Reconversión aeroespacial febrero 27, 2007
Posted by Francisco in Tecnologías Variadas.add a comment
El complejo militar industrial que forma uno de los mayores lobies mundiales, no sólo en Estados unidos, sino en prácticamente todos los países desarrollados, es quizás uno de los más odiados de todos los grupos de presión que intentan manejar a su antojo la política internacional en beneficio propio.
Su presión por conseguir beneficios, dicen, fuerza guerras en países empobrecidos, plaga de minas antipersona los campos de cultivo trabajados por niños, y obliga a los estados a invertir grandes cantidades de dinero en la compra de armamento, avines y barcos.
Se esgrime en su defensa a creación de puestos de trabajo, y la inversión tecnológica que realizan.
En el lado negativo, el lento retorno de dicho progreso tecnológico, y el despilfarro que, humanamente, supone dedicar tan ingentes recursos a la fabricación de armamentos de destrucción que sólo sol necesarios en casos excepcionales. Muchos de ellos forzados.
Según cita The Economist, en el año 2006 sólo Estados Unidos gastará en seguridad y en el ámbito militar 510.000 millones de dólares.
La ONU, en comparación “sólo” gastará 3.200 millones de dólares.
Sin entrar en el enorme déficit fiscal que las guerras y la política de incremento del gasto militar están generando en Estados Unidos, con el consiguiente peligro de desestabilización de las finanzas mundiales, debemos comprender que una cantidad tan ingente de dinero está fuera del alcance de los países que la necesitarían
O dicho de otra forma. Debemos renunciar a la idea de que las naciones desarrolladas emplearán el dinero invertido en alimentar el complejo militar-industrial para paliar el hambre y las carencias de los países en vías de desarrollo (bonito eufemismo ampliamente generalizado).
Eso no va a pasar.
La industria militar necesita el ingente gasto público que la alimenta. Las naciones desarrolladas no pueden permitirse el efecto psicológico que produciría la destrucción de empleos (seguramente el impacto real sería mucho menor del psicológico, pero en economía cotizan las expectativas tanto como la realidad).
Por lo tanto, es imprescindible encontrar una forma de derivar las necesidades sociales y de la industria hacia otros campos más productivos y menos destructivos.
El candidato más cercano, y más factible es la industria aeroespacial.
No sin un coste importante, la industria militar podría reconvertirse para ampliar y complementar la aeroespacial. La mayor parte de las empresas que invierten y producen en un sector lo hacen también en el otro.
Desde luego, para poder acometer esta reestructuración habría que reducir drásticamente la tensión existente hoy día en el panorama internacional. Es decir, para poder reducir los ejércitos es imprescindible ir reduciendo paulatinamente su necesidad.
De ser esto posible, que no deja de ser una utopía a día de hoy, sería necesario ir transformando y empleando la capacidad fabril sobrante en otro sector. El aeroespacial.
Por las características comunes de ambos sectores la transición no sería tan dramática como la desaparición de las fábricas. De hecho, las inversiones públicas y privadas necesarias para ello implicarían una reactivación económica en las zonas donde se produjese.
¿Qué características comparten ambas industrias?
La primera, la necesidad de un sector público como cliente. El principal cliente de la industria miliar es el sector público (tanto interno como externo). Exactamente igual que para la industria aeroespacial.
Así mismo, ambas tienen un componente de industria pesada y de alto componente tecnológico. Los dos requieren grandes inversiones en I+D+i para ir avanzando y desarrollando nuevos éxitos.
Por último, los retornos tecnológicos de ambas industrias se van filtrando (con más o menos éxito según el país) de forma lenta la sociedad y sus productos, teniendo un impacto relativo en la economía, los consumidores y los estados.
Sin embargo, el sector aerospacial cuenta con una ventaja que lo hace superior, mirándolo desde el punto de vista del contribuyente, al militar. Sus ganancias no sólo se limitan a retornos a medio plazo de tecnología, sino que posee numerosas aplicaciones prácticas a corto plazo, y abre horizontes a largo plazo para el desarrollo económico.
Desde el sistema Galileo que va a suponer una ruptura del dominio absoluto del sistema norteamericano GPS, hasta los nuevos materiales conseguidos en gravedad cero, pasando por el fallido satélite Criosat, o la incipiente industria turística en el espacio, la economía, los productos y los servicios de los que se beneficiarían consumidores y ciudadanos serían muchos más de los que ofrecen un avión de combate, un submarino o una fragata.
Repito, tal transformación será inútil sin una distensión en el panorama internacional, y en el interior de las naciones, que hiciese paulatinamente inútil la existencia de grandes ejércitos (otra cuestión es si debería ampliarse al papel de la ONU y de sus cuerpos de paz).
Pero no sólo a corto plazo se notarían dichos beneficios socioeconómicos. Como hemos dicho, a medio plazo las inversiones en I+D supondrían avances importantes en tecnologías tales como las comunicaciones, la inteligencia artificial, la robótica, los vuelos comerciales, la industria de nuevos materiales e incluso en la nanotecnología, la biotecnología y la física.
Por último, a largo plazo, la inyección de tantos billones de dólares anuales en la exploración y el desarrollo aeroespacial acarrearía el cumplimiento de metas como la vuelta a la Luna, o las primeras misiones tripuladas a Marte y, eventualmente, la explotación comercial de ambos (tanto como destino turístico y como fuente de minerales y energía).
Pero esto ya es mirar varias décadas adelante, y no me atrevo a vaticinar lo que pueda pasar. Sólo una cosa está clara.
