado.

Otro punto importante es el coste de cada criogenización, de decenas a cientos de miles de euros, es prohibitivo para cualquier de clase media, baja o medio-alta, por lo que podemos encontrarnos que en el futuro una gran parte de la gente que resucite y viva una nueva vida sea la clase más pudiente…otra vez la brecha de la riqueza esta vez en algo que debería ser tan igualitario como lograr la vida eterna.

Es por eso que he llamado este artículo así. El Estado (los estados) debería desarrollar los modelos de negocio público privados que garanticen que esta tecnología alcanza la curva de reducción de precios que ya han alcanzado otras tecnologías, como los paneles solares, las baterías, los móviles o los ordenadores.

Si no conseguimos nuestros objetivos, primero que se extienda esta práctica de forma legal, y segundo, que se mejore la tecnología y la relación de costes, puede que nos enfrentemos a la mayor causa de desigualdad que podríamos imaginar, la del mismísimo acceso a la vida eterna.

 

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Felices 3.900 entradas de Diseñando la Singularidad

Este año en el que cumplimos doce añitos de Blog ha sido un año raro, en lo personal y en lo profesional. Para el blog ha sido un año de transición, donde no he escrito todo lo que querría haber escrito, pero que ha servido para preparar lo que vendrá.

Como habréis visto, he enfocado este año un poco más en la tecnología y en la economía agálmica post-escasez y menos (todavía) en política, como siempre debió ser.

Espero que lleguemos este año a los 4.000 artículos, cosa que espero se cumpla porque aunque no lo veáis, yo cada semana sigo haciéndome mis resúmenes semanales de noticias de ciencia y tecnología, lo que significa que deberé hacer 52 post menos de los 100 que faltan para llegar a los 4.000.

Así que, espero, este pequeño blog, que es mi regalo para el mundo, siga creciendo y vivo en un año en el que la Humanidad se juega mucho.

Afrontaremos el tramo final de la lucha contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, por lo que, o revertimos el destrozo en esta nueva década que comienza, o viviremos en un mundo mucho más pobre en vida y posibilidades, y mucho más lleno de obstáculos y problemas hasta, eventualmente, quizás afrontar el fin de nuestra civilización.

También encaramos una década fundamental en la que los ciudadanos nos jugamos nuestro bienestar económico. Además del ya mencionado desastre ecológico, enfrentaremos la división social en dos clases bien diferenciadas, una minoría de multimillonarios y el resto que será, cada vez, más pobre si no conseguimos revertir la tendencia de las últimas dos décadas y traer una economía de abundancia. También, afrontaremos cambios políticos en la que los extremos pugnarán por desgarrar no sólo el Estado del Bienestar, sino la propia Democracia.

Esas dos (o tres) serán nuestras luchas este 2020, la protección ambiental y el apoyo (económico y político) a los ciudadanos de la calle, frente a quienes quieren arrebatarles todo y a quienes sin querer hacerlo, se lo están arrebatando.

 

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Afrontar el futuro

Está a punto de comenzar una nueva década, la de los 20, y el mundo está convulso. Podemos ver esto como una época de crisis, como una deriva hacia un mundo peor, o de cualquier forma pesimista.

Pero podemos verlo también como lo que es, una época de cambios acelerados que están impactando las viejas formas de vivir, de pensar y de trabajar.

Todo está cambiado, a nuestro alrededor, en nuestro entorno, en nosotros mismos. Cómo vivimos, cómo nos distraemos, como trabajamos…no sólo eso, la forma en la que nos relacionamos, comunicamos, vivimos, pensamos, acumulamos capital, conocimiento y riqueza…todo está cambiando de forma cada vez más rápida. Y eso nos lleva a tener la sensación de que estamos perdiendo el control. Y en cierta forma es así.

Pero esa pérdida de control no quiere decir que realmente las cosas vayan a peor para la Humanidad. Tampoco quiere decir que vayan a mejor.

Las cosas están cambiando, y sólo el tiempo dirá si las cosas quedan mejor o peor que antes.

En estos días de cumbres climáticas, renuncias de CEO y Presidentes de multinacionales tecnológicas, desaceleración económica que vinieron precedidas de otras crisis terribles, la automatización de numerosos puestos de trabajo…discernir si de todo esto saldrá algo bueno o de verdad vamos de cabeza al abismo sin posibilidad de evitarlo es algo que no se puede saber desde dentro de un período combulso.

Sin embargo, sí que hay una forma de desentrañar los misterios del futuro. Crear nuestro propio futuro.

La mejor forma de saber cómo va a ser el Futuro es crearlo tú mismo.Nosotros mismos.

Y a eso es a lo que debemos aplicarnos,.

Tenemos por delante, como especie y como civilización, la tare de crear el Futuro. Y cómo todas las grandes tareas, se debe comenzar por dos (si me apuráis tres) actuaciones:

  • Crear el relato que será dominante en este nuevo tiempo
  • Diseñar y construir las infraestructuras de esa nueva realidad económica, social y científica
  • Y si me apuráis, convertir ese relato y esas infraestructuras en el paradigma dominante que arrastre al resto de componentes de la civilización hacia ese futuro.