Quienes comiencen antes la carrera hacia las nuevas “colonias” llevarán una ventaja considerable para obtener sus recursos y los beneficios que generen. Sean Estados o empresas particulares.
En resumen, a medio y largo plazo, la reconversión de la industria militar en aeroespacial conllevaría un incremento en los ratios de crecimiento exigidos por la economía actual. A corto plazo los beneficios derivados de ella permitirían acometer los costes de la reconversión y las inversiones necesarias.
Pero una cosa está clara, sólo los estados podrían iniciar este proceso. Sólo ellos podrían, como clientes principales de ambas industrias, mantener el nivel de gasto e inversión necesarios para activar el proceso de forma paulatina, pero inexorable.
Un diario gratuito de ciencia febrero 26, 2007
Posted by Francisco in Uncategorized.add a comment
Existía uno en Barcelona, del que desconozco su éxito, pero me parece una idea genial para acercar la ciencia a quienes no la conocen todavía, a quienes no la aman como ya lo hace mucha otra gente.
En él se publicarían artículos de ciencia y tecnología, y se financiaría con los anuncios de publicidad.
Se distribuiría gratuitamente, y sería una ventana abierta a un mundo del que muchos estamos alejados, y que tiene una influencia inmensa en nuestras vidas y en nuestro día a día.
Qué es la Singularidad Tecnológica febrero 17, 2007
Posted by Francisco in Biotecnología, Ciencia-Ficción, Energías Alternativas, IA, Informática, Internet, Nanotecnología, Robótica, Tecnologías Variadas.7 comments
Una singularidad (si mis escasos conocimientos no me fallan) es un punto a partir del cual las leyes anteriores no pueden aplicarse pues no se sabe lo que puede pasar. No intentaré explicar la singularidad física de los agujeros negros porque no creo saber lo necesario.
La singularidad tecnológica es un punto (futuro) de la historia humana en la que el desarrollo científico producirá una inteligencia superior a la humana (bien IA´s puras, bien humanos genética o nanotecológicamente modificados, bien por el despertar de una red global de ordenadores o por otras causas).
Ese punto es el punto de partida de la singularidad. Imaginad lo que podría hacer una mente creativa e inteligente diez o veinte veces superior a la humanidad, en inteligencia pura, pero mucho más potente en potencia de cálculo, almacenamiento y acceso a la información y claro, conectada a una red global como Internet (con toda la información y capacidades que en su día tendrá).
Imaginad ahora lo que representará que diez o veinte de esas máquinas (o humanos mejorados) podrán hacer trabajando juntos. Evidentemente, el progreso humano se acelerará hasta un punto que en pocos años será imposible concebir los adelantos que puedan llegar.
¿Inmortalidad física y mental? ¿Viajes espaciales en el tiempo? ¿Energía, riqueza, materia, vida e información en abundancia, casi ilimitados?, no podemos imaginarlo.
Pero es de suponer que llegados a este punto el ser humano podrá conectarse a una red de mundos virtuales tan reales (o más) que el nuestro, que dispondremos de la posibilidad de viajar por el Universo, adquirir características físicas espectaculares, desarrollar máquinas e instrumentos increíbles (que emulen la magia o la psíquica).
¿Dispondremos de invisibilidad, antigravedad, múltiples vidas, recuerdos y consciencias y cualquier cosa que podamos concebir? Sólo podemos especular, y nuestras mentes son limitadas para entender lo que hay detrás de la singularidad.
Así que sí, este evento, que algunos sitúan entre el 2020 y el 2029, supondrá que en pocos años podremos hacer lo que hasta ahora sólo hemos soñado, o jugado.
Sólo tenemos que intentar que la especie Humana no se destruya antes.
Actualización: Escribí este artículo hace ya tres años y medio, cuando comenzaba a conocer el concepto de Singularidad Tecnológica y el inmenso potencial de una idea que describe cómo el mundo va a cambiar sin posibilidad de evitarlo, y lo que es incluso más impactante, de comprenderlo.
Comenzaba, decía, a dar mis primeros pasos por el campo del “singularitarismo” y me encontraba impactado por cómo una idea, un concepto, daba forma y sentido y agrupaba todas mis creencias al respecto de la inteligencia artificial, la nanotecnología, la inmortalidad y el destino de la humanidad.
Como una epifanía tecnológica, más que mística, aunque no puedo negar un fuerte grado de misticismo en la idea, Ray Kurzweil y Vernor Vinge me abrieron los ojos al futuro.
Desde entonces ha llovido mucho en lo teórico y el lo práctico.
Nuevas revoluciones tecnológicas se han puesto en marcha, (las pantallas táctiles y los tablets, por ejemplo), pero a un ritmo mucho más lento de lo deseable para impactar el mundo.
Oh, estoy seguro que el crecimiento de estas tecnologías está siendo exponencial, pero recordad que al principio de una curva exponencial el crecimiento parece mucho más aritmético que al final. Es nuestra percepción, y quizás nuestra ansia, lo que nos hace ver que las cosas van despacio.
Trataré en otro momento de recopilar los avances tecnológicos y científicos de los últimos tres años y medio.
Por otro lado, mi conocimiento de la singularidad tecnológica ha aumentado mucho. He creado teorías sobre lo que vendrá después, planteado caminos para llegar a ella sobreviviendo al proceso, diseñado nuevos conceptos asociados a ella, como la singularidad económica, pero siento que queda mucho por ver, descubrir, y por hacer.