Así que quizás, ésa sería la tarea en la que deberíamos estar comprometidos ahora mismo, construir ese relato y esas infraestructuras, y hacerlas inmanentes en nuestra Sociedad. Imbuir la mente humana del sentido de la responsabilidad que nos llevará a un futuro sostenible, más igualitario, rico y justo, mientras preparamos las infraestructuras tecnológicas y sociales que necesitamos para ello (renta básica, fábricas automatizadas, energías renovables, almacenamiento masivo de electricidad, estaciones espaciales, criocementerios, redes de autopistas inteligentes, flotas de vehículos eléctricos y autónomos, etc.).

Si no estamos aplicados a eso, y me permito recordar que eso pasa por aumentar la educación, la innovación, la inversión sostenible, la economía circular, la investigación científica y social…si no estamos aplicados a construir ése futuro, permaneceremos asustados y confusos en un mundo cuyos matices se nos escapan.

Por ese motivo no debemos caer en la tentación de encontrar respuestas sencillas y facilonas que tanto impregnan los discursos de algunos políticos hoy en día. Como he leído hoy, la diferencia entre una evolución y una revolución es que una cambia las respuestas, y la otra cambia las preguntas.

Quizás lo que debamos hacer para empezar a cambiar las cosas, a construir ese Futuro, no sea encontrar respuestas a preguntas que llevan rondando nuestra Sociedad desde hace un siglo, sino encontrar las nuevas preguntas que debemos responder.

  • En lugar de cómo podemos ganar algo más de dinero, ¿cómo podemos alimentar a toda la población mundial?
  • En vez de preguntarnos cómo conseguir un buen trabajo en un mundo competitivo, preguntarnos ¿cómo podemos hacer que nadie necesite volver a buscar trabajo?
  • En lugar de cómo soportar la pérdida de un ser querido decir, ¿cómo evitar esa pérdida, o cómo asegurarme de que ni la muerte puede evitar que volvamos a vernos mediante la tecnología?

En Silicon Valley dicen, no busques hacer las cosas un 10% mejor, busca hacerlas diez o cien veces mejores.

No es fácil, es mucho más complicado de lo que unas simples palabras motivacionales como éstas pueden hacernos pensar, pero es la maldita cosa que tiene más sentido si no quieres verte asustado por el futuro incierto.

Crear un futuro diez, cien, o mil veces mejor.

Es en eso en lo que debemos aplicarnos. En no en tratar de desentrañar lo que hay entre la niebla, sino en conseguir eliminar la misma niebla.

Todo lo demás es dar palos de ciego sin ver más allá de dos palmos de nuestras narices.

Tú decides si quieres seguir viviendo asustado o llenar el mundo de luz y esperanza.

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Nuevo Blog, La Voz de la Tierra

Estoy inaugurando un nuevo blog de corte ambiental, y hoy, que estamos tan cerca de la inauguración de la COP25 de España/Chile es un momento tan bueno como cualquier otro para hacerlo público.

La Voz de la Tierra es su título, no porque pretenda darle erigirse en portavoz de nuestro planeta, sino porque lo que quiero expresar en él, quiero que salga de lo más profundo de mi alma. De esos sentimientos y pensamientos que conectan con la Naturaleza primordial, con nuestro más primitivo instinto de conexión con aquello que nos ha hecho lo que somos y como somos.

La Naturaleza.

Trataré que el blog no sea una sarta de datos ni quejas, sino que os ayude a conectar con el movimiento ecologista, con el amor a la Naturaleza y con la protección del Medio Ambiente. Trataré de que sea un blog menos científico y más poético, más artesanal.

Sin más, aquí os presento:

La Voz de la Tierra

 

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La Transición Eléctrica que viene

Cuando escuchamos hablar de Tesla en seguida nos viene a la mente su director, Elon Musk, y su excepcional gama de vehículos eléctricos. Su diseño, su autonomía, las polémicas que rodean a quienes apuestan en bolsa contra ella…

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Sin embargo, la gente suele pasar por alto el que quizás es el aspecto más importante de la revolución que Tesla y otros actores nos están trayendo, la caída del precio de las baterías eléctricas.

Cuando una persona con poder adquisitivo mira un vehículo eléctrico una de las primeras cosas que suele revisar es su autonomía. Sin duda, éste es uno de los aspectos más importantes de las prestaciones del coche, y de su batería.

Cuando una persona con menos poder adquisitivo mira (miramos) la compra de un vehículo, solemos fijarnos en su precio. Los vehículos eléctricos eran, hasta ahora, más caros que los de combustión, debido principalmente a su batería.

Hace tiempo que el precio de la electricidad justifica ya de por si la compra de un vehículo eléctrico, con un coste por kilómetro mucho menor que los de gasolina o diésel. Lo mismo ocurre con su mantenimiento, pues dado su menor número de piezas las averías suelen ser algo anecdótico.

Pero para que el mayor precio de los vehículos eléctricos se amorticen con el menor coste de la electricidad y el mantenimiento deben pasar años, y no todo el mundo está dispuesto a ello.

O al menos, eso era así hasta ahora.

Como decíamos, el coste de la batería es lo que hace que un vehículo eléctrico sea mayor que uno de combustión, pues es uno de los principales costes del vehículo. Hasta hace unos años, más o menos cuando Tesla empezó su andadura, el coste por kWh de una batería era de unos 1.000 dólares. Los expertos han calculado que para que los vehículos eléctricos alcancen en precio a los de combustión el coste debería ser de 100$ por kWh.

Podría parecer mucho, si no llega a ser por la ley de rendimientos acelerados que nos dice que las tecnologías digitales (y las renovables hace ya tiempo que lo son) crecer a ritmos exponenciales, no lineales, manteniendo el precio. O dicho de otra forma, a misma autonomía, reducen su precio de forma significativa año tras año.

Desde los 1.000 dólares de 2010 en 2018 ya habían bajado a los 176, y a septiembre de 2019 estaba entorno a los 146 dólares/kWh.

Las grandes agencias de prospección económica y de tecnologías decían que los 100 dólares se alcanzarían para 2025, y que por entonces los vehículos eléctricos ya serán competitivos con los de combustión. Sin embargo, a la vista de estas cifras, los 100 dólares se alcanzarán a principios de 2020 si la tecnología sigue mejorando al ritmo al que lo ha estado haciendo.

Es decir, en 2021 un coche eléctrico ya no sólo será mucho más barato de mantener y de alimentar, sino que será igual de barato de comprar que un motor de combustión. con baterías de carga rápida y autonomías por encima de los 400 km, no habrá ninguna faceta en la que el motor de combustión sea mejor que el vehículo eléctrico.

Y todo esto sin mencionar ni baterías de estado sólido, ni descubrimientos extraordinarios, sólo el desarrollo de las tecnologías actuales.

Pero la cosa no termina ahí.

Si la tendencia continúa al menos hasta 2030, veremos reducirse el precio de las baterías por kWh a 25 dólares. Un 75% más barato que los motores de combustión.

La gente suele dudar de que los vehículos eléctricos alcancen rápidamente su madurez y sustituyan a los de combustión en el mercado. Después de todo, hay miles de millones de vehículos en el parque automovilístico mundial ¿no?

Pero, ¿quién a partir de 2021 va a preferir comprarse un vehículo de combustión más caro a uno eléctrico más barato? En 10 años se habría cambiado una buena parte del parque automovilístico, pero la cosa no termina ahí.

Y a partir de 2025, cuando cambiar tu viejo vehículo de gasolina sea mucho más barato que mantenerlo, porque los precios de la electricidad todavía salgan mucho mejor que hoy en día (debido a la bajada de los precios de la electricidad gracias a las renovables, que siguen un gráfico muy similar a éste, y a los impuestos a los vehículos contaminantes que se van a implantar en todo el mundo), ¿quién va a seguir manteniendo un viejo vehículo cuando le sale más barato comprarse un vehículo eléctrico nuevo y flamante?

Entonces el problema no será de demanda de vehículos, sino de oferta, y los fabricantes que mejor se preparen y actualicen sus gamas, sus fábricas y sus canales de distribución, carga y mantenimiento, se llevarán la parte del león de la mayor actualización de elementos de capital de la Historia de la Humanidad.

Estamos hablando del cambio de mil millones de vehículos en menos de cinco o seis años.

Y en esto, Tesla lleva mucha ventaja.

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Nota: según muchos expertos, a día de hoy ya sale mejor comprarse un vehículo eléctrico en muchos supuestos, gracias a los costes de la electricidad. En unos años los menores costes de mantenimiento y del precio del “combustible” amortizan el mayor coste del vehículo. En un par de años, ya no habrá ningún supuesto en el que lo contrario sea cierto.

El problema de la biotecnología de los hidrocarburos

No sé cuántas veces he escuchado que la biotecnología iba a ser capaz de hacer cosas maravillosas con el petróleo. Desde diseñar bacterias que se comiesen los derrames de crudo hasta crear seres vivos que convertirían la luz del sol en petróleo.

El problema es que estas “soluciones” están tardando demasiado. La fase de Desilusión de la tecnología se está alargando, por lo que otras tecnologías están a punto de hacer estos desarrollos irrelevantes.

En concreto, hablo de los avances en energías renovables.

Si no vemos un avance real, escalable e industrializable de la biotecnología en unos pocos años, las renovables dominarán el panorama de generación eléctrica y de movilidad, y cualquier aplicación posterior para usar células vivas para fabricar o gestionar hidrocarburos será inaplicable.

Al final, se trata como siempre de una carrera entre tecnologías a ver cuál de ellas cambia la faz del mundo.

La vieja lucha del VHS vs. Beta elevada a la máxima potencia.